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Gestos y miradas cómplices

EL PAÍS EL PAÍS 18/06/2014 Mábel Galaz
El Rey Juan Carlos, en presencia de la Reina Sofía, firma esta tarde la ley orgánica que hará efectiva a medianoche su abdicación. © Alberto Martin El Rey Juan Carlos, en presencia de la Reina Sofía, firma esta tarde la ley orgánica que hará efectiva a medianoche su abdicación.

Fue un acto corto, sencillo pero a la vez solemne. Una ceremonia inédita en la casa real española, en la que el Rey dejaba el paso a su heredero. Ocurrió en el Salón de Columnas del Palacio Real. Allí don Juan Carlos rubricó su abdicación en presencia de la reina Sofía, los que serán los nuevos Reyes de España, sus hijas las infantas Leonor y Sofía; la infanta Elena y las hermanas del todavía Monarca, Pilar y Margarita, además del presidente de Gobierno, del Congreso, del Senado y representantes de los Poderes del Estado.

Don Juan Carlos no pronunció ninguna palabra pero tuvo un gesto que ya se había anunciado. Una vez que hubo firmado el fin de su reinado regresó a su puesto de honor, pero cedió su puesto a su hijo. Fue una manera sencilla de escenificar el relevo, el nuevo tiempo que acaba de comenzar. Antes pasó junto a la Reina que, de nuevo, le robó un fugaz beso en la mejilla. Una imagen inusual entre los Reyes de España, ausentes desde hace años de muestras de cariño. Solo se recuerda una en los últimos tiempos. Sucedió en septiembre. Los Reyes aguardaban la llegada de Guillermo y Máxima de Holanda, que acudían a almorzar al palacio de La Zarzuela. Minutos antes don Juan Carlos había sido informado por los médicos de que debía someterse a una nueva operación en la cadera. Un ayudante se lo contó a doña Sofía y ella, a llegar a su lado, le susurró algo y le besó fugazmente en la mejilla ante la sorpresa de los presentes.

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Más emotivo ha sido el abrazo de este miércoles de don Juan Carlos a su hijo Felipe, desde mañana Felipe VI. Vestidos con traje oscuro, coincidieron en la elección de la corbata: tonos brillantes, en rosa la del rey saliente, y en azul la del rey entrante. Ambos lucían en el ojal la máxima condecoración, una versión simplificada del Toisón de Oro. Luego llegó una cerrada ovación que humedeció los ojos de don Juan Carlos y después los besos de sus nietas, Leonor, próxima princesa de Asturias, y Sofía. En ese cruce de afectos, el Rey sufrió un ligero traspiés y cayó sobre su asiento.

Doña Letizia, que repitió el traje de Felipe Varela que ya llevó el día de la entrega del premio Cervantes el pasado mes de abril, no paró de aplaudir a su suegro que se olvidó de saludar a su nuera con alguna muestra de cariño en público. Pero la gran ignorada en la ceremonia del adiós fue la infanta Cristina, desterrada de la agenda oficial de la familia real por la imputación de su marido en el caso Nóos. Ella, como millones de españoles, lo ha seguido por televisión.

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