Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Glenn Close: «Con Trump no reconozco mi propio país»

Logotipo de El Correo El Correo 30/09/2017 Oskar Belategui

A sus 70 años, Glenn Close se parece más a la Cruella de Vil de ‘101 dálmatas’, de quien conserva el peinado blanco y eléctrico, que a la amante psicópata de ‘Atracción fatal’, un personaje que le catapultó al estrellato cuando tenía cuarenta años. La actriz estadounidense ya derrochó toneladas de inteligencia y clase en 2011, cuando recogió el Premio Donostia por una carrera impecable, volcada en los últimos años en la televisión. Ahora clausura el Zinemaldia con ‘La buena esposa’, un correcto drama de reivindicación feminista firmado por el realizador sueco Björn Runge.

A Siri Hustvedt, que ha tenido que bregar con el sambenito de esposa de Paul Auster, le encantaría esta crónica de la desintegración de una pareja de escritores. Por no hablar de Zenobia Camprubí, que sacrificó su talento literario por el de Juan Ramón Jiménez. Algo similar le ocurre al personaje de Glenn Close, que ha aguantado durante cuarenta años el ego de su marido (Jonathan Pryce) y los cuernos que le ha puesto con sus jóvenes alumnas. Hasta que en vísperas de la concesión del Nobel de Literatura la sumisa esposa estalla.

«Hay una relación simbiótica entre los dos protagonista», explica la actriz a EL CORREO. «Ella no se permite hacer nada para solucionarlo hasta que es demasiado tarde cuando le conceden el Nobel. Hay una escena que anticipa todo lo que viene: cuando la mujer critica la obra de su marido y él le contesta que si no le gusta es que no le ama. Muchas mujeres pasan gran parte de su vida apagando su luz para que brille la de su marido».

La actriz Gleen Close en el photocall del Zinemaldia © AFP La actriz Gleen Close en el photocall del Zinemaldia

No es el caso de esta intérprete nominada en cinco ocasiones al Oscar –siempre se ha ido de vacío–, que ha estado tres veces casada y a la que suelen adjudicar papeles de villanas y mujeres fuertes. La sibilina y perversa Marquesa de Merteuil de ‘las amistasdes peligrosas’ procede de una familia de científicos y aristócratas emparentados lejanamente con los Borbón. Su padre fue el médico personal del dictador del Congo Belga Mobutu Sese Seko y uno de los primeros investigadores del sida. Glenn Close pasó su infancia entre África y los internados suizos. Entre sus vecinos en el exclusivo edificio Beresford, en Central Park, se cuentan Jerry Seinfeld y Diana Ross.

El Nóbel de Literatura, el Oscar al mejor director... Los premios casi siempre recaen en un hombre.

– Todavía hay muchos más hombres directores en la industria, pero afortunadamente esto está cambiando. Me impresionaron mucho los últimos Premios Emmy, que es un indicativo del maravilloso trabajo que se hace en la industria del espectáculo televisivo. Una mujer ganó el premio a la mejor directora y otra, además negra, ganó el de mejor guionista de comedias. Y el de mejor directora de fotografía en ‘The Handmaid’s Tale’. Nunca había pasado antes. Tienes que ser muy buena para que te ofrezcan un trabajo y después tener éxito para que te den el siguiente.

Hasta Schwarzenegger nos ha puesto a caldo a Donald Trump en San Sebastián.

– Terrible. No reconozco mi propio país. Yo siento un malestar incluso físico (se toca el estómago). Nuestra democracia siempre ha sido frágil, pero ahora lo es más que nunca. La democracia necesita consenso, gente que adquiera un compromiso y una prensa libre y desapasionada. En mi país la situación se ha polarizado y se ha vuelto muy peligrosa. Yo espero que la gente que no votó en las elecciones ahora despierte y tome partido. Trump alcanzó el poder porque había muchos estadounidenses enfadados por la situación política. El Gobierno había quedado inoperativo porque cuando los republicanos quieren construir algo se lo echan abajo los demócratas y viceversa. La gente tenía una razón para estar enojada. Muchas mujeres votaron a Trump porque pensaban que representaba algo totalmente nuevo. Que algo diferente a Washington iba a funcionar. Y ahora contemplan cómo su presidente ignora la Historia y desprecia a su país.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de El Correo

image beaconimage beaconimage beacon