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Golpe a la refundación de Europa

Logotipo de El Mundo El Mundo 26/09/2017 ENRIC GONZÁLEZ

Llevamos una temporada oyendo hablar de "refundación" en la Unión Europea. Lo más probable es que sigamos con ello otra temporada, sin que ocurra más que eso: oír hablar. El resultado de las elecciones alemanas asegura unas cuantas semanas, o más bien meses, de parálisis, porque la jefa, la canciller Angela Merkel, no estará para nada hasta que forme una coalición de Gobierno. Y si, como parece seguro, los liberales se integran en esa coalición, cualquier hipotética refundación, reforma o modificación modesta (necesariamente paralela a la negociación del Brexit) se hará tan difícil como dolorosa. Los liberales alemanes ya han dicho que están abiertos a cualquier diálogo sobre la Unión Europea, con la condición indispensable de que "cada uno pague sus deudas". En Francia, tradicional pistón pequeño del eje dominante y ahora motor del reformismo comunitario, las noticias que llegan de Berlín suenan a catástrofe.

Emmanuel Macron basó su campaña hacia la presidencia en el europeísmo. Y ganó. Pero prometió que las cosas iban a cambiar. Dio por hecho que Merkel le ayudaría a doblar el brazo de gobiernos como el polaco para reescribir la directiva sobre trabajadores desplazados, gracias a la cual más de 300.000 obreros construyen en Francia con los sueldos y cotizaciones sociales de su país de origen (Polonia, por ejemplo); dio por concluida la era de la austeridad (apoya un gran plan de inversiones para relanzar el crecimiento y el empleo) y apostó por una ambiciosa estructura en torno al euro (establecimiento de un Fondo Monetario Europeo, creación de un ministro europeo de Finanzas) que asegurara, más o menos, tanto la supervivencia de la moneda única como un mayor equilibrio entre el país más beneficiado por la unión monetaria, Alemania, y los menos beneficiados, casi todos los demás.

© Proporcionado por elmundo.es

A Macron, que tanta fortuna tuvo en las elecciones presidenciales, parece habérsele acabado la racha. Especialmente en lo que se refiere a la Unión Europea. El pasado día 7 pronunció desde la Acrópolis de Atenas un discurso solemne y largamente preparado sobre la refundación de las instituciones de la Unión y la necesidad de una nueva política, más propensa a la inversión que al recorte fiscal.

El escenario, la hora (ideal para el telediario nocturno en Francia), el lugar, conformaban una ocasión histórica. Pero mientras Macron ascendía a la cuna de la civilización europea, un pavoroso huracán se llevaba por delante los departamentos franceses en el Caribe. Ninguna televisión habló del discurso. La destinataria última, Angela Merkel, tampoco prestó atención, ocupada como estaba en su campaña electoral. Fue un intento fallido.

Emmanuel Macron vuelve a intentarlo hoy, en la Sorbona, ante un auditorio de estudiantes. El presidente francés trazará de nuevo una hoja de ruta hacia esa "Europa que protege" que lleva meses prometiendo. Volverá a hablar del euro, del Fondo Monetario, del ministro de Finanzas colectivo, de la convergencia fiscal, del empleo, de los derechos de los trabajadores franceses (o al menos de los derechos que quedarán en pie cuando se aplique su reforma laboral) y de la competencia desleal de los trabajadores desplazados. No está claro que esta vez vaya a tener más éxito que en la Acrópolis.

Macron había pactado informalmente bastantes cosas con Merkel ya antes de acceder a la presidencia de Francia. La conexión entre ambos es buena desde hace años, desde los tiempos en que Macron asesoró a François Hollande y ocupó, luego, el Ministerio de Finanzas. La gran incógnita es si Angela Merkel podrá hacer realidad los buenos deseos expresados antes del verano. La canciller alemana tiene menos margen que nunca.

Con un partido xenófobo como Alternativa por Alemania en el Bundestag y con un socio de coalición como los liberales, que ya no son el partido europeísta de hace una década ni son tan benévolos como los socialdemócratas, la posición de Berlín tendrá que endurecerse respecto al proyecto de "refundación". Que depende en cualquier caso del dinero alemán. No habrá ninguna refundación si Alemania persiste en el superávit presupuestario y en exportar mucho más de lo que importa, ni habrá refundación si Alemania mantiene la negativa a que un ministro de Finanzas instalado en Bruselas, o incluso en Frankfurt, maneje la economía de la Unión.

Los liberales han pedido la cartera de Economía en el futuro gobierno de Merkel. Justamente el ministerio que ha manejado durante los últimos ocho años Wolfgang Schäuble. Está por ver que lo consigan, pero, a juzgar por el programa del Partido Liberal, Schäuble, el hombre que impuso la austeridad en toda Europa salvo en Grecia, donde impuso la miseria, puede aparecer como la opción menos mala. Schäuble aceptó que Grecia se mantuviera dentro del euro. Los liberales quieren la expulsión. También propugnan el mantenimiento de la austeridad (eso significa la frase "que cada uno pague sus deudas"), políticas migratorias más duras, más atención a la seguridad (en eso casi todo el mundo está de acuerdo) y, en general, una Europa más alemana, en lugar de una Alemania más europea.

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