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Google ahora te quiere vender una chaqueta conectada (y por qué no deberías picar)

Logotipo de El Confidencial El Confidencial 28/09/2017 Michael Mcloughlin

Cambian los cortes. Los tejidos. Los estampados. Cada año. Cada temporada. Pero la moda, como tal, no ha sufrido ningún gran salto evolutivo en las últimas décadas a ojos del común de los mortales. Quizás en la alta costura y su burbuja de modernismo experimental. Pero eso es otro mundo. Otro universo. En el día a día de las personas corrientes los botones se siguen abrochando igual que hace medio siglo. Con las cremalleras ocurre tres cuartas partes de lo mismo. De abajo a arriba y de izquierda a derecha. Por eso, cuando se empezó a hablar de prendas inteligentes se podía intuir que era un terreno difícil de sembrar a gran escala.

Un gigante como Google lo ha experimentado en sus propias carnes. El buscador inició hace tiempo atrás una ronda de contactos con diferentes firmas de moda. El objetivo era dar un impulso a la tecnología 'wearable', vestible, ponible o como tengan a bien llamarle.

Fue un portazo tras otro. “Percibían lo tecnológico como algo extraño. Lo rechazaban”, confesaba Ivan Poupyrev recientemente. ¿Y quién es Ivan? Pues es la persona que comanda el proyecto 'Jacquard' de la división ATAP de Google. Un proyecto que quiere crear telas inteligentes que den paso a una nueva generación de prendas conectadas.

La idea empieza a tomar cuerpo. Y lo hace con la llegada a las tiendas de una chaqueta vaquera inteligente desarrollada en conjunto con Levi´s.

Casi igual que un 'smartwatch'

Poupyrev, en su taller. (I.Poupyrev) © Proporcionado por El Confidencial Poupyrev, en su taller. (I.Poupyrev)

No corran al centro comercial más cercano. De momento se vende sólo en tiendas de EEUU al módico precio de 350 dólares. Se sabe que llegará a Reino Unido y poco más. Pero probablemente no tarde en aterrizar en España algo parecido, sea de Google y Levi's o de otra marca competidora.

Esta chaqueta te permite contestar llamadas, cambiar las canciones, escuchar notificaciones, mensajes o instrucciones de Google Maps, por ejemplo, cuando vas en bici. Las interactuaciones se producen deslizando o tocando los puños de las mangas.

Todo gracias a un sensor en forma de corchete que se activa cuando lo abrochas como se puede ver en el vídeo.

Lo que da vida a esta chaqueta no es otra cosa que el 'smartphone' y la aplicación de turno que hace de puente. Como en los 'smartwatches'. Bueno, a excepción de las versiones LTE de los relojes inteligentes, que a día de hoy suponen un puñado de islotes inconexos insuficientes para formar un archipiélago visible dentro del ingente mar de la electrónica de consumo. El concepto es similar, aunque aquí no haya pantalla.

Y hasta el momento este planteamiento -el de crear apéndices del móvil que repliquen ciertas funciones- no ha tenido los resultados que esperaban los grandes actores de la industria. Genevieve Bell, la antropóloga que se hizo famosa por militar en Intel, fue contundente en una entrevista con la revista MIT Review al asegurar que los fabricantes “todavía no habían descubierto por qué la gente querría llevarlos”. Viendo el lento despegar de los 'wearables' a día de hoy, parece que siguen sin dar con esa tecla.

'A buenas horas, mangas conectadas'

La pregunta es evidente: ¿por qué debería funcionar ahora? Poupyrevlo tiene claro: “Ahora ponemos la tecnología en cosas que la gente ya lleva puesta”. No extras ni añadidos. “Cuando pones un móvil en una chaqueta, ya la estás convirtiendo en una prenda inteligente. El problema es que antes no hablaban entre sí”, explicaba en un reportaje en Wired.

Por muy novedoso que pueda parecer el concepto se lleva años hablando del tema. Ya en 2011 hubo un emprendedor español, Xavier Verdaguer, que presentó un prototipo de sudadera que estaba diseñada para leer tuits o controlar la reproducción de canciones del móvil desde la manga. Innovalley, la 'start-up' que creó, también había dado forma a un concepto de zapatillas que incluían dos sensores vibradores que podían guiarte en bicicleta por la ciudad. Sin embargo, a día de hoy, poco rastro queda de estos productos más que un par de perfiles en redes semiabandonados, vídeos y las entrevistas donde los presentaba.

Imagen del prototipo de Verdaguer. (EC) © Proporcionado por El Confidencial Imagen del prototipo de Verdaguer. (EC)

Este sólo es un pequeño ejemplo. En los últimos años han surgido decenas de 'startups' en todo el globo, que al abrigo del 'Internet de las Cosas' también buscan meter internet hasta el fondo del armario.

Las grandes marcas deportivas han sido bastante activas y han experimentado con sensores que han ido añadiendo, encogiendo y disimulando en sus equipos de entrenamiento. Lo último ha sido obra de Nike, que ahora ha integrado un chip NFC en las camisetas de la NBA con el que ofrecer una nueva experiencia y de paso evitar la piratería de estas golosas indumentarias. El deporte parece una vez más la gran pista de despegue para los 'wearables'.

Lo de los textiles inteligentes viene, sin embargo, de mucho más atrás. Más de dos décadas de laboratorio e investigaciones con distintos avances. “Estas mejoras no han despegado significativamente en términos de éxito en el mercado y de adopción por parte de los usuarios”, aseguran Danilo de Rossi y Aurora de Acutis en su libro 'Smart textiles' (Editorial Springer, 2017).

Para ellos, el despegue depende de “centrar el foco en las necesidades del usuario final” y no en las posibilidades tecnológicas. Es decir crear prendas inspiradas por las personas. No por las posibilidades tecnológicas. Y aquí cabe preguntarse qué necesidades tenemos de replicar funciones del móvil en un aparato externo.

Detectar la ventaja añadida

Una visión que comparte Jordi Colobrans, doctor y tecnoantropólogo, quien remarca la complicada adopción que están sufriendo dispositivos como los relojes conectados. “Nos lo habíamos quitado en nuestro día a día y consultábamos la hora en el móvil. Nos hemos acostumbrado a eso. No es natural, ya no es algo que llevemos encima siempre. Y la mayoría no percibimos la ventaja añadida de volver a incorporar un reloj a nuestra rutina”, comenta a Teknautas.

También recuerda el fiasco de las Google Glass, recuperadas ahora como un producto de nicho. “Para una persona que no utiliza gafas no resultaba natural esta interactuación. Si se hubiesen centrado en la gente acostumbrada a una montura, todavía”, remacha.

Opina que la ropa conectada resulta algo más lógico, más natural. “Lo llevamos encima”. Sin embargo, cree que todavía es pronto. “Estamos en un periodo temprano, de pruebas. Se verá como funciona y se intentará mejorar si se percibe que ofrece algo útil al usuario”, añade Colobrans que subraya la gran carga tecnológica de la industria textil con mejoras 'invisibles' como son los tejidos que disipan mejor la humedad y absorben el sudor más eficientemente. "Cuanto más sencilla sea la integración, más fácil nos acostumbraremos".

Más allá de crear un nuevo mecanismo de conectividad para el usuario, este tecnoantropólogo señala “la salud, la actividad física o los diagnósticos” como primeras puertas de entrada para este tipo de prendas conectadas.

El futuro que le espera a la tecnología textil

(Efe) © Proporcionado por El Confidencial (Efe)

“Creo que hay un futuro brillante para lo textil y lo tecnológico”, opina Gabriel Aldamiz-Echevarría, fundador de la 'startup' de moda online Chicisimo. Sin embargo, cree que el proyecto 'Jacquard' “no será de gran relevancia” en esta hoja de ruta. “La ropa inteligente en el futuro será un importante mecanismo de captación de datos de nuestro cuerpo”, añade. “Pero aún estamos, por así decirlo, en la infancia de estos avances”.

Aldamiz-Echevarría sugiere que pueden pasar años desde que hayamos empezado a hablar de las primeras prendas inteligentes hasta que sea algo general en el mercado.

Este inversor y experimentado emprededor compara lo que ahora está sucendiendo con el periodo de transición que vivió la industria musical con la dilatada transición desde el 'walkman' hasta un mundo gobernado por iTunes. “Antes no se proporcionaban datos, ahora si. Y con la ropa pasará lo mismo”,

“Han surgido un gran número de 'start-ups' relacionadas con este tema. Y cuando falla una, otra se construye sobre esos restos. Habrá pruebas con distintos modelos, errores y mucho aprendizaje en los próximos años”.

Vista de la chaqueta de Google y Levís. (Google) © Externa Vista de la chaqueta de Google y Levís. (Google)
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