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Goya, el conquistador

Logotipo de El Mundo El Mundo 28/09/2017 LUIS ALEMANY

Alguien podría escribir el guión de una película con el catálogo de Goya y la corte ilustrada, la exposición que hoy inaugurará CaixaForum Zaragoza y que también se podrá ver en el Museo de Bellas Artes de Bilbao ya el año que viene. Amistad, amor, poder, ascenso social, escenas de acción y de cacería, rivalidades, política... De todo eso hay en una muestra que reúne 84 obras, incluidos 21 cuadros de Goya, incluidas y 13 cartas escritas por el pintor y dirigidas a su amigo Martin Zapater.

© Proporcionado por elmundo.es

La amistad de Zapater y Goya es el mcguffin y, por eso, la exposición empieza con un retrato del amigo en su juventud y termina con otro en su plenitud. La pareja se conoció en la escuela, aunque nunca se supo bien dónde estudiaron, si con los escolapios o en una escuela parroquial. Lo que sí está claro es que el ascensor de las clases sociales se abrió en su tiempo y que los dos lo aprovecharon. Zapater tuvo éxito en los negocios; Goya entró en la corte y en la Historia. Los dos se ayudaron mutuamente en su conquista del gran mundo y mantuvieron una correspondencia constante de dos cartas a la semana, que sólo se interrumpió a la muerte de Zapater. Goya quedó "sin ganas de seguir adelante" cuando le llegó la noticia de la pérdida. "La correspondencia de Goya a Zapater no está escrita con el lenguaje convencional ni con las fórmulas cultas de los ilustrados. Es un lenguaje nuevo, lleno de imágenes tan poderosas como las de sus cuadros".

Lo explica Manuel de Mena, una de las comisarias de Goya y la corte ilustrada junto a Gudrun Maurer, su compañera como conservadora jefe para pinturas del siglo XVIII del Museo del Prado. De sus paredes procede la mayoría de las obras que ahora se pueden ver en Zaragoza. No son obras menores: La gallina ciega, El pelele y el Retrato de Carlos III están en la selección, junto a piezas menos conocidas pero fascinantes por la historia que esconden.

Por ejemplo, el Retrato de Francisco Bayeu, el suegro, el protector y el enemigo de Goya en su conquista de la corte. Intimida un poco Bayeu en la imagen póstuma que le hizo su yerno. El catálogo de la muestra explica por qué. Allí, lo primero que narra Manuela de Mena es que Goya, al dejar Zaragoza, escribió tres veces en su cuaderno las palabras "Zaragoza" y "corazón", lo que quizá sugiera que Goya abandonaba a alguien, una amante que rivalizara con Josefa Bayeu, la legítima esposa del pintor. ¿Había sido su boda un arreglo? Es probable. Sólo tenemos la certeza de que Goya siempre se refirió a su mujer con frialdad.

Los Bayeu (padre y dos hijos pintores) fueron la puerta del aspirante a la corte de los Borbón. También fueron sus salieris, pintores notables pero menos dotados que rivalizaron con un artista distinto a todo lo que se hubiera visto hasta entonces. "Sólo Goya tenía el don de la pincelada filosófica", explicó ayer Manuela de Mena.

En las paredes del CaixaForum de Zaragoza hay ejemplos de sobra. Cuadros de Goya que dialogan con obras de colegas suyos sobre los mismos temas y que las dejan en casi irrelevantes. Las escenas de caza, por ejemplo, debían ser arte decorativo para los palacios, piezas de entretenimiento. Sin embargo, el búho enjaulado que aparece en un cuadro de Goya y que mira a los espectadores transmite algo dramático que ninguno de sus competidores podría siquiera soñar.

"Desde el principio, Goya tuvo una obsesión que fue el ser humano en su contradictoria complejidad. ¿Por qué somos capaces de la crueldad más inaudita y de la ternura más conmovedora? La pregunta que se hace siempre Goya es por qué si podemos ser felices, nos empeñamos en encaminarnos hacia el precipicio", explica De Mena. A su espalda está La gallina ciega, en la que, por cierto, hay un vacío amenazante detrás del corro de bailarines. No es tan fácil caer en ello.

¿Y cómo pudo Goya, que contaba en sus cuadros cosas que, en realidad, nadie querría saber, tener éxito en la corte? "No fue tanto éxito o no fue tan temprano", explica De Mena, que recuerda que Goya necesitó 10 años de meritoriaje y mucho trabajo social antes de sentirse afianzado. "Sufrió algunas humillaciones graves en ese tiempo. Pero era imposible no ver que su calidad era excepcional, no se podía comparar a la de ningún otro pintor".

El lento triunfo de Goya también dice cosas del tiempo en el que le tocó vivir: aquellos que por fin se dieron cuenta de que Madrid contaba con un tesoro en su corte "fueron los mejores de aquel tiempo: Floridablanca, Jovellanos, los Osuna, los Alba, los Altamira...". Fueron, también, la expresión de que la sociedad española había abierto las puertas al campo a través de la ilustración. De pronto, hombres de origen burgués o incluso algo menos que eso (el propio Goya era el hijo de un artesano) podían llegar a lo más alto de la sociedad gracias a sus méritos profesionales. No sólo eso: podían, una vez instalados en la corte, pintar escenas populares, sórdidas incluso, como nunca antes se habían visto en palacio. lances taurinos (los ilustrados desdeñaban la tauromaquia), cuadros de cigarreras que quizá fueran prostitutas, fandangos y manteos...

Lo cuadros del CaixaForum valen para intuir una biografía de Goya, de los años de su asedio a la gloria. Sólo nos falta hablar del arte en sí. ¿Alguna novedad sobre lo que ya sabíamos del pintor? Manuela de Mena da una clave: "Sólo ahora estamos entendiendo los cartones de los tapices, la manera en la que Goya los abordaba. Se suele pensar que se enfrentaba a ellos como un loco y era todo lo contrario. Ante los cartones, era un artista que calibraba cada paso que daba. En ellos está contenido todo lo que es Goya, son como una nuez esencial".

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