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Green Week en Bruselas: un llamado urgente a cambios de comportamiento

dw.com dw.com 05/06/2014 Mirra Banchón

En 20 años cada habitante de la Tierra se habrá dado cuenta de que sus recursos son finitos. En la Green Week de Bruselas, la UE presenta su concepto para atajar el problema. Y detecta aliados, también en América Latina.

De mantenerse los modelos de consumo actuales, se estima que el uso de los recursos globales se cuadruplicará en veinte años. Para ello se requerirían por lo menos un planeta y medio más. La inviabilidad de prolongar este tipo de economía, de nefasto impacto medioambiental, es el leitmotiv de GreenWeek. En esta conferencia -del 3 al 5 de junio- queda claro que urge actuar, y que el problema no es solo europeo, ni sólo de la industria, tampoco solo del consumidor.

El círculo vicioso, un ejemplo

El consumo de carne de los países industrializados es el mejor ejemplo: por la producción de cada kilo de carne se emiten 36,4 kilos de CO2, causante del cambio climático. Por cada kilo de carne, además, se requieren unos 15.500 litros de agua y siete kilos de masa vegetal. Esta –en forma de soya y maíz- se produce actualmente en los países del sur.

El problema se agudizaría si en este momento solamente las poblaciones de China, India y Brasil comenzasen a consumir la misma cantidad de carne de los países industrializados; la superficie total de la tierra no bastaría para los sembradíos requeridos para su alimentación. Por otro lado, los pequeños productores del sur se ven afectados y desplazados por la agroindustria.

Propuestas de solución

La propuesta europea hacia hacia posibles soluciones lleva por etiqueta: “economía circular”. Consumir menos, producir más limpiamente, reciclar, usar más eficientemente lo que existe. La UE espera poder convencer lo antes posible de las bondades globales de esta compleja y difícil cruzada a la mayor cantidad de actores de la cadena productiva –gobiernos, empresas, productores, consumidores- de todos los continentes. También de América Latina.

“Hay ya buenos ejemplos: la economía circular es un hecho en Brasil, en Colombia, en Argentina, en México, pues hace tiempo se dieron cuenta que es demasiado costoso tirar productos y que es mejor integrar los residuos al círculo productivo”, dice a DW Michael Kuhndt, director del Centro para el Consumo y la Producción Sustentable (CSCP), con sede en Wuppertal, un instituto dedicado a la investigación de patrones más sustentables de producción y consumo.

Cambios de comportamiento

Por un lado, esto tiene que ver con el reciclaje y el upcycling –transformar residuos en algo de mayor valor. En el caso europeo, de ponerse en marcha los planes que están en el cajón, solo en el sector de reciclaje se crearían 400.000 puestos de trabajo hasta el 2020.

Pero no se trata sólo de reciclar, sino de cuestionar valores actuales tales como la propiedad: “compartir o rentar en vez de comprar o poseer”, propone Kuhndt. De esta idea, en su opinión, no será imposible convencer al pequeño productor en América Latina, porque “vive desde ya intensamente las consecuencias del cambio climático y –aunque quizá no está conciente de la problemática europea- si el clima cambia, los precios cambian, y él es el primer afectado de la cadena de producción. En algún momento, optar por la economía circular será una cuestión de supervivencia”.

No es la falta de conciencia

“En América Latina la gente tiene mucha conciencia del tema del cambio climático, porque empieza a sentirlo. No obstante, al final del día, con las oportunidades y los recursos que tienen, se ven obligados a consumir los peores productos, los más ineficientes, los que más impacto causan. Porque hasta ahora el consumo de productos más sustentables significa pagar precios mayores”, cuenta a DW Valdemar de Oliveira, director de World Transforming Technologies.

“El problema no es la aspiración de consumir, el problema es el desperdicio que hay en las formas de producción actual y que, si seguimos con el mismo modelo, las nuevas tecnologías, más sustentables, van a tomar décadas en llegar a las regiones más pobres”, afirma Oliveira. Su organización -nacida de la Fundación Avina, orientada al desarrollo sustentable en América Latina-, se dedica a llevar tecnología punta, por ejemplo a las comunidades de la selva amazónica.

“Trabajamos con la tecnología de extracción de biocompuestos y tecnología de ultrasonido que es mucho más efectiva que lo que se utiliza hasta hoy para agregar valor a la producción extractivista de estas comunidades; en un segundo momento, las empresas que se crean están en copropiedad con las comunidades. En el tema de residuos trabajamos en nuevas tecnologías que permitan reutilizar para la producción los micronutrientes. Hay muchas dimensiones en el trabajo de identificar nuevas tecnologías que están vinculadas al tema de la economía circular”, explica Oliveira, añadiendo que este círculo económico, para que sea virtuoso, debe ser incluyente.

Autor: Mirra Banchón

Editor: Emilia Rojas

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