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Guía apresurada para las elecciones

EL PAÍS EL PAÍS 25/05/2014 Claudi Pérez

380 millones de europeos votan desde el pasado viernes en 28 países para elegir a los 751 miembros del Parlamento Europeo. Y para algunas cosas más: la UE es un extraño animal político, una barroca construcción institucional en la que la Eurocámara ha ido ganando poder y en la que, por primera vez, estas elecciones permiten la posible elección indirecta del presidente de la Comisión Europea. Si es cierto que las elecciones se decantan por la evolución económica de los tres últimos trimestres, Europa presenta una especie de encefalograma plano: un crecimiento del 0,1%, el 0,1% y el 0,2% en ese periodo. La economía presenta los primeros y muy tímidos signos de una recuperación frágil y sin empleo, tras un lustro en el que el paro ha pasado de 20 a 26 millones de personas, y la deuda pública, a pesar de la austeridad, del 74% al 88% del PIB (y subiendo). Lo que sigue trata de ser una guía apresurada con cinco de las claves que están en juego.

1.Que viene el lobo de los populismos. Las encuestas dan a un variopinto grupo de populistas, eurófobos e incluso antieropeos, neonazis y xenófobos una fuerte subida en estas elecciones, consecuencia directa del eurodesencanto creciente y del lustro largo de crisis económica. Pero la Eurocámara seguirá gobernada de facto por una gran coalición. Dada la gravedad de la crisis, quizá lo sorprendente sea que los partidos tradicionales conserven aún en torno al 75% de los votos. El principal impacto negativo del auge de esos populismos será en la política nacional, especialmente en los países donde consigan mejores resultados: Francia, Italia, Reino Unido y Grecia. El mensaje de estos partidos ya se ha abierto camino en algunas de las formaciones tradicionales de centroderecha y de centroizquierda, básicamente en las políticas de inmigración (el expresidente francés Nicolas Sarkozy aboga por abolir Schengen, la libre circulación de personas) y en algunas políticas sociales. Francia, Reino Unido, Alemania, con Gobiernos de derecha e izquierda, claman por una especie de “chovinismo del Estado del bienestar solo para los nuestros”, según el analista del Peterson Institute Jacob Kirkegaard, para evitar que los inmigrantes hagan turismo de prestaciones; los datos no sustentan esa tesis.

2. Que viene el lobo de la abstención. La participación ha caído una y otra vez desde las primeras elecciones europeas, en 1979, hasta un mínimo del 43% en 2009. Los sondeos apuntan a que las cifras pueden ser de nuevo muy elevadas. Las razones básicas las cuenta estupendamente José María Maravall en Las promesas políticas: una crisis económica devastadora, más una crisis política en una UE que carece de instituciones capaces de atender intereses nacionales cada vez más divergentes, más una crisis democrática con una ciudadanía que no puede atribuir responsabilidades ni castigar a nadie de forma coherente. Ante el déficit democrático de la Unión, la responsabilidad de los gobernantes se difumina. Ante la crisis y las exigencias de los mercados, los líderes que están al frente de las instituciones europeas (y nacionales) han demostrado que están dispuestos a autoinmolarse, a jibarizar la democracia. “La crisis plantea para qué sirve la política si los elegidos deciden poco (aquel “no podemos elegir” de Mariano Rajoy para justificar los recortes) y si los programas políticos se parecen demasiado”, resume Maravall.

3. Juncker o Schulz, o quizá una Gran Coalición. La tendencia hacia la formación de grandes coaliciones es general en Europa: gobiernan en Alemania, Hoalnda, Austria e Irlanda, e incluso puede hablarse de gobiernos de coalición (aunque quizá no de grandes coaliciones formadas por los dos grandes partidos) en Italia, Grecia, Bélgica y Finlandia. Por las peculiaridades de ese puzle que es la gobernanza europea, las relaciones entre la Comisión Europea (el brazo ejecutivo de la UE), el Consejo (que reúne a los jefes de Estado y de Gobierno) yel Europarlamento ya obedecen a un planteamiento de gran coalición de facto, en la que el Partidos Popular Europeo y el Partidos Socialdemócrata Europeo votan lo mismo el 70% de las veces. Las encuestas dan una ajustada victoria al conservador Jean-Claude Juncker (217 escaños) por encima del socialdemócrata Martin Schulz (203), muy por delante de los liberales (59), la izquierda radical (53) y los Verdes (44). En total, el peso de los tres grandes grupos políticos de la Eurocámara (populares, socialistas y liberales), que suelen asociarse en un gran número de votaciones, caería del 72% al 65%, según una proyección de VoteWatch y Burson-Marsteller. El PPE, muy dominante en las instituciones europeas durante la crisis, perdería en torno a 60 escaños, pero lidera los sondeos en Alemania, Polonia, España, Finlandia, Eslovenia, Croacia, Hungría (con un partido de extrema derecha) e Irlanda. El centroizquierda sube ligeramente, pero la sensacional crisis de la socialdemocracia le deja ligeramente por detrás de los populares a pesar de la Gran Recesión. Desde 2009, la crisis ha barrido con Gobiernos de todos los colores allá donde ha habido elecciones, con la sonora excepción de Alemania (donde, por otro lado, es difícil hablar de crisis). Los paralelos entre la UE y Alemania empiezan a ser sensacionales: si las encuestas aciertan, el PPE conservará el poder, y es posible que gobierne a través de una súper-gran coalición. Y eso, con el bipartidismo de capa caída.

4. Repita conmigo: Spitzenkandidaten. Por primera vez en la historia de las elecciones europeas, los aspirantes han recorrido el continente explicando su programa para los próximos cinco años. Han participado en debates en prensa, radio y televisión. Los partidos han conseguido que cale la idea de que los primeros ministros no pueden elegir al presidente de la Comisión Europea de espaldas a los resultados del 25-M. Eso ha permitido elevar claramente el perfil mediático de los comicios y tener un debate europeo más allá de los debates nacionales, aunque será interesante ver hasta qué punto esas novedades consiguen impactar en la participación electoral. Una vez se cierren las urnas, sin embargo, el foco mediático en los spitzenkandidaten --los candidatos que aspiranm a presidir la Comisión-- se reducirá. Los primeros ministros han convocado una cena el martes en Bruselas, y podrían entonces caer en la tentación de buscan un presidente a la Comisión Europea que no sea uno de los cabezas de cartel: normalmente, suelen elegir al primer ministro de un país pequeño (y por lo tanto, manejable), como fue el caso del portugués José Manuel Barroso. Esta vez suenan el irlandés Enda Kenny, si ganan los conservadores, y la danesa Helle Thorning-Schmidt, si ganan los socialistas, pero en las quinielas aparecen también lña francesa Christine Lagarde o el finlandés Jyrki Katainen . El riesgo es que el Parlamento Europeo tumbe una de esas propuestas y la UE se adentre en una larga parálisis hasta que de ese pulso –entre el Consejo el el Parlamento—salga un ganador. Históricamente, el ganador ha sido el Consejo. Pero el Parlamento está, en teoría, más fuerte que nunca. Un resultado menos igualado de lo que predicen las encuestas, a favor de Schulz o Juncker pero por más de 10 escaños –según un diplomático francés—haría más difícil que el Consejo volviera a actuar por su cuenta.

5. Efecto en los mercados. Quedan los lejos –afortunadamente—los tiempos en los que las elecciones en Grecia o en Italia podían dar bríos huracanados a los mercados financieros, al acecho de la deuda de la eurozona. No se esperan grandes movimientos cuando Tokio abra el lunes. Y sin embargo los analistas han dejado caer un par de mensajes. Uno: los resultados podrían derivar en cierta relajación de la disciplina fiscal. Dos: puede haber jaleo si en los próximos meses se produce un vacío de poder. Y tres: de hecho ya ha habido algo de lío en Italia, con un repunte de la prima de riesgo que puede atribuirse al ascenso de Beppe Grillo y su Movimiento 5 Estrellas. Lo mismo puede suceder en Grecia: si la izquierda radical de Syriza gana las elecciones, podría haber un adelanto electoral y la perspectiva del candidato Alexis Tsipras –partidario de acabar con la austeridad y organizar una reestructuración de la deuda helena— podría asustar a los inversores. El miedo siempre mueve mercados. Pero no parece que esta vez ese sea el relato predominante: “No esperamos grandes problemas”, resume Martin Harvey, de Threadneedle.

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