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Haruki Murakami

Notodo Notodo 11/10/2016 José Martínez Ros

Es una historia ya famosa. En 1978 un Haruki Murakami a punto de cumplir la treintena, después de desempeñar distintos oficios, regentaba un club de jazz. Un domingo se encontraba en el estadio tokiota de Jingu, para ver un partido de béisbol entre los Yakult Swallows y los Hiroshima Carp. Cuando un jugador estadounidense, Dave Hilton, se disponía a batear, sufrió una repentina iluminación, una epifanía. Hasta ese momento era un lector voraz, pero nunca se le había ocurrido escribir ficción. Pero en aquel instante decidió que iba a escribir una novela.

En diez meses escribiendo de madrugada tras regresar de su trabajo en el club, terminó una novela corta, Escucha la canción del viento. La envió sin demasiadas esperanzas al único certamen literario que aceptaba obras de esa longitud. Y ganó el primer premio. Ese éxito lo animó a continuar escribiendo. Un año después publicó otra novela corta, Pinball 1973. Estas dos novelas cortas serían consideradas, más tarde, las dos primeras partes de la llamada Trilogía de la Rata (o del Ratón, dependiendo de la traducción) y narraban la adolescencia y juventud a lo largo de los setenta de dos amigos, un narrador del que nunca se dice el nombre y “el Ratón”, que buscaban su lugar en el mundo, con un marcado tono existencial. Murakami siempre ha considerado que esas dos obras iniciáticas resultaban insatisfactorias y, hasta fechas muy recientes, no ha permitido su traducción a otros idiomas.

Después de la publicación de Pinball 1973, el nipón tomó la resolución de dedicar todo su tiempo a la literatura. Dejó su empleo y pasó un año viviendo de sus ahorros mientras escribía su primera novela extensa y la que sería, en realidad, su primera obra maestra: La caza del carnero salvaje. Esta novela consiguió el prestigioso Premio Norma y fue traducida inmediatamente al inglés, recibiendo una crítica entusiasta del distinguido novelista John Updike. Y aquí sucedió algo curioso: Anagrama también la tradujo y publicó en España en los noventa, donde pasó absolutamente desapercibida, nadie le prestó la más mínima atención. Hasta que, años más tarde, Tusquets retomó la publicación de la obra de Murakami, el autor no volvió a estar disponible para los lectores en lengua española. Sin embargo, los derechos de esa novela en concreto siguieron en manos de Anagrama y hasta este otoño, en el que Tusquets ha podido adquirirlos, no ha vuelto a estar disponible. De lo cual nos felicitamos, porque es una obra imprescindible para cualquier fan del gran novelista japonés contemporáneo.


La caza del carnero salvaje contenía ya la semilla del particular Universo Murakami: un protagonista treintañero perdido en su propia vida que se ve obligado a reconstruir su identidad casi desde cero, un misterio que da a la historia un aire de noir postmoderno, el pasado imperial japonés como una recurrente y acechante pesadilla, personajes que parecen existir en varias realidades alternativas y una perceptible influencia de autores norteamericanos como Raymond Chandler, Philip K. Dick o Thomas Pynchon (más adelante, Murakami escribiría Baila, baila, baila, su sexta novela, una secuela autónoma de La caza del carnero salvaje, un auténtico back to basics, un retorno a su imaginario original, pero esa es otra historia).

El protagonista, de nuevo sin nombre, es un treintañero ya-no-tan-joven, recién divorciado, en un trabajo alienante en una agencia de publicidad redactando boletines corporativos para grandes empresas. Tiene una relación peculiar con una oficinista/modelo/prostituta de lujo, caracterizada por la espectacular belleza de sus orejas (unode los clásicos personajes femeninos murakamianos, con un tercio de femme fatale, un tercio de guía/protectora y un tercio enigma); pero por lo demás su existencia es totalmente rutinaria y vacía. De vez en cuando, le llega una carta de su amigo, el Ratón, que incapaz de adaptarse a una vida sedentaria, a la sociedad actual, sigue viajando por Japón, cambiando de pareja y de trabajo cada cierto tiempo.

Hasta que de repente la acción se precipita. En uno de los aburridos boletines que confecciona había incluido una foto de una rebaño de carneros (la razón, como sabremos más tarde, es que esa foto se la había enviado el Ratón, insistiéndole en que buscara el modo de hacerla pública). Y ha atraído la atención de un magnate de la extrema derecha, un antiguo criminal de guerra que controla numerosos ámbitos de la economía y política japonesa. El protagonista recibe un ultimatum: debe localizar un carnero en particular, por muy extraño e imposible que resulte, del rebaño que aparece en la fotografía. Y en el plazo de un mes. En caso contrario, la organización del magnate se encargará de destruir tanto su vida como la de de todos sus seres queridos. Al parecer, según una antigua leyenda asiática, existe un carnero con una marca en forma de estrella que puede transmitir extraños poderes a los seres humanos.

Esa premisa argumental sirve de macguffin, y entronca la historia de Murakami con clásicos como Moby Dick o El Halcón Maltés que también se articulan en torno a una búsqueda desesperada.


A partir de este momento, nos hallamos ante un Murakami temprano, en su más pura esencia. Tenemos un relato en primera persona plagado de un sentido de humor excéntrico mezclado con seductores toques de especulación metafísica e histórica, pues ¿qué representa el carnero? ¿Cuál es exactamente su secreto? ¿Es cierto que, en el pasado, se apareció, por ejemplo, a Gengis Khan y que puede transformarte en algo así como el superhombre nietzscheniano? Tenemos personajes disparatados que habitan una versión muy irónica del Japón actual, y todos tienen sus propios e imaginativos relatos y, por supuesto, terminarán contándoselas al protagonista. Al mismo tiempo, “la caza salvaje” esconde también para el protagonista el deseo de localizar a su amigo, alguien que, como él, se siente a disgusto en el mundo hpertecnológico y ultracapitalista, pero de una forma mucho más tajante y radical, y reencontrarse con los días más dichosos de su juventud, cuando su destino era menos predecible.

De todas las novelas de Murakami, La caza del carnero salvaje es, sin duda, mi favorita. Cualquier lector que haya disfrutado anteriormente con alguna de sus obras hará bien en acercarse a ella.

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