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Hasta el fondo de las meninas

EL PAÍS EL PAÍS 06/06/2014 Sergio C. Fanjul
Miguel Rellán en el bar del Teatro Español. © LUIS SEVILLANO Miguel Rellán en el bar del Teatro Español.

1. Teatro Español. Es de los teatros más antiguos del mundo. Cuando pienso que estoy representando un monólogo aquí me entra vértigo, es como hacer un Shakespeare en el Globe de Londres, y recuerdo cuando estaba en los grupos independientes, sin dinero, y venía con la clac o a ver si algún actor o director me dejaba pasar… Y funcionaba (Plaza de Santa Ana).

2. Las salas alternativas. Todas, de la A a la Z. A pesar de la crisis, del 21% de IVA, de todos los impedimentos, no se rinden. Se hace teatro donde sea, en las casas particulares, como en Sexto Piso. Y están recuperando al público joven que deja de ver el teatro como algo rancio y lejano.

3. Plaza de la Villa. Se pone uno de espaldas a la calle Mayor, para no ver el tráfico, y, sobre todo de noche cuando no hay nadie, es absolutamente mágico. La Torre de los Lujanes, la Casa de Cisneros y la Casa de la Villa: se está mirando la historia de Madrid.

4. Restaurante Francisca. Va mucha del cine a comer. Es un restaurante muy coqueto, con cortinas de ganchillo, y la dueña, Carmen, es un personaje maravilloso: es culta y divertida. Dice que es comida vasca, pero a mí me gusta pedir, fuera de carta, unos huevos con patatas y jamón (Bailén, 14).

5. La Quinta de Mahler. Soy un loco de la música en general y de la clásica en particular. Han desaparecido las tiendas de música, pero esta acaba de abrir sus puertas y, de la mano de los locos Blanca y José, tienen de todo: discos, dvd, libros y un piano con el que dan pequeños conciertos (Amnistía, 5).

6. La Buena Vida. Me meto en todas las librerías, pequeñas o grandes, pero tengo cariño a esta (que se está trasladando no sé a dónde) y en la que me consiguen los libros más raros del mundo y puedo tomar té. También frecuento mucho la Antonio Machado, un clásico, donde están mis amigos Marta y Alex.

7. Las Meninas. Me gusta, aunque suene pedante, ir al museo del Prado simplemente a estar, a sentarme un rato, sobre todo enfrente de Las Meninas. Tengo pillada la distancia justa en la que parece que estoy dentro del cuadro. Y he conseguido, durante algunos segundos, ser el único ser humano que lo mira. Cualquier día me meto dentro (Paseo del Prado, s/n).

8. Los restaurantes Vips. En el de Fuencarral 101 estaba el famoso Drugstore, que era el sitio que más tarde cerraba: una puerta a la libertad que frecuentaban los golfos y los actores. Ahora me gusta ir a curiosear los libros de importación de arte, que son muy baratos y estar hasta altas horas charlando con los amigos después del cine o el teatro.

9. Sacha. Este restaurante es famoso, entre otras cosas, porque el chef, Sacha Ormaetchea, que es un tío encantador, acogió a Abdul, un refugiado albino negro que era perseguido en África. Ahora trabaja en su cocina. Destacan las ostras escabechadas o la alcachofa frita, que es mágica (Juan Hurtado de Mendoza, 11). 

10. El hall del Hotel Emperador. Tiene un piano de cola y unos butacones grandes donde me gusta quedar con los amigos, por su tranquilidad. Ahí asistí al rodaje de una secuencia de El Crack de Garci, en la que salían Alfredo Landa y José Bódalo, y cada vez que voy, pienso: “ay, cómo pasa el tiempo” (Gran Vía, 53).

El trompetista en el mar

Miguel Rellán, (Tetuán, 1943) es un actor de amplia trayectoria en cine, teatro y series de televisión. Ahora representa en el Teatro Español, hasta el 29 de junio, el emocionante monólogo Novecento, basado en la obra de Alessandro Baricco y dirigido por Raúl Fuertes.

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