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Hiroshi Sugimoto

Notodo Notodo 06/09/2016 Irene Galicia
Imagen principal del artículo "Hiroshi Sugimoto" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Hiroshi Sugimoto"

“No importa cuán falso sea un tema, una vez fotografiado, es como si fuera real". Esta frase del fotógrafo Hiroshi Sugimoto ilustra muy bien la línea que sigue su trabajo. Es un tradicionalista clásico de gran virtuosismo técnico que rechaza la tecnología digital y practica la copia manual reinterpretándola desde una perspectiva conceptual y es ahí donde reside el misterio de su trabajo. Esta exposición repasa su trayectoria, un trabajo cuyas disquisiciones fotográficas incluyen géneros como la naturaleza muerta, la fotografía abstracta, el retrato y la fotografía de la naturaleza. Gran intelectual y conocedor de la tradición artística y de la cultura clásica japonesa, su obra contiene una muy meditada carga conceptual que conduce al espectador a la reflexión filosófica.

Cuando se inventó la fotografía, la gente creía que todo lo que se fotografiaba era real; de hecho, la policía aceptaba las fotografías como pruebas. Sugimoto cree que cuando entra en juego la manipulación, se acaba la fotografía como documentación de la realidad. Por eso el engaño del fotógrafo japonés no tiene como objeto mentir al espectador, sino hacerle reflexionar sobre el poder de la imagen, de la capacidad para manipularnos y hacernos creer cosas que o no son o son lo contrario de lo que percibimos. Es la actitud de un artista conceptual que propone al visitante un desafío personal, más allá de la contemplación de la obra.



La muestra nos presenta casi cuarenta obras de gran formato que permiten recorrer las últimas cuatro décadas de trabajo del artista y se organiza en torno a sus cinco grandes series. Los retratos, teatros, dioramas, paisajes y aquellos campos de relámpagos que recuerdan al land art de Walter de María, son los temas que forman parte de su imaginario particular. Sus obras se caracterizan por una gran belleza visual que trae consigo una profunda reflexión sobre la naturaleza de la percepción, la ilusión, la representación, la vida y la muerte. Lo documental y lo metafórico, lo real y lo fantástico son temas recurrentes en la obra de Sugimoto.

Un ejemplo de ello son sus retratos de estudio tomados a personajes históricos, algunos de ellos aún vivos y otro ya muertos que, en esta ocasión, no están embalsamados como los animales de su serie Dioramas, sino que son esculturas de cera del museo Madame Tussauds. Estas reproducciones tienen como objeto crear la ilusión en el espectador de que el fotógrafo hizo un retrato a Enrique VIII o a Ana Bolena, para jugar a crear una tensión entre lo animado y lo inanimado. Y esa extraña relación entre lo falso y lo real, lo animado y lo inanimado, la vida y la muerte, dota a estas imágenes de una carga muy siniestra a la par que interesante.

Algunas de sus imágenes abstractas están separadas por un horizonte que impide que el cielo y el mar se unan, aunque en otras ocasiones esa línea se desvanece creando una atmósfera incorpórea similar, salvando las distancias, a la abstracción de Rothko; así lo abstracto se encuentra con lo efímero, generando imágenes fugaces, que oscilan entre la ciencia y el arte. Por el lado documental, ha recorrido diversos cines y autocines que demuestran que lo que vemos en Theaters no es una imagen accidental en un lugar determinado. El tiempo lo utiliza, en este caso, como herramienta metafórica demostrando que la cámara fotográfica es el único objeto capaz de representar el sentido del tiempo, y esto, alguien como Sugimoto lo sabe muy bien.











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