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Historias de Usera

Notodo Notodo 06/10/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "Historias de Usera" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Historias de Usera"

Hay espectáculos especiales. Por lo que son. Por el momento en que suceden. Por lo que significan, Historias de Usera es uno de ellos.

La Kubik cerró este verano sus puertas: seis años de trabajo, esfuerzo, resistencia y, sobre todo, amor. Amor por el teatro y amor por un barrio, el de Usera, ya que esta sala ha sabido, como pocas, hacer de un barrio seña de identidad y luchar por revitalizarlo culturalmente. Por ello, estas Historias de Usera no es sólo una obra de teatro, es una declaración de amor.

Desde Notodo escribimos una carta-declaración de amor a estas historias que representan un ciclo que ha llegado a su fin (aunque todo fin es un nuevo comienzo); y que ahora recuperamos para su aterrizaje en las Naves del Español del Matadero de Madrid, en una nueva vida para estas historias de barrio que demuestran eternidad.


Queridos kúbikos:

Los amantes del teatro os escribimos para deciros gracias y por habernos regalado vuestra pasión, que habéis sabido transmitir como nadie. Y gracias por regalarnos un broche de oro como éste. Desde la genésis del espectáculo, esas historias nacidas desde las propias historias reales de los vecinos desde el taller de escritura creativa de José Hierro, y algunos de los mejores dramaturgos de nuestro panorama teatral (Alfredo Sanzol, Miguel del Arco, Denise Despeyroux, José Padilla, Fernando Sánchez-Cabezudo, Alberto Olmos) han sabido reflejar con cariño y maestría en las piezas que componen este espectáculo, hasta la hermosa, hermosísima dirección de Sánchez-Cabezudo, hasta la decisión de que los propios vecinos compartan escenario con actores profesiones (y qué actores), todo hace que las historias que habéis puesto en escena posean un halo profundamente especial y único. Y si a ello se le suma la emoción de la despedida, no se puede decir más que ha sido una experiencia (vital) irrepetible.

Gracias a Fernando como fundador, de la Kubik creador y como ser humano (y a su fiel compañero de batallas, mano derecha, Fabián, y resto del equipo de la sala, por supuesto). Y como director de este Historias de Usera, que ha sabido, con delicadeza y mimo, poner en pie un espectáculo mágico, recreando (gracias a la labor maravillosa de Alessio Meloni) un descampado de barrio dentro una sala, un ambiente onírico y reconocible (revestido por un diseño de iluminación lleno de matices de David Picazo) para ambientar estos relatos.

Todos y cada uno de ellos pequeñas obras llenas de emoción. Esa extraña pareja (el obseso de Usera y la obsesa por encontrar el amor gracias a un numerólogo, divertidísimos Ana Cerdeiriña y José Troncoso), esos puntos cómicos surrealistas que aporta el chino vampiro (una absolutamente genial Huichi Chiu). O la historia de la búsqueda de un padre perdido. O la de la criada que escapa de la casa de su señora a destiempo. Aunque especialmente emocionantes son la historia de esa mujer atrapada en el pasado, con un hijo arrebatado que ella cree ahora un famoso torero (extraordinaria composición dramática la de Inma Cuevas y maravilloso en su escucha José Troncoso), la de la pareja de jubilados que reencuentran después de 40 años (de nuevo Inma Cuevas y un Jesús Barranco que es que dan ganas de salir a darles un abrazo de la ternura que desprenden), que cierra el primer bloque con un baile compartido compartido con el público para saltársete las lágrimas. Y esa historia que cierra el espectáculo, la del famosos concierto que Lou Reed canceló en Usera. Un cierre perfecto para una sala que siempre ha caminado por el lado salvaje, enfrentándose a problemas, cierres y reformas sin agachar la cabeza.

Pero no podemos despedirnos sin darles unas muy especiales gracias a esos vecinos de Usera, representados en este espectáculo por cinco de ellos. Que abren la función en un corrillo contando las típicas anécdotas de cuando existía el tranvía o por qué hay un sinfín de calles con el apellido Usera. Y que comparten escenas con los otros cinco intérpretes sin problema y con oficio, pero sobre todo aportan un punto de verdad que lo hace todo, todavía si cabe, más emocionante. La despedida a cargo de uno de ellos provoca que, si las lágrimas no saltaron antes, estén al borde del precipicio en ese instante. Y cuando, en el momento de los aplausos finales, quedan ellos en pie y los actores en cuclillas (como diciendo "vosotros sois los verdaderos protagonistas") a quienes se les une un Fernando Sánchez-Cabezudo con lágrimas en los ojos, la emoción no puede ser mayor.

Gracias. Por estos seis años de amor por el teatro (que no acaban aquí), por ser como sois y por haber terminado de una manera tan hermosa y con tanta luz.

Nos vemos en los teatros. Para empezar, en las Naves del Español del Matadero.

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