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Hitler tiró la victoria

Logotipo de El Mundo El Mundo 07/06/2014 DAVID SOLAR
© Proporcionado por elmundo.es

"Los tenemos aquí, aquí y aquí, justo donde queríamos tenerlos", le dijo a la mañana del 6 de junio de 1944 cuando el mariscal llegó a la cancillería para enterarse de la marcha del .

Hitler engañaba a su colaborador y se engañaba a sí mismo. Hitler no creía que el asalto aliado se fuera a producir en las playas de Normandía; más aún, siguió sin creérselo durante muchos días en que aseguró a quien quiso oírle que lo de Normandía era un ataque de diversión y que estaba encubriendo una operación más al norte, probablemente en Noruega. Y eso contando con que su cuartel general tuvo en sus manos información suficiente como para aplastar el ataque aliado en las playas.

El espionaje alemán había funcionado desastrosamente durante todo el conflicto, pero dos casualidades habían puesto en sus manos los secretos aliados de la 'operación Overlord', el desembarco.

Dos casualidades claves en la Historia

Primero, un oscuro criado de la casa del embajador británico en Ankara, Eliesa Bazna, decidió, por patriotismo y dinero, espiar para los alemanes y tan interesante era su información que el embajador alemán en Turquía, Von Pappen, le bautizó 'Cicerón'. 'Cicerón' proporcionó mucha información útil a los nazis pero la más espectacular fue el descubrimiento de la apertura del segundo frente en la costa atlántica europea: Overlord. Pese a la veracidad de los informes anteriores de 'Cicerón', los alemanes optaron por no creerse Overlord, y eso, fundamentalmente, porque Hitler estaba convencido de que la invasión sería mucho más al norte, en Noruega probablemente.

'Cicerón' no supo decir dónde sería exactamente el desembarco, pero el mariscal Erwin Rommel, por pura deducción, logró precisar dónde ocurriría. Al oeste de Saint Malô los lugares no eran favorables: mareas muy duras y comunicaciones complicadas hacia el interior de Francia; algo similar ocurría al este, hasta llegar a la Bahía del Sena frente a Bayeux y Cannes: playas bajas, malas defensas alemanas, buenas comunicaciones hacia el interior... Más al este hacia el Canal de la Mancha, en la zona de L' Havre, las defensas alemanas eran muy poderosas: allí sí había Muralla del Atlántico. Para Rommel no había duda, las playas normandas serían el lugar elegido; pero en Berlín no le creyeron: ni le dieron la artillería que solicitó, ni las minas de presión, ni los blindados, ni la autoridad para manejar los medios con que contaban la Luftwaffe y la Kriegsmarine.

Sólo les quedaba a los alemanes un detalle por saber: el momento de la invasión. Pues en eso también tuvieron suerte: cuando fuese inminente el desembarco, la resistencia francesa sería avisada por medio de la segunda estrofa de 'La canción del otoño', de Paul Berlaine, emitida por la BBC. Los escuchas alemanes detectaron el aviso a media tarde del 5 de junio y avisaron a Berlín y a París, donde no les hicieron ningún caso. Todos los mandos alemanes de las unidades de guarnición en la Muralla del Atlántico fueron alertados salvo -fantástica coincidencia- el general Dollmann, jefe del sector elegido para el desembarco. Hitler tuvo en sus manos la información para infligir un atroz castigo a los aliados pero su autosuficiencia y orgullo le hicieron ignorar a sus subordinados. Una fortuna para los aliados y para Francia.

David Solar es periodista, ex director de 'La Aventura de la Historia'.

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