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Huevos 'reales', vino y picante para el comensal Juan Carlos

El Mundo El Mundo 02/06/2014 CRISTINA SERRATO

La historia quiso que fuese Rey y, con semejante cargo a sus espaldas, una persona pública atada a un sinfín de responsabilidades. Pero Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, a pesar de su extenso nombre, es tan humano como usted y como yo, y le encanta disfrutar del ocio, de la gastronomía y de las opciones que ofrece una ciudad como la sublime Madrid.

Para Casa Lucio (Cava Baja, 35), legendario establecimiento acostumbrado a recibir la visita de los más selectos personajes de la política, la aristocracia, la cultura, el arte o la farándula internacional, el monarca es «el cliente» por excelencia.

«Aquí tiene su casa. Vino por primera vez al poco tiempo de abrir, a mediados de los 70 y, poco a poco, hemos fraguado una bonita amistad», cuenta el dueño del restaurante.

«Normalmente olvida el protocolo, se sienta en medio de todo el mundo y es afable y llano», concluye. Los famosos huevos estrellados, el jamón, el entrecot o el solomillo que compartió con el mismísimo Bill Clinton, son algunas de sus favoritas delicatesen. «Es un fenómeno. Un hombre inteligente, tranquilo, formal y un gran relaciones públicas que siempre trata muy bien a todo el mundo. Yo le admiro y le quiero mucho», afirma.

Cerca de los Jardines de las Vistillas, el cuñado de Lucio, Ángel González, transformó un club privado de arquitectos en un selecto lugar al que también acude mucho el Borbón, el Landó (Plaza de Gabriel Miró, 8). En su última visita compartió velada con sus hijos y con el actor James Marsden, al que prometió ir a ver su película.

Enamorado de la gastronomía típica española, le gusta pedir callos a la madrileña, ensalada de pamplinas de la Sierra de Gredos, pan con tomate, pescado fresco o chuletas de cordero. «No parece un Rey. Cuando llega saluda a todos por su nombre, tiene una gran memoria, y come entre la gente que haya. Es un placer recibirle y oírle decir que tiene que venir más», apunta orgulloso Ángel.

Don Juan Carlos tampoco ha querido perder la oportunidad de conocer el restaurante más antiguo del mundo, Casa Botín, (Cuchilleros, 17), para degustar su plato estrella, el cochinillo asado en el horno primigenio de la casa, de 1725. «Lo cocinamos con la receta de mi abuelo, que era de Valladolid. A su majestad el encanta. La última vez lo acompañó con un Ribera del Duero, y al terminar dijo: '¡Regio!'», sonríe el propietario del lugar, José González. «Es una persona encantadora. Aquí todos le queremos».

Otros lugares con historia son Horcher (Calle de Alfonso XII, 6), templo culinario del viejo Madrid, al que acude lo más granado de la capital y al que dicen que Jaime de Marichalar se aficionó por culpa del monarca y el Lhardy (Carrera de San Jerónimo, 8), restaurante de tradición romántica y de exquisita cocina. «Este el único lugar al que podía venir a comer Isabel II. Hemos tenido el honor de servir a Alfonso XII, Doña Sofía, Don Juan y Doña Mercedes, que cuando ya no podía caminar, la subían los camareros sentada en una silla, al príncipe Felipe o la infanta Elena. Tengo una carta del Rey, de su puño y letra, agradeciendo los buenos ratos que su familia ha pasado en esta casa. Es todo un caballero», apunta Milagros Novo Feito, copropietaria del local.

De incorporación más reciente es la Taberna Laredo, (Calle Doctor Castelo, 30), lugar de moda del tapeo de calidad y sitio de encuentro de los jugadores del Real Madrid, equipo del monarca. Croquetas, ensaladilla, tartar, cocochas, chuletillas de conejo o marisco son algunas de las delicias que allí degusta.

Algo más apartado del centro, en La Moraleja, encontramos el Aspen, inspirado en el ambiente de montaña donde el Rey y su amigo Miguel Arias, dueño del lugar, rememoran sus aventuras de esquiadores. Al otro lado de Madrid, en Mirasierra, está Tras os montes, restaurante portugués donde su majestad degusta guisos lusos, el estofado, el bacalao que le recuerda a su infancia en Estoril o el Oporto, que dicen que le encanta.

Pero sin duda, fuera de la capital, el que se lleva la palma es El Trasgu (Cudillero, 2. Torrelodones), donde se encuentra como jefe de cocina Francisco Alba, ex cocinero Jockey. «Llegó aquí buscando una de las mejores terrazas de Europa y nos cautivó. Es un fenómeno, humilde y bromista, cada vez que viene sube el ánimo, tiene una chispa de cine. Además se preocupa por el negocio y te da consejos», apunta el dueño, Eduardo Pozueco, que confiesa que al Rey le gusta «consumir carne, zamburiñas, pide vinos de Toro y se toma varios cafés después de comer».

Algo que nunca podrá olvidar este restaurante es tener el honor de contar en la carta con un plato creado por el mismísimo Don Juan Carlos: los huevos reales. «Un día llegó un chófer de la Casa Real con una neverita que contenía unas hamburguesas de kobe, unos huevos de perdiz y una nota con instrucciones sobre cómo cocinarlo. Ahora, cada vez que viene con alguien cuenta que el plato es suyo. Estas son las cosas que hacen que le queramos tanto», explica emocionado.

¿Y sí hablamos de comprar fruta y verdura de temporada?. Entonces el lugar clave es Frutas Vázquez (C/Ayala, 11), negocio del Barrio de Salamanca, fundado en 1943 que lleva 20 años abasteciendo a la casa real. «Todo fue gracias a la madre de Su Majestad, la reina Federica, que vino un día y desde entonces hemos tenido el honor de ver pasar por aquí a parte de la familia. Son normales y corrientes y no tiene caprichos, como me pasa con otros clientes», aclara su actual dueño, Félix Vázquez. «La mayor anécdota que tengo con ellos es un día que la reina, admiradora de Zubin Mehta, le regaló una cesta con todo tipo de frutas y algunas guindillas. Cuando acabó el concierto, fueron a saludarle al camerino y el Rey se comió una. Al día siguiente la secretaria de Mehta me pidió una cesta enorme, sólo de guindillas, para enviar a Su Majestad. Parece ser que al Rey también le gustan las cosas picantes».

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