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Icono de la moda, objeto de racismo

EL PAÍS EL PAÍS 09/05/2014 Lola García-Ajofrín
Icono de la moda, objeto de racismo © frankk trapper -cordon- Icono de la moda, objeto de racismo

"No puedo huir de lo que soy. Mírame”, espeta señalándose con una sonrisa el diseñador de joyas, actor y modelo Waris Ahluwalia (Punjab, India, 1974). Turbante negro y barba larga y tupida, característicos de la comunidad sij; pañuelo de cachemir en tonos grises, enroscado al cuello, de su marca, House of Waris; camiseta azul y vaqueros APC, la firma de su colega Jean Touitou. En su estudio, en la Calle 38 de Nueva York, cuenta qué tiene de hindú y qué de norteamericano este artista polifacético criado en Brooklyn desde los cinco años.

“Cómo vivo, lo que hago, mi apariencia... va todo junto. Soy la imagen de la tradición, pero Nueva York es mi casa”, dice el diseñador, para el que “apreciar la tradición es dejar herencia”.

Su aspecto le convirtió en habitual de los rankings de los mejor vestidos de las revistas de moda y en musa de las películas de Wes Anderson y de Spike Lee. Sin embargo, a finales del año pasado le costó ser objeto de actos racistas.

Ocurrió en noviembre, en una parada de metro del Bronx. Ahluwalia aparecía junto a la modelo Quentin Jones en un anuncio de la marca GAP. El lema era: “Make love” (Haz el amor). Alguien tachó la frase y escribió debajo: “Make bombs” (Fabrica bombas) y “¡Dejad de conducir taxis!”. El fotógrafo Robert Gerhardt capturó la imagen y el incidente incendió las redes sociales. GAP respondió a los insultos colocando la foto como portada de su Twitter y Facebook.

El diseñador se refiere al suceso en tono filosófico: “Mi trabajo trata sobre romper fronteras mientras se respetan las tradiciones. Pienso que eso fue lo que hizo GAP con su campaña, crear un diálogo para mirar nuestras diferencias y entender nuestras similitudes. Si espero algo de esta historia es que ayude a visibilizar el problema y a mejorar ese diálogo”. Mira a los ojos mientras matiza: “Creo que el diálogo y la educación son las únicas maneras de acabar con el racismo”.

De lejos, Waris Ahluwalia es un sij chic —como le denomina una revista hindú con ese nombre en inglés—, asiduo del circuito social neoyorquino y más fotografiado por la agencia Farrell Billy que Lady Gaga, Salman Rushdie, Harvey Weinstein y Lindsay Lohan juntos, según The New York Times.

De cerca es un soñador entre dos mundos, que conoció al director Wes Anderson en una protesta por la paz frente a Naciones Unidas, que desayuna manzanilla, adora las lentejas indias de su madre, utiliza el término “amor” para hablar de artesanía y salda con metáforas las preguntas:

—¿Alguna vez más sufriste racismo en Nueva York?

—Las personas son débiles, temerosas e inseguras, y por eso, aún hoy, existen guerras y genocidios. Mi trabajo se inspira en dos cosas: el amor y la historia, y las dos son incomprensibles. Algo que me fascina de la historia es que la humanidad continúa repitiendo los mismos errores. Creo en la gente, pero soy realista.

Bajo la mesa del estudio de House of Waris asoman unas botas rosadas. “Me visto para estar cómodo”, explica, y confiesa que nunca lleva zapatos negros. “Por alguna extraña razón no me siento cómodo con ellos, no sé por qué. Con unos rosas me siento bastante mejor”. Sonríe. Solo viste prendas si sabe quién esta detrás. Los suyos son de George Esquivel, hechos a mano.

El gusto por lo exquisito le viene de familia: su tío combinaba el color de la corbata con el del turbante. “Era profesor, pero creo que todo el mundo puede tener su expresión creativa, no es algo que se limite a los artistas”. De su padre, un catedrático de Lingüística que emigró a Estados Unidos con ganas de ver mundo, heredó el espíritu aventurero y el humor. De su madre, directora de una escuela, “la apertura, el compromiso con la verdad y la fe”. En el plano profesional, con la moda tropezó sin querer.

En 2002 diseñó dos anillos para él con 40 diamantes cada uno. “Pensé que sería divertido vestirlos”, suelta como si nada. “Era la primera vez en mi vida que diseñaba algo”. Como otros inviernos, viajó a Los Ángeles —“no me gusta nada el frío”— y se acercó a la lujosa boutique Maxfield. Allí, el agente de ventas se encaprichó con los anillos, y así empezó su aventura.

En 2009, su marca, House of Waris, fue nominada para los premios Fashion Fund de la revista Vogue y hoy trabaja con diseñadores y artesanos de 14 países. Diseñan joyas y fulares, creados mediante la técnica del batik, con la que se tiñen los tejidos en India a través de capas de cera. Dice que la moda “es un uniforme” y su compromiso tiene que ver más con el proceso previo. “Esta es la verdadera conectividad, no Instagram; conocer los materiales, quién está detrás, quién vende lo que hacemos y cómo afecta a India o a unas familias”, argumenta. “Es cuestión de responsabilidad. Si no apoyamos eso, la tradición desaparecerá”.

Acaba de lanzar su primera colección de joyería para Forevermark, con los que el año pasado viajó a Botsuana y Sudáfrica “para saber de dónde vienen los diamantes”. Su última aventura es House of Waris Rare, una colección de objetos hechos a mano que se vende en el recién restaurado hotel Gritti Palace de Venecia, “la casa de Hemingway”.

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