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Idiota

Notodo Notodo 18/10/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "Idiota" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Idiota"

El Teatro Pavón (anteriormente conocido como el teatro de la Compañía Nacional de Teatro Clásico) reabre sus puertas en uno de los gestos más celebrados por la profesión en los últimos años. Y es que los kamikazes han tomado sus riendas en lo que quiere ser "un teatro de repertorio al alcance de todos. Un espacio donde lo culto y lo popular se den la mano. Un lugar donde lo clásico y lo moderno confluyan".

Plas-plas-plas (eso son aplausos) y vítores varios. Porque estamos seguros de que lo van a conseguir. Y como botellazo en la proa del nuevo barco, la obra Idiota, escrita por Jordi Casanovas y dirigida por Israel Elejalde (champán del bueno).

"Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro". Con esta famosérrima sentencia del ilustre Albert Einstein comienza una función que, después de unos cinematográficos títulos de crédito en plan cómic, nos encierra en un despacho-búnker para asistir a una prueba muy especial: Carlos Varela, ejemplar perfecto de graciosete cargante, acude a una prueba (consistente simplemente en responder a una serie de preguntas) por la que le van a pagar una considerable pasta que le puede sacar de un apuro. Pero, además de tener enfrente a una doctora que es un témpano de hielo hecho mujer, las cosas se le van a complicar.


Casanovas, quien ya ha demostrado de sobra su capacidad para vertebrar historias bien agudas y retorcidas (Un hombre con gafas de pasta, sin ir más lejos) aquí vuelve a presentar una función que arranca en tono de comedia para irse ennegreciendo a pasos agigantados según avanzan los minutos. No contaremos más porque es de esas obras de las que mejor no saber demasiado. Sólo decir que el texto está bien armado, dialogado con tremendo acierto y los giros perfectamente posicionados para atrapar al espectador. Eso por no hablar de unos enigmas que demandan a un espectador activo que participa en la prueba a la vez que el protagonista.

Un espléndido Gonzalo de Castro que juega con el personaje como la doctora juega con él, disfruta haciendo disfrutar (y sufrir) al espectador. Fantástica la caracterización y evolución de su personaje. Pero no menos fantástica la interpretación de una gélida Elisabet Gelabert, que vuelve a demostrar su saber hacer con este dominador personaje (que al fin y al cabo es otra dominada más en una cadena sin fin). Y a estos dos les acompaña otro de los intérpretes más interesantes de la escena española actual, pero no como actor. Israel Elejalde se estrena como director en sala grande (ya lo hizo en pequeña con el Sótano de Benet i Jornet en La pensión de las pulgas) y aprueba con nota, consiguiendo el tono y ritmo justos para esta historia, utilizando con elegancia los elementos para que nada sobre ni falte.

Autor, director e intérpretes (y todo el equipo, por supuesto) introducen al espectador en un juego cruel con tonos de comedia que acaba por tener muchísimo más poso de lo que en un principio puede parecer. Y que plantea escalofriantes situaciones más reales de lo que uno puede pensar en las que se cuestionan los límites hasta los que se puede humillar a un hombre (o a una sociedad). Un ejemplo perfecto de teatro que aúna entretenimiento y reflexión. No seas pánfilo (o Idiota) y ve al Pavón (bueno, al Kamikaze).

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