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Iker ya no es Casillas

El Mundo El Mundo 15/06/2014 EDUARDO J. CASTELAO

Apoyó sus manos en las caderas, echó la pierna izquierda un poquito por delante de la derecha y miró al marcador. Así estuvo tres o cuatro minutos Iker Casillas, rumiando la falta que le hizo Van Persie en el 1-3 y rumiando también la tarjeta amarilla que vio por protestar. Era el minuto 63 de partido. Ocho después, fue incapaz de controlar una cesión de Ramos y Van Persie hizo el cuarto. Ningún compañero fue a darle ánimos. Tan sólo Sergio se acercó con una palmadita en la espalda, y ahí el capitán terminó de hundirse en sus propias cavilaciones, un jeroglífico, el de lo que realmente piensa, que nadie hoy, más allá de su mujer y algún amigo, es capaz de descifrar.

Como tampoco nadie puede entender el sofocón que lo invadió cuanto terminó la final de la Champions. Estuvo llorando desconsoladamente 10 minutos. No eran las lágrimas de Johannesburgo. Eran otras. Eran las lágrimas de quien no se encuentra bien, de alguien ajeno a la felicidad completa desde hace mucho tiempo que de repente encuentra una vía de escape. Dicen quienes conocen al portero que no es él. Sucede desde hace año y medio, cuando en un partido en Málaga, 22 de diciembre de 2012, Mourinho lo sentó en el banquillo para poner a Adán. Desde entonces, Iker no es Casillas. Tuvo algún destello, alguna ráfaga que evocó tiempos pasados, pero no es él.

Sus ojos en la zona mixta del Arena Fonte Nova el viernes no engañan. Pueden mentir las palabras, pero no los gestos, las miradas, la forma de decir las cosas. Por ejemplo, una cosa es leer: "Si el árbitro no ha pitado falta en la jugada con Van Persie, es que es fallo mío. Lo asumo y punto", y otra cosa es ver que eso lo dijo Casillas encogiéndose de hombros, con desgana, mirando al interlocutor con cara de ¿qué quieres que te diga?, con cara casi de me da igual. Los ojos de Iker, abrazado a su neceser, hablaban más que su boca, y decían que lo está pasando mal. Muy mal. Desde aquel banquillo de La Rosaleda no levanta cabeza.

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Ausente

Hace año y medio que no se le ve gritar en el campo, que no se le ve colocar a los compañeros. No hay nada de aquel Iker que chillaba a Puyol o a Piqué o a Ramos o al que pasara por allí. Está ausente. "A Iker lo veo mal, pero como al resto, y también motivado y convencido de que se puede", dijo Sergio Ramos sobre su compañero, que ignora a aquellos que le recuerdan que el Real Madrid no gana un título sin él en la portería desde 1998, que se dice pronto (su futuro en el club blanco, por cierto, es cada vez más difuso).

Apenas responde a los mensajes de amigos con los que antaño jugaba a las cartas todas las semanas, y cuando habla lo hace con evasivas. Da la impresión de que le gustaría desaparecer del mapa -del futbolístico, se entiende- y de que a día de hoy el único lugar en el que se siente seguro y feliz es en su casa, especialmente desde que nació Martín.

Incómodo en la situación que le propuso Ancelotti, esa llantina en Lisboa habla de alguien tocado anímicamente. Quiso Del Bosque, el hombre que ha intentado siempre mantenerlo a flote, revelar una situación que se produjo en el vestuario del Arena Fonte Nova, nada más terminar el zarandeo de Holanda. "Dio una prueba de su capitanía, de su compromiso con la selección. Cuando llegué de la rueda de prensa, estaba él hablando con todos, y todos le escuchaban en un silencio solemne. Él estaba autoculpándose de algunas cosas, pero al mismo tiempo estaba poniendo las bases de la rehabilitación del equipo. Actuó de capitán", desveló el técnico, en un intento público -hizo antes muchos en privado- por reactivar la alegría en un portero muy tocado.

Ochotorena

A nadie se le pasa por la cabeza que Iker pueda ser suplente ante Chile. Los errores contra Holanda han aumentado la preocupación de Vicente del Bosque y de sus compañeros sobre el estado anímico del portero, aunque todos confían en que Iker regrese. Mejor escrito, que Casillas regrese.

El mejor portero de la historia del fútbol español sigue siendo especial, y a reactivarle se han puesto, especialmente Ochotorena, con el que tiene una relación muy especial. Si alguien es capaz de volver a lo grande es él, un tipo de nombre Iker y de apellido, Casillas.

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