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Incendio interno en Podemos

ABC ABC 15/02/2016 Alex Gubern y Darío Domínguez

Pablo Iglesias junto a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau © Diario ABC Pablo Iglesias junto a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau Pablo Iglesias e Íñigo Errejón no afrontan solo estos días la negociación de un gobierno con el PSOE. También se enfrentan al reto de gobernar su propia casa, de decidir qué y cómo será Podemos en el futuro. El espíritu transversal que inspiró el movimiento en los primeros tiempos es cosa del pasado. Y el resultado es una organización claramente jerarquizada y muy similar a la de los partidos clásicos, que no ha dudado en imponer su autoridad cuando han surgido discrepancias. Además se enfrenta al problema de cómo estructurarse en aquellas comunidades en las que mejor resultado logró el 20-D. Fue en los feudos en los que logró unas mejores cifras disuelto en confluencias. La disyuntiva es si preservar la marca a riesgo de perder fuerza o diluirse en un espacio mayor para mantener el liderazgo.

Galicia: Rebelión por la Marea

La osadía de cuestionar la fórmula de confluencia con el brazo gallego de IU y los nacionalistas de Anova le costó esta semana el puesto al líder de Podemos en la Comunidad, Breogán Riobóo. Desde el 20-N, en el que la candidatura en la que se integraban los pupilos de Pablo Iglesias fue segunda fuerza en Galicia, Riobóo empezó a ponerle peros a la coalición y abrió el debate interno sobre si la formación del círculo debería concurrir en solitario a las elecciones autonómicas que se celebrarán este año. El excesivo peso del factor soberanista y la ausencia de democracia interna en el proceso de formación de la coalición fueron sus reproches. Tras varias declaraciones en las que el propio Iglesias lo desautorizó en público, Riobóo se enrocó en sus posiciones y llegó a afirmar que la militancia gallega tenía la autonomía suficiente como para tomar sus propias decisiones. Las tensiones derivaron en dimisiones en masa que generaron la disolución de los órganos directivos del partido.

El paso siguiente fue el nombramiento de una gestora que pilote un proceso de renovación que durará unos meses. Al frente de la misma se colocó a José Manuel García Buitrón, senador de En Marea y, por tanto, comprometido con el proyecto de confluencia para mitigar el debate interno. Prueba de ellos es que voces de sus aliados, como el número dos de Anova y alcalde de Santiago, Martiño Noriega, celebró públicamente su nombramiento entre críticas al secretario saliente. El cambio de cúpula culminará con la elección de un nuevo líder territorial, un puesto para el que se empieza a postular el diputado Antón Gómez-Reino, considerado uno de los hombres de confianza de Pablo Iglesias, que reconoció este fin de semana por primera vez que está «para aportar lo máximo a Podemos Galicia, desde puestos con mayor o menor responsabilidad». Pese a las maniobras, el ruido interno no cesa, y también este mismo fin de semana se celebró una asamblea en la agrupación de La Coruña en la que se discutía si repetir entente en las próximas citas electorales. La versión del sector dominante dice que la apuesta por la confluencia es innegociable, pero los coruñeses corroboran la existencia de «dos almas» en las bases, entre los que muchos apostarían por presentarse de forma independiente.

Cataluña: Enganchados a Colau

A la espera de que cuaje la «confluencia» de partidos de izquierda que impulsa Ada Colau en Cataluña, Podem no abandona la situación de interinidad (o crisis) desde que el pasado mes de octubre dimitiese su secretaria general, Gemma Urbasart, en desacuerdo con la estrategia del partido durante la campaña de las autonómicas.

Desde entonces, una gestora encabezada por Marc Bertomeu, a su vez secretario general de Podem en Barcelona, trata de mantener en pie un partido cuyo futuro dependerá en buena parte de su capacidad para no ahogarse bajo la ola que surfea Ada Colau. De alguna forma se enfrentan a un dilema existencial: solo a la vera de la alcaldesa de Barcelona tienen expectativas de éxito político, aunque ello acabe implicando que su marca se borre frente al poderío del movimiento que impulsa y lidera la alcaldesa de la capital catalana. Íñigo Errejón ya previno contra lo que se teme pueda significar su desaparición como marca en Cataluña. Lo que sí ha dejado claro el partido en Cataluña es que la decisión se tomará de manera autónoma en los próximos meses, cuando se celebre un congreso necesariamente de refundación. Sea cuál sea la fórmula jurídica que se emplee, sí parece claro que la nueva «confluencia» que se articule funcionará de cara al exterior como un partido único, y que la voz cantante la llevará el grupo de Ada Colau. La dimisión en octubre de la en su momento candidata oficialista Gemma Ubasart como líder de Podem en Cataluña se explicó en buena forma por su disconformidad con lo que ella entendió fue una sumisión del partido al bloque «unionista» en las elecciones autonómicas de septiembre. En esos comicios, la campaña de Catalunya Sí que es Pot– unión de Podem e ICV, y con Colau descolgada– estuvo marcada por la presencia constante de Pablo Iglesias e Íñigo y Errejón, y donde la reivindicación del referéndum quedó orillada. Los decepcionantes resultados en esas elecciones, en contraste con la victoria de la coalición —ahora ya con Colau implicada– en los comicios generales de diciembre, acrecentaron aún más la dependencia de Podem con respecto a Colau y la apuesta clara por la bandera del referéndum. En los próximos meses se verá si ello acaba con el borrado definitivo del partido de Pablo Iglesias en Cataluña.

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