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Incendios

Notodo Notodo 20/09/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "Incendios" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Incendios"

Incendios es sin duda uno de los montajes de la nueva temporada teatral. Un texto que es ya un clásico del siglo XXI, un director siempre solvente como Mario Gas o la presencia de una de las figuras emblemáticas de nuestro teatro en su reparto, la dama Nuria Espert, son sólo algunos de sus reclamos, sirenas que nos llaman a arder en sus costas.

A continuación, los fuegos que dan luz a esta función.
La infancia es un cuchillo clavado en la garganta
El texto del libanés afincado en Canadá Wajdi Mouawad quema con poética y dolor los esquemas de la antigua tragedia griega y los espinosos temas de la crítica actual en torno a los conflictos territoriales que desembocan en matanzas sin sentido (en este caso en un lugar indeterminado pero que podríamos indentificar con el Líbano natal del autor).

Como en Antígona, el punto de partida es la muerte de un familiar y su cuerpo metafóricamente insepulto: la lectura del testamento de Nawal, la madre de los los gemelos Jeanne y Simon, de 22 años, que lega la tarea de encontrar a un padre y a un hermano de los que no se conocía su existencia. Una madre a la que odian por no poder explicar la decisión irrevocable de no hablar durante los últimos cinco años de su vida. Historia dura como el pedernal y seca, de ecos clásicos y estructura narrativa compleja que alterna escenas de presente y pasado, el viaje al interior de un país y de unos personajes heridos y llenos de ira que deben descubrir la verdad para poder sanar y llegar a comprender.

Casi como una historia de suspense pero atravesada de dolor y poesía que llevará al espectador a través de la historia de los gemelos y la de una joven y valiente Narwal, con un punto de partida que atrapa irremediablemente a través del magnífico texto de Mouawad: “La infancia es un cuchillo clavado en la garganta, no se lo arranca uno fácilmente. Jeanne, el notario Lebel te entregará un sobre. Ese sobre no es para ti, va dirigido a tu padre. El tuyo y el de Simon. Encuéntralo y entrégale ese sobre. Simon, el notario Lebel te entregará un sobre. Ese sobre no es para ti, va dirigido a tu hermano. El tuyo y el de Jeanne. Encuéntralo y entrégale el sobre. Cuando estos sobres hayan sido entregados a sus destinatarios, se os entregará una carta. Se romperá el silencio. Y entonces podrá ponerse una lápida sobre mi tumba y ni nombre grabarse sobre la lápida al sol".


Hay verdades que no pueden revelarse a condición de que sean descubiertas
El veterano director Mario Gas lo tenía complicado puesto que existe una ya mítica (aunque reciente) versión escénica de este montaje (que lamentablemente no he tenido la suerte de ver) dirigida por el propio autor y otra igual de laureada por Oriol Broggi. En su caso (y sin posibilidad de comparar), Gas aporta su saber hacer, su solidez y buen trabajo para ofrecer un viaje de algo más de tres horas que gracias a un ritmo y fuerza indudables pasa volando, llevándonos entre sus escenas (a veces simultáneas) en un viaje catártico. Un escenario de pocos elementos, recubierto de arena y con una plataforma central donde se encuentra una simbólica puerta, algunas proyecciones y ciertas transiciones musicales son los escuetos elementos con los que el director organiza su puesta en escena, que centra en el texto y las interpretaciones. Y Gas sale victorioso, con un espectáculo sólido y de obligada visión.

Cierto es que uno tiene la sensación de que se podía haber llegado un poco más lejos para hacerlo completamente redondo (con los espectáculos de Gas siempre me pasa que me gustan muchísimo, pero me falta un puntito de frescura), pero el caso es que es que es un pedazo de montaje que hay que ver. Y si no se conocía antes, ni por los montajes anteriores ni por la espléndida película de Denis Villeneuve, descubrir.


Ahora que estamos juntos, todo va mejor
Un reparto de campanillas sobre las tablas es otro de los grandes reclamos de la función, destacando un fantástico y simpático Ramón Barea con grandes momentos, la natural Sawda de Lucía Barrado, que consigue un tándem perfecto con una Laia Marull maravillosa, llena de energía y arrojo escénico en su Nawal joven (enamorando ella y su personaje). Y, por supuesto, Nuria Espert, que aquí ofrece una contenidísima (llamativo) interpretación cuyo cénit es el desgarrador monólogo de la Nawal en sus últimos años, diez minutos que es para arrancarte el corazón y dejarlo tirado en el medio del pasillo.

Hay que acercarse a los fuegos de estos Incendios, de estos personajes que necesitan quemarse para poder renacer. Grito contra los horrores de la guerra el de Mouawad y un canto a la unión, que resuena en los oídos una vez abandonada la sala. Porque deberíamos de tener esto siempre presente, como dice el autor por boca de Nawal: “Ahora que estamos juntos, todo va mejor.” Que muchas veces se nos olvida.

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