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Irán: ¿el regreso del halcón?

dw.com dw.com 05/07/2016 Thomas Latschan (rml/pk)

Mahmud Ahmadineyad, en el ostracismo durante varios años, critica ahora cada vez más fuerte al presidente Hasán Rohaní y planea, efectivamente, su candidatura para las próximas elecciones de 2017.

El mundo respiró aliviado en 2013 cuando Mahmud Ahmadineyad no pudo volver a postularse a la presidencia de Irán, tras dos mandatos, y fue sustituido por el clérigo moderado Hasán Rohaní. Ahmadineyad, un político de línea dura, había contribuido a extremar el enfrentamiento entre su país y la comunidad internacional.

El debate nuclear estaba en un callejón sin salida; Teherán, diplomáticamente aislado; la economía iraní, por el suelo; Ahmadineyad, enredado en disputas retóricas contra Israel y Occidente. Y el entonces presidente tampoco estaba libre de polémica en la política doméstica: su relección de 2009 estuvo acompañada de masivas protestas y acusaciones de fraude electoral. La llegada de Rohaní debía ser el bálsamo.

El propio Ahmadineyad aseguró que se retiraría de la política en lo sucesivo, que solo se desempeñaría como docente universitario. Y, en los últimos días de su mandato, todo parecía dispuesto para ello: el Consejo Supremo de la Revolución Cultural lo autorizó a fundar su propia universidad en Teherán. Pero sus planes fracasaron por falta de financiamiento. Así que el expresidente no pudo desprenderse del todo de la política. El líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, le ofreció un puesto en el Consejo de Conciliación, un órgano que debe mediar en disputas entre el Parlamento y el poderoso Consejo de Guardianes (de la Constitución).

Contra el acuerdo nuclear

Entonces, se extendió un inusual silencio en torno al antiguo provocador. Durante años, se mantuvo al margen. Pero, desde hace varias semanas, ha vuelto. Está de gira por las provincias y ha pronunciado varios discursos públicos. Aclamado por sus seguidores, arremetió principalmente contra el acuerdo nuclear de Irán con la comunidad internacional. "En sus apariciones ha criticado fuertemente al Gobierno de Rohaní", cuenta Bahman Nirumand, publicista de origen iraní, residente en Berlín: "Dijo que la República Islámica ha tomado el camino equivocado, que los principios de la revolución han sido traicionados."

No debe ser casualidad que Mahmud Ahmadineyad haya aparecido justamente ahora. Irán elegirá un nuevo presidente a inicios de 2017. Los observadores consideran que Ahmadineyad está tratando de posicionarse para una nueva candidatura. Su antiguo portavoz gubernamental habría presentado ya formalmente la solicitud ante la autoridad electoral. Además, se habría planeado "una gran campaña de retorno", reportó hace varios días el diario reformista Schargh. Tras su derrota en las elecciones parlamentarias de este año, los conservadores de línea dura buscan un caballo de batalla para la próxima votación. Y algunos creen que el expresidente sería la figura adecuada.

Estancamiento económico

Mientras tanto, en Irán crece efectivamente la frustración con el actual Gobierno. Muchos tenían grandes esperanzas de que el levantamiento de las sanciones mejoraría su situación económica. "Pero eso no ha pasado", dice Bahman Nirumand, responsable del reporte mensual sobre Irán que publica la Fundación Heinrich Böll: "Todos esos precontratos que Irán firmó con inversores occidentales no avanzan porque los bancos no están dispuestos a asumir el financiamiento", porque aún hay muchas sanciones que siguen en pie.

Adicionalmente, el Departamento de Estado de EE. UU. publicó un informe, justo la semana pasada, en el que califica a Irán como el mayor apoyo estatal del terrorismo internacional. "Sobre todo la prensa conservadora dedica mucho espacio a publicar todo eso. Y el líder supremo, Jameini, siempre advirtió en contra de confiar demasiado en EE. UU.: 'Incluso si hacemos todo lo que quieren los americanos, siempre querrán algo más', decía. Algo que se confirma ahora, según la derecha", explica Nirumand. Evidentemente, Ahmadineyad cree que puede beneficiarse del desencanto que reina hoy en el país.

Balance mixto

No hay motivos, sin embargo, para pensar que a Irán podría irle mejor bajo otra presidencia de Ahmadineyad. "Su balance como presidente fue miserable", asegura Nirumand: "Arruinó la economía, pese a que los ingresos del petróleo fueron inusualmente altos, especialmente en los primeros cuatro años de su presidencia." Alrededor de 200.000 millones de dólares se extraviaron en canales desconocidos.

Además, Ahmadineyad asumió el cargo en 2005, prometiendo crear millones de nuevos empleos y reducir la inflación. Pero no logró ninguna de las dos cosas, al contrario. No solo las sanciones internacionales, sino también la mala administración gubernamental, hundieron al país en una profunda recesión en 2013. La inflación creció un 30 por ciento durante sus gobiernos, el desempleo se estancó en el 12 por ciento. Y esas son cifras oficiales, las reales deben haber sido peores.

¿Reelección?

Esa es también la razón por la cual los iraníes observan más bien con sentimientos encontrados su posible regreso. "Tiene aún muchos seguidores, sobre todo en el interior", aclara Bahman Nirumand. "No obstante, muchos conservadores ya han tomado distancia de él en el Parlamento y también en público." Entre ellos se halla el presidente del Parlamento, Alí Lariyaní, antiguo jefe de negociaciones nucleares de Ahmadineyad y hoy claro opositor del expresidente.

"Para los iraníes no es precisamente un escenario atractivo que alguien vuelva a presentarse a las elecciones de 2017 tras dos mandatos que no fueron justamente exitosos," ha opinado Lariyaní. "Incluso el líder supremo Jameini apoyó mucho a Ahmadineyad en sus primeros cuatro años, pero luego hubo grandes diferencias entre ellos", señala Bahman Nirumand. "Así que no puedo imaginar que pueda volver a ser elegido como presidente. Y si así fuera, sería un giro total en la política exterior y doméstica, una catástrofe para todo el país", dice convencido el experto y se consuela: "No creo que pase."

Autor: Thomas Latschan (rml/pk)

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