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"Irlanda te deja ser lo que quieras"

El Mundo El Mundo 07/05/2014 elmundo.es
El escritor Javier Reverte. © EFE El escritor Javier Reverte.

Escritores, boxeadores retirados, borrachines, curas, chicas pelirrojas (un estilo Maureen O'Hara, por ejemplo), cantantes tabernarios, vecinos furiosos en el norte, caballos en los hipódromos... verdes valles, rojas colinas. Si hay algún lector irlandés en la sala, que nos perdone por todas esas obviedades, pero ¡es tan bonita la imagen romántica de su isla!.

Javier Reverte fue a su encuentro en 2004, pasó una temporada en Irlanda con la idea de traerse un libro en la cabeza. "Pero volví a casa a escribirlo y no me salía. O lo que me salía no era lo que quería, tenía miedo de aquello se convirtiera en un relato de borrachos", explica el escritor. "Porque la verdad es que bebí un poco". Así que "la emoción del viaje y las canciones, que las tenía, que no las perdí", se quedaron en el cajón siete años. Siete años hasta que Reverte volvió a Irlanda y su historia se desatascó.

Y aquí está el libro:'Canta Irlanda' (Plaza&Janes) empieza el día que el escritor madrileño desembarca en Dublín. Es la víspera del Bloomsday y ¿qué hacer? Perseguir a Joyce, qué si no. "El primer viaje que hice guiado por la literatura debió de ser en 1968, por un tramo de Grecia, sin un duro, siguiendo el viaje de Ulises. Saqué un libro de ahí, 'La Aventura de Ulises', que después amplié en 'El Corazón de Ulises' [1998]. No sé, la dificultad es encontrar un espíritu para el viaje, pero como siempre voy con mucha ilusión, me suele ir bien".

Snobs, dandis, elitistas...

Hay una paradoja aquí: si pensamos en los irlandeses, nos viene a la cabeza la imagen de una gente con mucho talento para todo lo gregario: cantar a coro, beber en familia, jugar al rugby, meterse en grandes peleas. Después, pensamos en Wilde, Joyce, Beckett, Yeats, Shaw... en todos los santos escritores irlandeses y, ¡vaya pandilla de individualistas! Snobs, dandis, elitistas, antisociales... "Es un fenómeno curioso. Todos los grandes escritores irlandeses se fueron, no pudieron vivir en Irlanda. Y todos, desde la distancia, se sintieron muy irlandeses... Una vez le preguntaron a Beckett si consideraba a [George Bernard] Shaw un escritor inglés y se enfadó muchísimo".

"Es verdad que hay una tradición céltica historias narradas oralmente", continúa Reverte. "Oyes las canciones irlandesas y todo son historias: Paddy hizo nosequé, Mary llegó a nosedónde... Hay un sentido de la identidad colectiva que está en las historias y que lleva hasta los retratos de los escritores colgados en los pubs y en las pintadas en la calle. Los escritores tienen exenciones fiscales que no existen en ningún otro sitio". O sea, ¿que sí que le gustaría encontrarse a una pandilla de bebedores de cerveza cantando versos suyos? "Esa tiene que ser la mayor satisfacción que quepa a un escritor".

En 2004, durante el primer viaje que condujo a este libro, Irlanda era un país rico, por primera y, de momento, última vez en la historia. ¿Qué cosas, no? "Hay una glorificación de la derrota en Irlanda, igual que la hay en Inglaterra y en Estados Unidos. Pero en Irlanda, más, porque nunca ganaron ninguna guerra. Ni su independencia: los ingleses sólo se fueron porque se aburrieron. Heinrich Boll decía que los irlandeses cantan a la derrota porque a algo tendrán que cantar". ¿Y no le aburre un poco esa épica de la derrota? "A veces, un poquito sí, la verdad".

Masticar la derrota

Sobre todo, porque cualquiera que haya viajado por Irlanda y haya tenido tiempo de subir a Belfast, sabrá que en el norte se mastica una sensación de derrota de verdad. Y que no es épica, ni romántica ni tiene gracia de ningún tipo. "Es que en el norte lo que existe es una exaltación de la victoria, de la batalla del Boyne, de la Orden de Orange... Bastante tenebroso. Estuve en Irlanda del Norte en 1971 y después en 1972 y 1973, como periodista, para cubrir los Troubles. Llegué por primera vez el día después del Bloody Sunday. Sólo había un hotel abierto, el Europa, y lo bombardeaban todas las semanas. Los católicos me daban información porque era español y me consideraban de los suyos; los protestantes no me hablaban. Notabas el odio y el miedo... Después, estuve en 1997, en 2004 y en 2011. El país ha cambiado mucho, es más rico. Los protestantes me hablan de vinos españoles, de sus vacaciones... Y los escenarios de la violencia se han convertido en un parque temático".

¿Y la idea de que Irlanda es encantadora pero que también un poco claustrofóbica? Que ojo con ser abstemio, homosexual o inglés. "Yo creo que Irlanda te deja ser cualquier cosa, lo que quieras. Tiene una riqueza cultural enorme y por eso te da libertad. Yo la comparo con Andalucía, que también es la región más culta de España, a su manera, por su memoria más que por excelencia académica, y que también es conservadora pero muy libre. Andalucía tiene mucho que ver con Irlanda: los desconocidos te hablan en los bares y el flamenco también tiene algo muy narrativo. Mucho más que Galicia".

Nos falta hablar del alcohol. "Los irlandeses tienen una frase... Un gay es un hombre con más interés por las mujeres que por el alcohol... Allí bebía Guiness, que dicen que alimenta. Pero no muchas. Un par de Guiness, no más. Después me pasaba al vino, el que tienen es sudafricano y muy caro". Casi mejor así.

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