Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Irresponsable coqueteo de los Mossos con la desobediencia

Logotipo de El Mundo El Mundo 26/09/2017 elmundo.es

La Generalitat sigue sometiendo a la Policía catalana a una ambigüedad que pone en riesgo la preservación del orden público en pleno desafío secesionista. En un gesto ostensible de desprecio, el mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, no acudió ayer a la primera reunión convocada por el coronel de la Guardia Civil, Diego López de los Cobos, tras decretarse el mando policial único para las operaciones relacionadas con el 1 de octubre. Pese a que él en persona estaba convocado, y después de una jornada en la que el propio Cuerpo no quiso aclarar quién acudiría a este cónclave, Trapero envió a Ferran López, comisario de Coordinación Territorial.

Esta decisión demuestra, por un lado, el malestar de los Mossos tras la orden del fiscal de coordinar la acción policial ante la convocatoria del referéndum ilegal; y, por otro, revela que el procés se encuentra exangüe. Cortocircuitada la hoja de ruta separatista y desarticulada la logística de la consulta, al bloque independentista sólo le queda agitar la calle y apelar a un apoyo internacional que ni recibe ni recibirá. Sin embargo, usar a la policía autonómica en su pulso al Estado constituye un ejercicio mayúsculo de irresponsabilidad.

La orden del fiscal para unificar las operaciones policiales al objeto de garantizar el orden público fue recibida por la Generalitat como una "injerencia del Estado". Así se expresó el sábado el conseller de Interior, Joaquim Forn, quien además sugirió que los Mossos incurrirían en desacato. Sin embargo, los Mossos difundieron el sábado por la tarde una nota en la que expresaban su rechazo a la decisión de la Fiscalía, si bien aseguraban que cumplirían con sus instrucciones. Con su ausencia en la reunión del mando único, Trapero sigue coqueteando con la desobediencia en un momento en el que ya se han registrado desórdenes públicos. Está previsto que el máximo responsable de los Mossos se persone hoy en la Fiscalía para intentar frenar la decisión de intervenir parte de sus competencias en Seguridad para el 1-O. De hecho, su enviado a la primera reunión llegó a proponer que los diferentes cuerpos sean coordinados por una Junta de Seguridad que en última instancia depende del propio Carles Puigdemont. Resulta un sarcasmo pretender que todos los agentes implicados terminen sometidos a las instrucciones del responsable político del 1-O.

Trapero acata formalmente las órdenes de la Fiscalía, pero más bien parece por su actitud que finge obediencia para evitar consecuencias judiciales. Y su deber es obedecer al fiscal. Primero porque así lo indica la ley. Y, segundo, porque en caso contrario se generaría una situación de desacato que, probablemente, obligaría al Gobierno a aplicar el artículo 155 o incluso a una intervención del Ejército. El propio fiscal general del Estado ha subrayado que si Trapero no acata las órdenes de la Guardia Civil, "tendrá consecuencias legales".

© Proporcionado por elmundo.es

La decisión de unificar el mando policial supone una decisión acertada y ajustada a la norma. El artículo 46.2 de la Ley de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado contempla que, en caso de concurrir diferentes cuerpos policiales, la dirección corresponde al Estado. El principal cometido de los Mossos es garantizar el orden público, algo en lo que fallaron estrepitosamente la semana pasada, a raíz de la última operación judicial.

En todo caso, el hecho de que esté en cuestión la conducta de los Mossos indica hasta qué punto de extrema gravedad ha llevado la Generalitat su desafío al Estado. Todo ello no habría sido posible sin haber monopolizado el espacio público durante las últimas décadas. Tal como publicamos hoy, uno de los pilares del separatismo ha sido la escuela, convertida en centro de adoctrinamiento antiespañol. Pero usar a los Mossos como arma arrojadiza contra el Estado al que deberían servir marca un nuevo hito de irresponsabilidad y cobardía. Puigdemont y sus socios no sólo se niegan a anular el referéndum de una vez: insisten en manipular a la policía autonómica para socializar la culpa que sólo a ellos corresponde.

Leer

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más el El Mundo

image beaconimage beaconimage beacon