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Isco para todos y todos para Isco

Logotipo de El Mundo El Mundo 01/10/2017 ORFEO SUÁREZ

La influencia de Isco crece en el Madrid de tal forma que hay que preguntarse por las influencias que crecen dentro del propio Isco. No todo tiene que ver con la titularidad, con las decisiones de Zidane. Algo debe haber madurado en este jugador que ha pasado de ser diletante a constante. El malagueño ha conseguido que el Madrid juegue con sus características después de frustrarse cuando intentaba lo contrario. Cristiano es el primero que ha detectado dónde se encuentran ahora las mejores vibraciones del equipo y busca a Isco como socio del mismo modo que siempre ha hecho con Benzema. Al matador, esta vez romo, le sientan bien ese tipo de compañías. Al Madrid, también.

[Narración y estadísticas: 2-0]

Cristiano e Isco se encontraron en el primero de los goles al Espanyol, aunque podría decirse que con los roles cambiados, el portugués como pasador. Isco resolvió con sutileza, sólo la puntita, en la llegada frente a Pau López, un portero tremendo en el mano a mano. A los 25 segundos de partido, el malagueño perdió un pulso idéntico, antes de que el arquero del Espanyol detuviera duros disparos del propio Cristiano o Asensio, además de un testarazo de Sergio Ramos.

© Proporcionado por elmundo.es

Las ocasiones se sucedieron en un primer tramo de asedio que el equipo de Quique Sánchez Flores, muy replegado, era incapaz de controlar. Quiso reducir el espacio al Madrid, evitar que pudiera correr, pero el conjunto blanco, hoy, puede atacar de la forma que quiera. Tanto repliegue favoreció las llegadas de Nacho, en la izquierda, y las incorporaciones de Sergio Ramos, que habitó durante largos minutos en el área contraria. Había tanto overbooking que Cristiano decidió retrasarse para entrar en contacto con la pelota, y desde ahí fue desde donde conectó con Isco o centró para un remate del capitán.

Su posición de nueve no tiene más obligación que el remate, el gol. Para Cristiano, no existen más deberes de tipo táctico, por lo que tiene libertad para abandonar el área en busca de espacios. No está ahí para fijar centrales. Sin Bale, lesionado en Dortmund, fue Asensio quien entró en el once, pero se trata de un centrocampista que llega o un delantero que no empieza en el área, como se prefiera. De esa forma, el Madrid era un equipo en permanente movilidad, con pocas referencias para el rival. La única solución era anticiparse, tener la pelota, pero fue algo que el Espanyol no hizo en todo el primer tiempo. Llegar al vestuario, en el descanso, con un solo gol en contra fue una suerte y una oportunidad.

Quique Sánchez Flores debió decir algunas cosas en la caseta: o los suyos salían de la cueva y obligaban al Madrid a correr hacia atrás, o estaban perdidos. Incorporó a Sergio García para darle al equipo criterio y tablas, y a Navarro. Hasta entonces Gerard Moreno no había sido capaz de aguantar el balón a la espera de la llegada de sus centrocampistas en las escasísimas llegadas de los blanquiazules. El balón al palo que lanzó antes del descanso fue testimonial. Leo Baptistao tampoco había encontrado socios.

El cambio fue inmediato y Navarro, nada más salir, fue el primero en poder beneficiarse. Keylor estuvo en su sitio. La pelota pasó a ser de los blanquiazules, rápidos en las transiciones defensa-ataque hasta encontrar al Madrid desposicionado. Moreno volvió a tener otra ocasión mientras el Madrid dudaba, con problemas en la salida del balón por parte de Varane. A su derecha, Achraf, el joven marroquí de la cantera, estuvo tierno. Por momentos, dio la sensación de que sus propios compañeros lo protegían al cederle escasos balones de riesgo. El Madrid, probablemente, no esperaba ese cambio en su adversario, aunque el Espanyol se vio coartado más tarde por la lesión de Sergio Sánchez, que obligó a Quique a retrasar a Navarro.

Los de Zidane, sin embargo, no han olvidado sus viejas costumbres. Por eso nunca está claro si el Madrid es más peligroso cuando tiene el balón o cuando no lo tiene, porque si lo recupera con espacios, es mortal. El dominio alterno que había logrado el Espanyol propiciaba esas situaciones, aunque esta vez no fue uno de los correcaminos blancos quien finalizó, sino el jugador más combinativo. De nuevo, Isco. El malagueño estaba en los tres cuartos, en el lugar preciso para que su carrera sea efectiva. Después de entregar a Asensio, profundo en la izquierda, esperó su devolución en el lugar preciso para evitar la salida del defensa y levantar el periscopio. Fue un Isco para todos y un todos para Isco.

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