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Israel y Palestina aceptan la invitación papal de reunirse en el Vaticano en junio

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 25/05/2014 Pablo Ordaz

Desde Amán a Belén, en helicóptero, sin pisar tierra israelí, el Papa Francisco inició su segunda jornada en Tierra Santa de la misma forma que concluyó la primera: invocando la necesidad de un proceso pacífico y urgente hacia la paz. “Animo a los pueblos palestino e israelí así como a sus respectivas autoridades”, dijo Jorge Mario Bergoglio ante el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, “a emprender un feliz éxodo hacia la paz con la valentía y la firmeza necesarias para todo éxodo”.

El papa Francisco se paró, rezó y apoyó su cabeza sobre el muro de separación en Belén, uno de los lugares más tristes del mundo porque simboliza el fracaso constante del diálogo entre hermanos. Francisco, además, invitó a los líderes de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, y al presidente israelí, Simón Peres, a "dialogar" sobre la paz en el Vaticano. Federico Lombardi, portavoz de la Santa Sede, confirmó que se trata de una invitación formal a ambos líderes para hablar de paz "en un sentido religioso". El encuentro, según Lombardi, puede tener lugar en el Vaticano en un breve espacio de tiempo.

El gesto espontáneo de Jorge Mario Bergoglio, que nunca había sido realizado por un Papa, fue acompañado por una invitación formal que tampoco estaba prevista. Junto al lugar donde la tradición dice que nació Jesús, Francisco dijo: “Señor presidente Mahmud Abbas, en este lugar donde nació el príncipe de la paz, deseo invitarle a usted y al señor presidente Simon Peres a que elevemos juntos una intensa oración pidiendo a Dios el don de la paz. Ofrezco la posibilidad de acoger ese encuentro de oración en mi casa, en el Vaticano”. Y añadió: “Construir la paz es difícil, pero vivir sin ella es un tormento. Los hombres y mujeres de esta tierra y de todo el mundo nos piden presentar a Dios sus anhelos de paz”.

Israelíes y palestinos aceptaron la invitación papal para que los presidentes Abbas y Peres dialoguen en el Vaticano en junio.

Aunque el viaje tenía en principio un marcado carácter religioso –la conmemoración del 50º aniversario del histórico encuentro entre Pablo VI y el patriarca ortodoxo Atenágoras–, la misma personalidad de Francisco, un pastor pegado a las inquietudes de la gente, por encima de credos o nacionalidades, está convirtiendo su visita en un alegato “vehemente” –la expresión es suya—por la paz en Oriente Próximo. “Desde lo más profundo de mi corazón”, ha dicho nada más aterrizar en Cisjordania, “y a la vez que manifiesto mi cercanía a cuantos sufren en mayor medida las consecuencias de este conflicto, deseo decir que, por el bien de todos, ya es hora de poner fin a esta situación, que se hace cada vez más inaceptable. Que se redoblen pues los esfuerzos y las iniciativas para crear las condiciones de una paz estable, basada en la justicia, en el reconocimiento de los derechos de cada uno y en la recíproca seguridad. Ha llegado el momento en que todos tengan la audacia de la generosidad y creatividad al servicio del bien, el valor de la paz, que se apoya en el reconocimiento, por parte de todos, del derecho de dos Estados a existir y disfrutar de paz y seguridad dentro de unos confines reconocidos internacionalmente”. 

Al igual que sucedió el sábado cuando alabó la labor mediadora en la región del rey Abdalá II, Francisco se dirigió al presidente Abbas en términos de agradecimiento: “Señor presidente, usted es conocido como un hombre de paz y artífice de paz. El reciente encuentro en el Vaticano con usted y mi presencia hoy en Palestina atestiguan las buenas relaciones entre la Santa Sede y el Estado de Palestina, y espero que crezcan por el bien de todos”. Un reconocimiento explícito a los dos líderes musulmanes de la región y una referencia al “Estado de Palestina” que inquietan en Israel a solo unas horas de que el papa Francisco inicie en Jerusalén la última etapa de su visita. Jorge Mario Bergoglio llegará esta tarde a la ciudad en helicóptero, después de haber celebrado una misa ante 8.000 personas en la plaza del Pesebre de Belén y de almorzar con un grupo de familias palestinas procedentes de Jerusalén Este, Galilea y Gaza.

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