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Jóvenes latinoamericanos, codo a codo con los Nobel

dw.com dw.com 02/07/2016 Alejandro Rebossio (DZC)
© 2016 DW.COM, Deutsche Welle

Como todos los años, lo más selecto de la ciencia se reunió en el sur de Alemania. Varios expertos de América Latina estuvieron allí.

Ninguno de los 29 ganadores del Nobel de Física que se reunieron esta semana en Lindau era latinoamericano, pero sí 15 de los 400 jóvenes científicos que departieron con ellos en el verano boreal de esta pequeña isla del sur de Alemania, en el lago Costanza. La experiencia de encontrarse con las leyendas de la ciencia dura y con otros pares de 80 países del mundo en un entorno tan agradable ha resultado estimulante para ellos. Sin embargo, varios han alertado desde aquí sobre los recortes que en estos tiempos de recesión está sufriendo en Latinoamérica los presupuestos de ciencia, que habían aumentado en este siglo pero que aún sigue siendo bajo respecto de las naciones desarrolladas y de las emergentes de Asia.

“Hoy en Brasil tenemos un golpe de Estado y tenemos recortes en las políticas sociales, la cultura y la ciencia”, lamenta la brasileña Gabriela Barreto Lemos, de 33 años, que está haciendo su beca posdoctoral en el Instituto de Óptica e Información Cuántica, de Viena, bajo el financiamiento del Estado austríaco. Lemos se refiere así a la suspensión de Dilma Rousseff en la presidencia brasileña mientras se desarrolla su juicio político en el Congreso por supuesta manipulación de las cuentas públicas.

“Es un desastre. Una América Latina sólida necesita de inversión en ciencia. En el Gobierno de Lula aumentó mucho la inversión. Ahora el de Michel Temer prometió que subirá la inversión del 1 por ciento al 2 por ciento del PIB en 2020, pero es una promesa que hace porque hay mucha gente insatisfecha con él”, relata esta científica de Brasil, el país latinoamericano que más invierte en investigación y desarrollo (I+D). Barreto es uno de los 30 jóvenes científicos que fueron seleccionados para exponer sus investigaciones ante sus pares y los Nobel en Lindau. Su estudio de los fotones podrá ser usado en la medicina para captar información hasta ahora inaccesible en células y huesos. El intercambio con jóvenes de todo el mundo ha sido lo que ella más ha valorado del encuentro en Alemania.

Promesas incumplidas

El mexicano Felipe Pacheco, de 32 años, investigador de carrera y profesor de la Universidad de Puebla, recuerda que el presidente de su país, Enrique Peña Nieto, había prometido que elevaría en sus seis años de gobierno la inversión en I+D del 0,4 por ciento al 1 por ciento, pero después de llegar al 0,6 por ciento han comenzado los ajustes. “Ha sido solo una promesa”, lamenta Pacheco, que investiga sobre amortiguadores granulares que están presentes en los alerones de las naves espaciales de la NASA.

“Ahora están aumentando los recortes. Al principio habían captado investigadores jóvenes”, recuerda su colega Miguel Ángel Bastarrachea, de 28 años, que investiga los sistemas cuánticos, fundamentales para el desarrollo de la computación, y por estos días se postula para ser investigador de carrera y hacer una beca posdoctoral en Europa. “Ahora todos los estudiantes consiguen becas del Conacit (Consejo de Ciencia y Tecnología), pero hay que mejorar la educación primaria en ciencia", lamenta Pacheco, encantado de haber conocido a varios Nobel e incluso de haber cenado con dos de ellos en una comida organizada por la Academia Mexicana de Ciencias. "La reforma educativa del Gobierno está castigando a los maestros, se los evalúa, pero no se los estimula ni capacita”, agrega el profesor de Puebla.

En aquella cena otro físico mexicano, Jorge Iván Amaro-Estrada, de 31 años, becario posdoctoral de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), aprovechó para preguntarle una duda al Nobel norteamericana Martin Karplus, lo que le servirá para sus investigaciones para inhibir elementos contaminantes en ciertas moléculas. “México debería invertir más en investigación si queremos estar a la altura de los países desarrollados. El número de investigadores ha aumentado, pero como porcentaje de la población no somos nada”, lamenta Amaro-Estrada.

La argentina Natalia Ares, de 30 años, está haciendo su beca posdoctoral en Oxford con financiamiento de la Unión Europea e investiga sobre estudios cuánticos en nanotubos de carbono que favorecerán el desarrollo de sensores. “La Universidad de Buenos Aires me dio la educación y siento que debería volver y contribuir, pero se complica mucho hacer tecnología cuántica en Latinoamérica, no solo por el dinero que hay que invertir en un laboratorio, sino porque se necesitan técnicos que arreglen los equipos, por ejemplo. En la Unión Europea ha habido una estabilidad económica que permite que en mi laboratorio trabaje el mismo técnico desde hace 30 años”, describe la científica de Argentina, que invierte el 0,65 por ciento del PIB en ciencia, el segundo mayor registro de la región.

“Además somos países en los que falta dinero y uno se pregunta hasta qué punto nuestra investigación beneficia a la sociedad. La ciencia debería redirigirse un poco más hacia la industria, y no solo hacer teoría”, aconseja Ares, que vino a Lindau para buscar inspiración en los Nobel para mantener la motivación en su carrera.

Conflicto armado

La colombiana Liliana Cortés, de 31 años, acaba de entregar su tesis doctoral en la Universidad Técnica de Darmstadt. Allí ha creado haces radiactivos que podrían usarse en el futuro para tratamientos de tumores cerebrales. Vino a Lindau para conocer la realidad de la física en el resto del mundo y a los últimos Nobel de la materia, Takaaki Kajita y Arthur McDonald. Continuará su carrera en Japón, pero después quiere volver a Colombia: “Se puede hacer tanto para mejorar el sistema de ciencia…. Hace falta más financiamiento y más organización. Hay mucha burocracia para acceder a becas y además son pocas. La universidad pública debería estar en mayor contacto con el sector privado”.

Al igual que en otros países latinoamericanos, como México y Argentina, Colombia tiene su programa de repatriación de científicos. “Pero no les dan las condiciones para hacer ciencia en Colombia, como laboratorios. Pero en un país sin comodidad para la gente y con tanta montaña de necesidades de infraestructura, es complicado instalar la agenda científica”, lamenta Cortés. Su compatriota Leonardo Ríos Echeverry, de 23 años, está haciendo su doctorado en la universidad privada de Los Andes, que lo beca y lo ha enviado a Lindau. Aquí se enteró de oportunidades para su beca posdoctoral en Europa y Estados Unidos. Ríos estudia las propiedades magnéticas de películas ultradelgadas, que a futuro pueden aplicarse para acelerar computadoras y teléfonos celulares.

“En mi universidad hacemos investigaciones como en los mejores lugares del mundo, pero en Colombia en general no se ve un gran esfuerzo para la investigación ni apoyo del Gobierno para las universidades. Es más fácil explortar recursos naturales que tienen un retorno a corto plazo, o es necesario invertir en el Ejército, por el conflicto armado. Espero que el acuerdo de paz permita que los trabajadores del campo vuelvan a sus tierras y que se reduzca el dinero del Ejército para hacer mejores cosas, como educación e investigación”, se esperanza el jóven científico colombiano.


Autor: Alejandro Rebossio (DZC)

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