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Jóvenes y fumadores en activo, perfil del europeo que 'vapea'

El Mundo El Mundo 17/06/2014 MARÍA VALERIO

En 2012, casi 30 millones de europeos probaron el cigarrillo electrónico. La mayoría de ellos tenía entre 15 y 24 años, eran fumadores de más de 20 cigarrillos (tradicionales) al día y habían intentando dejarlo al menos una vez en el último año. Ése es el perfil del usuario del 'e-cigar' que dibuja un artículo en la revista después de analizar los datos de más de 26.000 ciudadanos de 27 países europeos, entre ellos España.

Con los datos del Eurobarómetro 2102, un equipo integrado por científicos de la Universidad de Creta (Grecia), el Imperial College de Londres (Reino Unido) y la Universidad de Harvard (EEUU) acaba de elaborar uno de los mapas más detallados del vapeo en el continente. Y como ellos mismos defienden, sus conclusiones tienen importantes implicaciones de cara a trazar las políticas de salud pública en torno al cigarrillo electrónico en los próximos años.

Como Constantine Vardavas y sus colegas subrayan en este documento, más del 20% de los europeos respondió que había probado el cigarrillo electrónico, aunque la encuesta no permite definir con qué frecuencia o durante cuánto tiempo en los 12 meses previos. Desglosando los datos por países, España es uno de los estados con una tasa más baja de vapeadores, con un 10,9%, muy por debajo de los países con más usuarios de los e-cigarrillos (como la República Checa, 34,3%; Bulgaria y Polonia, 31%; Luxemburgo, 28% o Francia, 22,6%).

España es también uno de los países donde el número de personas que considera que estos dispositivos electrónicos con peligrosos para la salud (48,9%), por encima de la media europea, situada en el 40,6%. Aunque como recuerdan los investigadores, conocer sus riesgos no parece ser un impedimento para probar los e-cigars.

Debido al alto porcentaje de estos dispositivos de nicotina inhalada que son fumadores de tabaco tradicional (20%, frente al 1% de no fumadores), los especialistas en salud pública consideran que muchos europeos están experimentando con el vapeo como un camino para intentar dejar de fumar, pese a que el uso de los cigarrillos electrónicos con este fin no está demostrado científicamente. De hecho, aquellos fumadores que habían intentado dejar su hábito en el último año tenían el doble de probabilidades de haber probado la nicotina líquida que los que no habían intentado dejarlo.

Según Francisco Rodríguez Lozano, presidente del Comité Nacional de Prevención de Tabaquismo (CNPT), este uso de los vapeadores por parte de quienes están intentando dejar de fumar no es sorprendente, "porque muchos pensaron inicialmente que podía servir, y que era menos tóxico que el tabaco". Sin embargo, asegura, la información que han divulgado los médicos y la falta de estudios que demuestre que el vapeo es superior a otros métodos, como los parches o los chicles de nicotina, "ha hecho que no cuaje" en nuestro país.

© Proporcionado por elmundo.es

A esto se suma que la OMS sigue aconsejando que no se usen los cigarrillos electrónicos para dejar de fumar y la legislación que prohíbe su uso a menores y en sitios públicos, así como las limitaciones a la publicidad, "por lo que después de unos años de boom, en España estamos viviendo un cierto decrecimiento, lo que coincide con los datos que da este estudio", apunta Rodríguez Lozano. A su juicio, además de todo esto, el trabajo insiste en que "hay que investigar mucho más para poder regularlos y establecer claramente si pueden servir para algo o no".

Los propios autores del citado trabajo piden más investigación en este campo y reconocen que existen voces divididas, entre quienes consideran que el cigarrillo electrónico tiene menos riesgos para la salud y, al menos a nivel individual, ese cambio puede ser positivo; y quienes temen que el gesto de fumar nicotina líquida pueda volver a normalizar socialmente el gesto de fumar.

La normalización de fumar que está logrando el vapeo puede ser especialmente dañina entre los jóvenes, principal nicho de mercado del vapeo, según el mismo estudio, que recuerda que se desconocen con exactitud los riesgos para la salud de inhalar algunos de los ingredientes del vapeo (incluida la nicotina).

De hecho, otro estudio estadounidense en la misma revista alerta de la facilidad con la que nuevas marcas y tipos de cigarrillos electrónicos se venden por Internet cada mes, y que eleva hasta más de 200 el número de sabores disponibles. Aunque algunas de estas marcas de venta on line, que representan entre el 30% y el 50% del mercado del vapeo y escapan en muchas ocasiones a la regulación, sí indican claramente sus ingredientes, los investigadores recuerdan que esto no es así en todos los casos.

Este segundo trabajo -publicado también en Tobacco Control- lleva la firma de Madeleine Lee y su equipo de la Universidad de San Diego (EEUU), que calculan 10 nuevas marcas y 240 sabores nuevos llegan a la Red cada mes. Y aunque la agencia estadounidense del medicamento (FDA) prohíbe la venta de estos productos a menores (como ocurre en Europa), los e-cigarrillos de venta on line pueden escapar fácilmente a esta prohibición. Sólo en EEUU se calcula que el mercado de los vapeadores mueve un negocio en torno a los 2.000 millones de dólares y, como sus colegas europeos, advierten de que esta realidad supone un verdadero reto para las autoridades reguladoras que tendrán que aclarar cuanto antes todas las cuestiones aún pendientes en torno a su seguridad y posible eficacia para dejar de fumar.

En este sentido, Carlos Jiménez, director del programa de investigación de tabaquismo de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), lamenta que "la regulación haya excluido la consideración de los cigarrillos electrónicos como medicamentos". Esa posibilidad, explica, hubiera permitido la posibilidad de realizar ensayos clínicos que realmente aclararan el debate y hubiera exigido a los fabricantes que en todos los procesos implicados "se cumplieran las estrictas normas que deben cumplir los medicamentos".

Para Jiménez, las compañías fabricantes están siguiendo la senda marcada por las tabaqueras hace décadas, con el objetivo de que "el cigarrillo electrónico sea el negocio del futuro" en el primer mundo, mientras que "los cigarrillos manufacturados lo sigan siendo en los países en vías de desarrollo".

Como pasó con el tabaco convencional, señala, "los efectos no se verán más que a largo plazo", por lo que "es fundamental el control de estos productos desde un punto de vista sanitario", concluye.

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