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Jackie Kennedy: la fotógrafa que hizo temblar al imperio

El Mundo El Mundo 08/06/2014 PABLO SCARPELLINI

Delicada como el cristal, elegante como la aristocracia que nunca tuvo el imperio, víctima de los abusos del clan al que decidió sumarse para convertirse en leyenda. Suena a canción de Sabina, o a descripción a grandes rasgos del percibir general del público de la Primera Dama más venerada de todos los tiempos, de , una mujer que, además de todo eso, también fue astuta, frívola y ambiciosa, empeñada a toda costa en emparentar con el poder.

Así dibuja su retrato un nuevo libro sobre su figura que está a punto de ver la luz, 'Jacqueline Kennedy Onassis: A Life Beyond Her Wildest Dreams', una obra de dos conocidos biógrafos como Darwin Porter y Danforth Prince, dando cuenta, además, del hartazgo de la mujer del Presidente después de décadas de infidelidad y traición.

Vienen a decir, a grandes rasgos, que la bala que le estalló en la cabeza aquel 22 de noviembre de 1963 en Dallas al mandatario evitó un escándalo en puertas. Fue un final cruel e inesperado para un hombre al que, quizá sin saberlo del todo, le esperaba un sonado divorcio con consecuencias políticas impredecibles, acostumbrado a hacer lo que le venía en gana en cuestiones de faldas desde antes incluso de conocer a su mujer.

No solo fue su asunto con Marilyn Monroe, indudablemente su affaire más publicitado, sino sus múltiples escarceos con otras mujeres en aquellos años de Guerra Fría y de crisis de los misiles con Cuba que marcaron su presidencia, una trayectoria suficiente para que dijera «basta».

La obra de Porter y Prince refleja una fascinante etapa de la historia americana, que no sólo tuvo profundas implicaciones para un mundo dividido entre los egos de las dos súper potencias, sino que vivió entre bastidores asuntos muy comprometedores para la Casa Blanca. Incluso Joe Kennedy, el padre del mandatario, tuvo que intervenir para frenar lo que veía inevitable. «Hay peligro de que te conviertas en una mujer católica divorciada», le dijo a su nuera. «Te sugiero que te saques la idea del divorcio de la cabeza».

El asunto fue mucho más allá de un simple consejo, puesto que el patriarca del clan le llegó a ofrecer un millón de dólares a cambio de desistir de sus intenciones y hasta 20 millones si su hijo decidía volver a casa con una enfermedad venérea por acostarse con quien no debía.

Matrimonio lleno de engaños

Es una situación que podría haber sucedido incluso antes de que Kennedy accediera a la presidencia tras imponerse a Richard Nixon en las elecciones de 1960. Ya siendo senador, la ambiciosa señora Kennedy quiso romper con ese matrimonio lleno de engaños y decepciones, lo que sin duda hubiera arruinado el sueño del clan de Massachusets de tener a uno de sus miembros sentado en el sillón del despacho oval de la Casa Blanca. Los implicaciones políticas pasaban también en aquella época por el dormitorio.

Además hubiera truncado las esperanzas de la propia Kennedy, una mujer ambiciosa que logró que su primer marido la convirtiera en Primera Dama del país y que el segundo la llevara a ser una de las mujeres más ricas del mundo, esposa de Aristóteles Onassis como fue hasta la muerte del magnate en 1975.

La biografía sobre la mujer nacida en Southampton, Nueva York, en 1929, describe los inicios de esa ambición, que la transportaron a las más altas cotas del estamento social siendo antes una modesta fotógrafa de prensa para el ya desaparecido Washington Times-Herald. Se sabe que estaba escribiendo un guión sobre la cuarta primera dama de Estados Unidos, Dolley Madison -que nadie en Hollywood le quiso comprar, por cierto-, y que era adicta al tabaco de mascar, todo ello mientras tramaba cómo llegar hasta un hombre rico que la de una asalariada del periodismo de calle.

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«No tengo planes de casarme con un reportero, pero quizá, a través de conexiones, puede que conozca a un hombre que sea rico», dijo en una ocasión. Algo que llegaría pronto tras conocer al brillante político de la mano de un colega, Charles Bartlett, el hombre que no sólo le presentó a Kennedy, sino que pudo presumir de haber salido antes con Jacqueline Lee Bouvier.

«Era muy mona, muy dulce e impecable, o al menos eso pensé en aquel momento», dice Bartlett. La joven Bouvier tuvo que ver también con John White, un empleado del Departamento de Estado que llegó a estar locamente enamorado de Kick Kennedy, hermana del futuro presidente y que falleció en 1948 en un accidente de avión.

White da cuenta en el libro del deseo de Kennedy de cazar un marido interesante. «Prefiero que sea americano, pero me conformaría con un hombre británico, quizá un francés. Si es británico, quiero que se parezca al príncipe Philip», dijo entonces la aspirante a gran dama de la alta sociedad. Son voces que han ayudado a construir un perfil de una mujer que supo colmar sus ambiciones, pese a las humillaciones continuas de su primer marido.

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