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John Malkovich: "Si no hay emoción, una película es irrelevante"

Logotipo de El Mundo El Mundo 29/09/2017 DARÍO PRIETO

"Tengo 63 años y, con esta edad, he hecho cientos de millones de horas de entrevistas de un asunto de lo más aburrido: yo". John Malkovich (Illinois, 1953) no es de esas personas especialmente pasionales en su relación con los medios. Tampoco de las distantes. "Vengo de una familia de periodistas, así que no tengo ningún problema con ellos. Lo que no me gusta no tiene que ver con el periodismo, sino con mi tiempo. Mi hija trabaja aquí en San Sebastián y quiero verla. Siempre he dejado a los medios hacer su trabajo. Igual con los críticos: pueden odiar lo que hago, que no pasa nada".

© Proporcionado por elmundo.es

Malkovich preside estos días el jurado del Festival de Cine de San Sebastián, que acaba mañana. Además de ser un habitual de Zinemaldia, donde ha recibido el Premio Donostia (en 1998) y presentado casi toda su filmografía reciente, su relación con la ciudad es todavía más estrecha desde que su hija Amandine trabaja en el restaurante Arzak.

Así que el vizconde de Valmont de Las amistades peligrosas vive la experiencia como algo casi hogareño y una de sus últimas actividades puramente cinematográficos, centrado como está en el teatro, el diseño de su propia línea de moda y la producción de vinos en su retiro del sur de Francia.

"Es interesante ver películas, sus historias, lo que interesa a la gente de ellas, cómo se construye el relato, ver cómo trabaja otra gente... Tratar de medirlas, comparativamente es complicado, otra historia", explica en un momento de descanso en la dinámica de visionados del comité. Y aunque no quiere aventurar nada de sus valoraciones, sí que desvela cómo funciona su juicio crítico: "Si no hay emoción en una película, ésta acaba siendo irrelevante. Un filme técnicamente muy logrado que no consigue llevarte emocionalmente a ningún lugar no vale la pena, no tiene nada".

Pero eso no es lo único. "En las pocas veces que he estado en un jurado he descubierto que, aparte del dictamen, lo importante es saber ver qué película puede ser ayudada por esa decisión", explica. "Lo cual", reconoce, "puede ser un poco injusto. Porque, a ver, tienes un filme que es genial y que sabes que va a ir bien. Pero tienes otro que es igualmente genial y necesita un empujón para emocionar e interesar".

Y pone como ejemplo una experiencia pasada: "Estuve en el jurado de un festival de cine terror en Francia hace unos cuantos años y Ken Russell, el cineasta inglés, era el presidente. Escogimos una película llamada Screen, que terminaría siendo un éxito abrumador y demencial, una de esas sagas increíblemente populares de que se hicieron 8.000 secuelas. Y Ken estaba tan enfadado porque hubiésemos escogido esa película que abandonó el jurado. Mirando en retrospectiva, posiblemente tenía razón. Porque no nos pedían que escogiésemos la película que tuviese mayor éxito comercial".

Según él, "lo mejor para el festival de San Sebastián no es que gane una película que funcione bien en España o los países hispanohablante, ni siquiera en el País Vasco". Tiene que ser una "que salga de aquí y pueda ser vista por la gente en cualquier lugar. Y ése puede ser un filme de cualquier género, hecho por cualquier cineasta y en cualquier país".

Malkovich dice no echar de menos la vorágine de Hollywood, pero tampoco dice que su semirretiro del cine sea únicamente por voluntad propia. "Cuando llegas a una cierta edad, hay menos papeles para ti. En mi caso, he optado por hacer otras cosas y diversificarme. Tengo un papel importante en la película de Louis C.K. y el invierno pasado hice por toda Europa un montaje híbrido entre ópera y teatro, donde interpreto a una especie de Gadafi/ Sadam Husein. Es el tipo de proyectos para los que me llaman". Por lo demás, llena su tiempo "con cosas que me interesan. Si no hay nada que me despierte mi interés para actuar en una película, haré otras cosas, porque he dirigido, producido, hecho moda, vinos..."

En cualquier caso, el dinero parece un asunto lejano al universo de Malkovich en estos días. "Tanto si eres un conductor de autobús, una estrella de fútbol o un periodista, intentas obtener todo lo que puedes", expresa. "Si un actor obtiene 20 veces el dinero que me pagan a mí, no me importa, porque puedo ganarme la vida. Sí que me planteo qué sentido tiene que un profesor gane, no sé, 22.000 euros al año y un broker, 100.000 en un minuto. Es como funciona el sistema económico y yo no lo he hecho así".

Tampoco parece ser presa de los ataques de nostalgia o de ego al recordar Cómo ser John Malkovich (1999), la película de Spike Jonze y Charlie Kaufman a mayor gloria suya. O no. "La primera vez que la vi fue en un pase y no fue muy bien: era muy larga. De esa versión, Jonze recortó 20 minutos y la volví a ver en la Mostra de Venecia, ya por última vez. Sentí entonces que era un filme muy divertido e inteligente. Siempre pensé que Spike había rodado algo genial, pero también le di mi opinión: que se centrase en el humor, porque ya era una película con suficiente poso en su guión". El resultado final fue "una obra interesante y original, importante desde el momento en que introdujo en la escena cinematográfica mundial el universo de Charlie y Spike. Y después de ello, iniciaron una serie de trabajos excelentes. No prefiero Cómo ser John Malkovich a Adaptation, Synecdoche, New York o Her".

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