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Juergas, paneles y 'software': así nació el millonario sueño solar de Elon Musk

Logotipo de El Confidencial El Confidencial 25/08/2016 José Manuel Blanco
Elon Musken la sede de Space X, otra de sus empresas © Externa Elon Musken la sede de Space X, otra de sus empresas

“Tuvimos durante casi diez años una norma general en contra de invertir en empresas de tecnologías limpias [...] Pero a nivel concreto, parecía que Elon tenía las dos firmas de tecnologías limpias más exitosas de Estados Unidos. Preferíamos considerar que se trataba de pura chiripa”. Quien dice esto es Peter Thiel, cofundador de PayPal, el primer gran éxito de Elon Musk, e inversor de capital riesgo. Thiel se equivocó un poco. Mientras Musk apoyaba a sus primos en una aventura relacionada con la energía solar, estaba incentivando también sus propios negocios.

SolarCity, esa compañía de energías renovables por la que nadie apostó hace una década, quería ser la ayuda ideal para las baterías eléctricas de los coches de Tesla. Sin embargo, el pasado mes de junio se supo que Musk había salido al rescate de la empresa de sus primos, lo que llevó a una caída del 12 % del precio de las acciones de Tesla. A comienzos de agosto, Musk anunció sus planes de fusión, en una operación que costará 2.600 millones de dólares en acciones a la compañía y que está siendo investigada.

SolarCity surge de una amistad de la infancia, la amistad entre tres primos, Elon Musk y los hermanos Lyndon y Peter Rive. Los tres se habían criado en Sudáfrica y a finales de los 90 vivían en Estados Unidos. Entonces los hermanos Rive habían demostrado un interés por la tecnología parecido al de su primo: iban por las calles de Santa Cruz (California) en sus monopatines y acudían a comercios para ofrecer su ayuda con los sistemas informáticos. Duraron poco tiempo: “No tardaron en darse cuenta de que tenía que haber una forma más sencilla de vender sus habilidades tecnológicas que ir ofreciéndose puerta a puerta”, escribe el periodista Ashlee Vance en ‘Elon Musk, el empresario que anticipa el futuro’ (ediciones Península), una biografía en la que colaboró el propio fundador de Tesla.

Los hermanos Rive cuando iban por Santa Cruz en monopatín. | Imagen: Steve Jurvetson | Flickr © Proporcionado por El Confidencial Los hermanos Rive cuando iban por Santa Cruz en monopatín. | Imagen: Steve Jurvetson | Flickr

Y así fue: los hermanos Rive crearon un ‘software’ con el que controlaban a distancia los sistemas de sus clientes y automatizaban muchas de las tareas, como la instalación de actualizaciones. El programa lo promocionaron a través de una nueva compañía llamada Everdream, sirviéndose incluso de publicidad de impacto: en una valla publicitaria de Silicon Valley, Lyndon aparecía con los pantalones bajados y un ordenador en la entrepierna. También, un mensaje: “Que no le pillen con los sistemas caídos”.

Años más tarde, en 2004, los hermanos buscaban nuevos retos para ganar dinero pero también para “sentirse bien todos los días”, según palabras de Lyndon. Aquel verano, ellos y Elon alquilaron una autocaravana y se fueron de juerga al festival Burning Man, que con los años se ha convertido en un punto de peregrinación para los miembros de Silicon Valley. Durante el trayecto, charlaron sobre negocios, y Musk le sugirió el mercado de la energía solar: había investigado y creía que ahí existían posibilidades de éxito.

La idea entusiasmó a los hermanos. “Pasaron dos años estudiando la tecnología solar y la dinámica del negocio, leyendo informes de investigación, entrevistando a gente y asistiendo a conferencias”, cuenta Vance en el libro. Durante una de las actividades de un evento sobre energía solar, percibieron que todos los conferenciantes, dedicados a la instalación de equipos solares, respondían igual a una pregunta del moderador: ¿qué hacían para que las placas fueran más asequibles? “Todos respondieron lo mismo”, recordaba tiempo más tarde Lyndon. “Dijeron que estaban esperando a que bajase el precio de las placas. Ninguno había decidido abordar personalmente el problema”.

Los hermanos se habían dado cuenta de que instalar las placas no era fácil para el consumidor: tenía que comprarlas y buscar a alguien que las instalara por él. Además, había muchos que no se atrevían a adquirirlas porque sabían que en un año estarían obsoletas. Y lo que es peor: no tenían siquiera la certeza de que su casa fuese a recibir la suficiente luz solar.

Por ello, Lyndon y compañía optaron por simplificar el proceso fundando en 2006 SolarCity. Ellos se encargarían de todo: comprar los paneles, desarrollar ‘software’ para analizar el consumo de energía o la posición de la vivienda... Además, el cliente no pagaba las placas por adelantado, sino que las arrendaba por un tiempo pagando una cuota mensual fija. Cuando terminaba este contrato, el cliente podía mejorar el sistema con placas más eficientes.

Premier UNLV fireworks held on the North Field on August 26, 2010/UNLV Photo Services / GERI KODEY © Proporcionado por El Confidencial Premier UNLV fireworks held on the North Field on August 26, 2010/UNLV Photo Services / GERI KODEY

Detrás de la estructura de SolarCity también se encontraba la mano de Musk, que se convirtió en su presidente y mayor accionista, pues poseía un tercio de la compañía. Seis años después, ya era el mayor instalador de placas solares del país. Le ayudó la caída de precios de las placas con la entrada de los productos chinos y los contratos con empresas como Intel o Walmart. En 2014, dos años después de salir a bolsa, valía cerca de 7.000 millones de dólares (más de 6.180 millones de euros).

Curiosamente, mientras la firma estaba creciendo no encontraron el apoyo de muchos inversores, tal y como recordaba Peter Thiel. Vance cuenta en su libro cómo en Silicon Valley ya se había apostado por firmas ecológicas y los resultados no habían sido buenos. “La gente había metido dinero en esas tecnologías porque parecía que era lo correcto, no porque tuvieran sentido desde el punto de vista económico”, escribió. Automóviles eléctricos, placas, sistemas de almacenamiento… La tecnología contó con el dinero pero no dio los resultados esperados.

La teoría del campo unificado

Sin embargo, SolarCity alcanzó el éxito. Para Musk era una jugada maestra, pues creía que la energía solar era el futuro y, sobre todo, que le ayudaría a lo que se denomina “teoría del campo unificado”, es decir, a la unión de todas sus 'startups' para un objetivo común.

Para Musk, todas sus ideas de negocio están interconectadas a corto y largo plazo. Así, Tesla comenzaría a fabricar paquetes de baterías. A su vez, SolarCity daba a los usuarios de los coches de Tesla estaciones de carga gratuitas con paneles solares. Es más, precisamente en esta teoría los usuarios juegan un papel clave: hay muchos compradores que imitan el estilo de vida de Musk y adquieren placas solares para sus casas.

La teoría también se cumple con SpaceX, otro de los proyectos de Musk, dedicado al transporte aeroespacial. En este caso, se relacionan a nivel interno con información sobre materiales o técnicas de fabricación. Aunque la teoría, también, va un paso más allá al entrar SolarCity en la estructura de Tesla.

Elon Musk tiene nuevos retos con la adquisición de SolarCity. | Imagen: JD Lasica | Flickr © Proporcionado por El Confidencial Elon Musk tiene nuevos retos con la adquisición de SolarCity. | Imagen: JD Lasica | Flickr

Fue en aquel 2014 en el que la compañía valía ya 700 millones de dólares cuando SolarCity comenzó a vender sistemas de almacenamiento de energía en asociación con Tesla Motors, la filial de coches eléctricos de Musk. Eran paquetes de baterías que se podían comprar para mantener el suministro de grandes consumidores durante la noche, en apagones o en las horas de mayor tarificación de la red eléctrica. Además, en aquel año compraron un fabricante de células solares, por lo que comenzaron a facturar sus propias placas. De este modo, aplicando su propia tecnología, reducían precios; también, se aseguraban un suministro estable de placas.

Gracias a esta teoría de unificación, las acciones de una de estas organizaciones ‘familiares’ podían subir si otra lo hacía. Desde 2012, y a la vez que los lanzamientos de cohetes de SpaceX tenían más éxito, la competencia empezó a ver con otros ojos todo lo que Musk había sido capaz de crear. A principios de 2014, Tesla obtuvo 2.000 millones de dólares (1.760 millones de euros) mediante la venta de bonos.

En la actualidad, tras la compra de toda SolarCity, otra muestra de esa teoría del campo unificado es la construcción de techos solares por parte de Tesla. Según dijo Musk hace unas semanas, forma parte de su plan para popularizar la energía solar (aunque parece que en el pasado no tuvo éxito). "No podemos hacer esto si Tesla y SolarCity son entes diferentes, que es por lo que necesitamos combinar y romper las barreras inherentes de ser dos compañías separadas", ha dicho Musk.

Desde entonces han pasado muchas cosas, entre ellas una fuerte reestructuración de SolarCity, con despidos y reducciones de salarios incluidos, anunciados hace solo unos días. "Esperamos volver a crecer en 2017, pero tenemos que reducir costes en el corto plazo para estar en una buena posición de conseguirlo", aseguró un portavoz la semana pasada en un comunicado. A medida que la demanda de paneles solares cae en EEUU, SolarCity se ha visto forzada a ajustar su estrategia de ventas, y no todo el mundo tiene ya claro que la idea de Musk de crear un solo conglomerado con todas sus compañías sea de hecho tan buena ni viable.

De aquel lejano 2004 en el que un festival de verano ayudó a estrechar una amistad hasta ahora, todos los pasos que ha dado Musk buscan que la energía solar se convierta en la mayoritaria en el futuro. Lo que unos primos ayudaron a construir ahora pretende convertirse en un paso más del éxito de este emprendedor. El tiempo dirá si finalmente lo consigue.

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