Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Julio González de Buitrago: "Los Aznar querían una tarta cada día y el presidente helado de café"

La Vanguardia La Vanguardia 02/06/2014 Lorena Ferro

El helado de café era sagrado para José Maria Aznar en La Moncloa, tanto, que no tenerlo siempre disponible en el frigorífico se podía convertir en poco menos que una crisis de Estado. Adolfo Suárez, en cambio, no era tan exigente, pero no podía pasar sin su crema de legumbres. Estas son algunas de las intimidades culinarias del palacio presidencial que ahora desvela el que fuera su Jefe de cocina durante más de tres décadas, Julio González de Buitrago (Sotillo de las Palomas, Toledo, 1944), en La cocina de La Moncloa (Espasa). El chef, que reconoce estar un poco “abrumado” por el interés que su libro ha despertado y al que cuesta sacarle más secretos de los que desvela en el libro, entró “de casualidad” en la cocina presidencial después de trabajar en varios restaurantes y pizzerías. Acabó dando de comer a cinco presidentes del Gobierno (Suárez, Calvo-Sotelo, González, Aznar y Zapatero) e infinidad de mandatarios, entre los que recuerda a la Reina Isabel o a Mitterrand. Al expresidente de la República Francesa le gustó tanto un plato del cocinero que se lo hizo repetir tres días seguidos. También tuvo gran éxito el gazpacho de sandía que preparaba para los Zapatero, tanto que Zarzuela llamó pidiendo la receta para preparársela al Rey. De Buitrago se jubiló justo con el último cambio de inquilino –Rajoy- y desde entonces vive a caballo entre Madrid y su pueblo natal donde cuida de su huerto.

- De la pizzería a la Moncloa ¡Menudo cambio!
¡Ya lo creo! ¡Drástico! Trabajé en muchos tipos de restaurantes. Todo es experiencia.

- La prueba para entrar en la cocina presidencial fueron crepes ¿De qué los hizo?
Solo había que hacer la pasta. La verdad es que entré a la Moncloa de casualidad. Mi cuñado trabajaba en el parque móvil y me dijo que necesitaban personal en la cocina para las vacaciones. Me dijeron si quería hacer un extra y dije que sí porque me picaba la curiosidad (risas). Hice un par de extras y luego me ofrecieron trabajar.

- Debutó en La Moncloa con el presidente Suárez ¿Qué tal con él?
Fenomenal. Era una persona encantadora y con una sonrisa en los labios continuamente. Le tenía mucho afecto.

- ¿Es del presidente del que guarda mejor recuerdo?
Tengo un gran recuerdo de todos… Lo que pasa es que hay algunas personas… Los Calvo-Sotelo es como si fueran de mi familia y fuera de La Moncloa he continuado el vínculo. Tengo una gran relación con Doña Pilar (esposa de Calvo-Sotelo).

- ¿Y tiene relación con alguno de los mandatarios?
No… Al principio me llamaban en alguna ocasión, pero se va uno distanciando…

- Usando términos culinarios ¿Cuál ha sido el presidente más soso y cuál el más salado?
No le podría decir… Todos se han portado muy bien conmigo y catalogarlos de sosos o salados… A algunos les gustaban más las verduras, por ejemplo a la familia Zapatero; siempre estaban con los regimenes especialmente por las niñas porque las pobrecitas mías tenían el problema de engordar. Pero nada más.

- Pero habrá alguno del que guarde un recuerdo un poco más especial.
Bueno… con los Calvo-Sotelo porque he tenido mucha más relación.

- ¿Recuerda el plato preferido de todos los presidentes?
A Suárez le encantaba el cocido y cuando sobraba le gustaban mucho los garbanzos fritos. Y por la noche, todos los días del año, había que hacerle una crema de legumbres porque comía muy poquito, aunque de todo.

- ¿Y del resto?
A Calvo-Sotelo siempre la ha gustado el steak tartar… Pero en general a todos les gustaba el rabo de toro, los morcillos braseados… ese tipo de cosas. Todos los presidentes han sido muy similares en lo que a gustos se refiere.

- Desvelar lo que comen los mandatarios puede ser casi una cuestión de Estado ¿Le han puesto muchos inconvenientes para publicar el libro?
No, no. No he tenido ningún problema. Nadie me ha dicho nada.

- ¿Cuál era la familia más ‘tiquismiquis’ con la comida?
La más estricta Quizás los Aznar han sido un poco más estrictos… pero sobre la comida no ha habido problema.

- ¿Fueron los que más complicado se lo pusieron?
No es que fuera más complicado, simplemente que eran distintos. Pedían una tarta cada día y el presidente tomaba siempre un helado de café que tenía que ser de una marca concreta. Era impepinable. Lo comía por el día y por la noche. En La Moncloa teníamos siempre este helado, pero al principio no sabíamos que había que llevarlo cuando salíamos fuera porque no era tan fácil de encontrar…

- ¿Y qué pasó?
Fuimos a Jaén y nos pidió el helado pero no teníamos. Mandamos a un conductor a buscarlo por los alrededores y no hubo forma de encontrarlo. Ese fin de semana no lo pudo tomar y a partir de entonces donde íbamos iba con nosotros el helado (risas). Donde íbamos venía con nosotros, por avión o por donde hiciera falta (risas).

- Felipe González era el más cocinillas ¿Qué preparaba?
Ha sido el que más ha bajado a la cocina, sí. En alguna ocasión le mandaban un pescado de su tierra llamado Dentón y le gustaba hacerlo a la sal.

- Precisamente con él llegó la modernización de la infraestructura de la cocina.
Sí, es que ya estaba bastante obsoleta, deteriorada. Hubo que empezar a renovarla porque había cacharros de aluminio que cambiamos poco a poco por acero inoxidable, que es mucho más higiénico y más fácil de usar.

- Los más sanos eran los Zapatero ¿Y los que menos?
Poníamos verdura muy a menudo con todos… Lo que pasa es que la esposa de Zapatero quería verdura todos los días: verduras, verduras y verduras. Y por la noche ensaladas. Pero no es que fueran más o menos sanos.

- También fueron los más austeros ¿Quién gastó más en comida?
No es que fueran más austeros, pero cuando en La Moncloa vivían Felipe González o José Maria Aznar había una cantidad muy grande de recepciones porque es cuando más se dio a conocer España y venían muchos mandatarios. Y al haber muchas comidas, lógicamente, se gastaba un poquito más. Con Zapatero había menos recepciones, por eso se gastó menos, pero en el día a día el gasto era más o menos como con los demás.

- Cada cocinero tiene su estilo ¿Tuvo que reinventar el suyo con algún presidente?
No… Lo que pasa es que cada familia era distinta y, de antemano, las esposas ya me informaban de sus gustos y trabajábamos sobre ellos. Al mismo tiempo, se iban introduciendo platos distintos que iban teniendo aceptación. Pero se hacía de todo.

- Pero seguro que su cocina gustaba más a algún presidente…
No… Quizás unos platos tenían más aceptación que otros pero se intentaba por todos los medios renovarse.

- ¿Qué platos tenían más aceptación?
El osobuco… y el rabo de toro era una de las cosas que siempre les ha gustado a todos.

- También cocinó para mandatarios de todo color y procedencia ¿Sentía la presión de que sus platos podían determinar decisiones políticas?
Sí… Intentábamos por todos los medios quedar bien. Protocolo, informados por la embajada, nos enviaba una circular de las cosas que no debíamos poner porque quizás los invitados eran alérgicos o tenían algún problema. A partir de ahí, se intentaba servir lo mejor posible o lo que sabíamos que más les podía gustar.

- ¿Se ganó a algún mandatario a priori difícil por el estómago?
(risas). Sí, bueno… Con la Reina de Inglaterra hicimos las famosas pastas de té y le gustaron mucho. Y a Mitterrand le pusimos un ajoblanco y nos pidió la receta para llevársela.

- ¿Qué dirigente le sorprendió más?
Mitterrand, precisamente. Felipe González me encargó que preparara un par de comidas para el presidente francés porque iba a pasar unos días en Andalucía. El primer día me veía un poco desbordado porque eran las ocho de la noche y nadie me decía qué tenía que hacer para la cena así que decidí preparar una crema de verduras y unos medallones de merluza a la romana. Al día siguiente apareció el médico de Mitterrand diciendo que al presidente le había sentado muy bien la cena y a los cinco minutos apareció él dentro de la cocina. Me preguntó qué llevaba la crema. ¡Y me la hizo repetir tres noches seguidas! Lo conquisté por el estómago. Lo pasamos muy bien aunque al principio yo iba, hablando en plata, un poco acojonaillo (risas).

- ¿Y le han rechazado algún plato?
No. Recuerdo que teníamos una merluza a la marea negra que hacíamos con tinta de calamar. Pero hubo un problema de marea negra y tuvimos que cambiar el menú porque podía ser una ofensa. ¡Hay que cuidar mucho todas esas cosas!

- También había que cuidar mucho el tema de las espinas y huesos ¿Verdad?
Claro. No puede ser que los comensales se anden sacando cosas de la boca. Se intentaba que el comensal comiera lo más fácil posible. Seguro que alguna espina se me coló (risas) pero cuidábamos mucho este tipo de cosas.

- En el libro dice que vio química entre Aznar y Putin.
Sí… Se llevaron bien. Creo que hubo química.

- Tres décadas en la cocina de la Moncloa dan para mucho ¿Qué momento recuerda con especial cariño?
La Moncloa es para mí un cariño total. Todos los días para mí eran especiales.

- Ahora que ya no está ¿Qué es lo que más añora de los fogones de la Moncloa?
El trabajo. Entraba a las siete de la mañana y había veces que acababa a la una de la madrugada. No tenía horarios, me los ponía yo. Era mi peor jefe (risas).

- Y ahora que está jubilado ¿Sigue cocinando o se ha relajado?
Delego más en mi señora que, la verdad, cocina muy bien (risas).

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de La Vanguardia

image beaconimage beaconimage beacon