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Juno, la misión que llegará a Júpiter para escribir la receta del sistema solar

El Confidencial El Confidencial 02/07/2016 R. Pérez

En la mitología romana, Júpiter, el rey de los dioses, se cubría con una capa de nubes para ocultarse a él y a su malicia. Juno, su esposa, era la única que podía ver a través de las nubes y averiguar qué era lo que había hecho. Aficionados a la mitología para nombrar sus descubrimientos y misiones, los ingenieros y astrónomos de la NASA bautizaron con el nombre de Juno a la sonda que este lunes (martes de madrugada en España) llegará a Júpiter para observar qué ocurre bajo la densa capa de nubes que recubren su atmósfera.

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Juno partió en su viaje el 5 de agosto de 2011, hace casi cinco años y casi 14 millones de kilómetros, y pasó sus dos primeros años dando vueltas entre las órbitas de los cuatro planetas del interior del sistema solar. No estaba perdida, estaba cogiendo carrerilla. Gracias a ese recorrido cogió la velocidad que necesitaba para llevar a Júpiter, algo que tendrá lugar, si todo va según lo previsto, este lunes 4 de julio. En estos momentos, se encuentra ya bajo la influencia de su gravedad, que la atrae hacia su destino. El lunes (casi un año después de que otra sonda de la NASA, la New Horizons, llegase a Plutón) cuando se encuentre en posición, encenderá sus cohetes durante un poco más de media hora para frenar un poco y quedar atrapada en su órbita. 

Allí se quedará algo más de un año, flotando alrededor de su planeta, hasta que en febrero de 2018 su última órbita la lleve entre esas nubes que cubren su superficie, causando su incineración. Entre ambas fechas le esperan 37 vueltas para averiguar qué es lo que Júpiter (en este caso el planeta y no el dios) oculta bajo sus nubes. En ese tiempo, romperá el récord de cercanía al gigante gaseoso, que en 1974 obtuvo la nave Pioneer11 a pasar a 43.000 kilómetros. El lunes Juno pasará notablemente más cerca: a 4.667 kilómetros. 

Escribir la receta del sistema solar

Y desde allí, tendrá que ayudar a responder a muchas preguntas que se hacen los científicos sobre el mayor de nuestros planetas vecinos. Entre otras, cuál es la receta para 'cocinar' un sistema solar. Algunas teorías sobre la formación del sistema solar sugieren que todo empezó al colapsar una gigantesca nube de gas y polvo, lo que dio como resultado nuestra estrella en versión recién nacida. Igual que el Sol, Júpiter está formado principalmente de hidrógeno y helio, así que los científicos creen que también se formó en esos primeros momentos, y por el camino capturó la mayor parte de la materia que quedó después del nacimiento del Sol. 

El proceso por el que esto ocurrió, sin embargo, no está claro. ¿Había un nucleo con mucha masa desde el principio, y eso capturó todo el gas de la atmósfera? ¿O una región inestable dentro de la nebulosa colapsó y desencadenó así la formación del planeta?

Al contario que la Tierra, la enorme masa de Júpiter le ha permitido retener los elementos de su composición original, lo que ofrece una gran oportunidad para trazar la historia del sistema solar. Especialmente interesantes son las pequeñas cantidades que contiene de elementos pesados como el litio, el cabono o el helio. "Júpiter tiene una composición rica en estos elementos en comparación con el Sol. No sabemos exactamente cómo pasó esto, pero sabemos que es importante. Y la razón es que eso que tiene Júpiter es de lo que estámos todos hechos. Es de lo que está hecha la Tierra. Es de dónde viene la vida", explicaba Scott Bolton, investigador principal de la misión, en este artículo de 'The New York Times'.

Sobrevivir a cien millones de radiografías

El área en torno a Júpiter no es una zona libre de riesgos. Para empezar, el planeta está rodeado por un gran campo magnético que, se cree, está generado por un océano de hidrógeno líquido que se encuentra bajo la superficie, sometido a enormes presiones y que gira a gran velocidad. El movimiento de este material conductor produce una corriente eléctrica, que crea un campo magnético, conocido como magnetosféra, unas veinte veces más fuerte que el campo magnético de la Tierra.

La sonda Juno durante su montaje (Foto NASA) © Proporcionado por El Confidencial La sonda Juno durante su montaje (Foto NASA)

Este campo magnético interacciona con los vientos solares, cuyas partículas cargadas quedan atrapadas en él, formando potentes corrientes de radiación alrededor de Júpiter. Esto dificulta la misión de Juno: durante su misión, se verá expuesta a tanta radiación como si se le realizasen cien millones de radiografías. Esto freiría sus equipos durante la primera pasada cerca de Júpiter, y eso sería el fin de la misión, pero los ingenieros de la NASA tienen un par de ideas para sortear el problema.

La primera, es la órbita que seguirá la sonda. Las corrientes de radiación tienen forma de rosquilla, partiendo desde el ecuador de Júpiter, pero son más débiles en las zonas de los polos. Así que el recorrido que seguirá Juno al acercarse a Júpiter se acercará al planeta desde el polo y luego pasará muy cerca en la zona del ecuador, pasando por en medio de esas rosquillas, sobrevolará el polo sur y se alejará miles de kilómetros para comenzar una nueva órbita y comenzar de nuevo. 

La primera, es una bóveda de titanio que, a modo de armadura, contendrá el ordenador de vuelo de la nave y los núcleos electrónicos de muchos de sus equipos y experimentos. En su interior estarán 800 veces menos expuestos a la radiación que si se encontrasen fuera de ella. Aunque la radiación seguirá afectando a los equipos, la degradación que provoque se irá acumulando poco a poco, permitiendo a la sonda 20 meses de vida útil. 

A bordo: cámaras, equipos y dioses de Lego

Nueve sofisticados equipos científicos viajan a bordo de la sonda para realizar las mediciones y enviar los datos a la Tierra. Uno de ellos servirá para medir esos potentes campos magnéticos, así como una cámara para analizar las auroras boreales que se producen en el planeta. Lleva un radiómetro de microondas, formado por seis antenas que medirá la radiación electromagnética en determinadas frecuencias y con el que se podrá conocer la abundancia de agua y de amoniaco en las capas produndas de la atmósfera. 

Otro de sus equipos servirá para medir el recorrido de las ondas de radio de la sonda hacia la Tierra, para tratar de detectar un posible efecto Doppler. Puesto que una distribución irregular de la masa del planeta provoca pequeñas alteraciones en su atracción gravitatoria sobre la sonda, y esto afectará a su órbita, de detectarse ese u otros efectos se podría dibujar un mapa de la masa de Júpiter. 

Pero para el gran público quizá el equipo más interesante sea la JunoCam, un telescopio-cámara de luz visible, incorporada con el objetivo de captar imágenes que puedan ser distribuidas y atraer la atención general hacia la misión. Cualquiera puede registrarse en la web de la misión y sugerir hacia dónde debería disparar la cámara, y someter su propuesta a votación general. 

Galileo, Juno y Júpiter en versión Lego © Proporcionado por El Confidencial Galileo, Juno y Júpiter en versión Lego

Fijadas en algún lugar de la sonda van también tres figuras de Lego hechas en aluminio especialmente para la ocasión que representan a Júpiter, a Juno y a Galileo Galilei, que descubrió las cuatro mayores lunas de Júpiter utilizando un telescopio de fabricación propia. Con esto, la NASA, que maneja la comunicación y el marketing como nadie, quiere llamar la atención de los niños "ayudarles a compartir la excitación de la exploración espacial", asegura Bolton.

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