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La AntiEspaña

Notodo Notodo 11/10/2016 Irene Galicia
Imagen principal del artículo "La AntiEspaña" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "La AntiEspaña"

El concepto de antiespañol, tiene sus raíces en el contexto decimonónico de la restauración borbónica que enfrentaba a krausistas y neocatólicos; esta denominación trajo consigo -especialmente durante la Guerra Civil española-, el estigma de judeo-masónico-bolchevique que hoy se extrapola a nuestra contemporaneidad.

Hoy, que la fiebre nacionalista se ha relajado un poco, el enemigo infiltrado del sistema demoliberal serían los antisistema, cuya imagen se vinculará a la idea de terrorismo. Cualquiera que haya participado en las manifestaciones vinculadas al 15M sabe muy bien de qué estamos hablando. Ejemplo de ello es la siniestra Ley de Seguridad Ciudadana o Ley Mordaza que se aplica desde junio de 2015, que tiende a criminalizar las crecientes prácticas de desobediencia civil y que nos retrotraen a tiempos del tardofranquismo.

Cualquier propuesta de reformulación de la idea de España se ha topado con una fuerte oposición, en la que ha reaparecido, en sus versiones más extremistas, la noción de la antiespaña. Estos planteamientos están atravesados por una pulsión totalitaria que pretende la adhesión obligada a los supuestos principios que constituyen un pueblo. Toda postura personal o colectiva que no se alíe con estos principios, serán considerados como una fuerza destructiva que hay que eliminar para garantizar su pervivencia. Como señala Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo, el enemigo objetivo nunca es un individuo cuyos peligrosos pensamientos tengan que ser provocados o cuyo pasado justifique la sospecha, sino un “portador de tendencias”, como el portador de una enfermedad que sustituye, como en Minority Report, la sospecha de un delito por la mera posibilidad de cometerlo.


Esta muestra no pretende de generar una identidad a partir de dicho concepto, sino que trata de reunir los trabajos de artistas que, teniendo más o menos afinidad con los argumentos que se encuentran en el texto que dota de marco a la muestra, se sientan aludidos por la noción de antiespaña. Busca, por tanto, un escenario lleno de voces donde lo común es el convencimiento de habitar fuera del marco dominante impuesto de nación. La pretensión es reconocerse en otros desde una desidentificación con la identidad colectiva, pues esa nefasta idea que representa la pertenecía al relato nacional impuesto, tiene por fuerza que ser cuestionada. Según Jacques Rancière, esta identificación tiene un carácter marcadamente policial, de imposición, de control. Y solo a través de un proceso de desidentificación puede construirse una alternativa al discurso dominante.

Ese concepto rancio de “lo español” que enseguida nos trae a la mente el cuñadismo que refleja a la perfección el dibujante Pedro Vera en sus Ranciofacts, no es el atributo último de eso que llamamos España; no es su alma. La actual democracia española es se muestra hoy en día, no solo como la máxima forma de organización política, sino como la única permitida de acuerdo a la idea imperante de nación. Cualquier forma que la cuestione, es etiquetada como totalitaria y antiespañola.

Esta muestra, en la que participan en torno a una treintena de artistas y colectivos creativos, es toda una declaración de intenciones contra este sistema cuya característica esencial es la corrupción, articulado siempre con la idea de nación por (nunca mejor dicho) bandera; y en la que por parte de quienes no entienden el mundo desde esta perspectiva, con una postura inclusiva, partidarios de una España conciliadora de las diversidades y sobre todo, con libertad de expresión. Una libertad en la que pensamiento, arte de acción y creación de debate encuentran espacio bajo esa desidentificación de la identidad colectiva preasignada de base, y que así la expresan en una muestra multidisciplinar que podremos ver en el ABM vallecano durante tan sólo cinco días, en medio de los helicópteros sobrevolando las ¿celebraciones? del Día de la Hispanidad.

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