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La complicada tarea de formar Gobierno en Alemania

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 25/09/2017 Luis Doncel
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La canciller alemana, Angela Merkel, en una rueda de prensa en Berlín el lunes tras las elecciones. © CHRISTIAN BRUNA La canciller alemana, Angela Merkel, en una rueda de prensa en Berlín el lunes tras las elecciones.

“Juro consagrar mis fuerzas al bien del pueblo alemán, acrecentar su bienestar, evitarle daños, salvaguardar y defender la Ley Fundamental y las leyes, cumplir mis deberes escrupulosamente y ser justo con todos. Que Dios me ayude”. Todo apunta a que Angela Merkel volverá a pronunciar próximamente estas palabras por cuarta vez en el Bundestag, la Cámara Baja del Parlamento alemán. Se trata del juramento que están obligados a pronunciar —aunque pudiendo renunciar a la invocación religiosa el presidente federal, el canciller y los ministros del Gobierno.

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Pero para llegar a este momento, Merkel debe construir una mayoría parlamentaria de la que por ahora no dispone. Las negociaciones entre cuatro partidos los democristianos de la CDU, sus aliados bávaros de la CSU, los liberales del FDP y Los Verdes para alcanzar este objetivo se presentan largas y complicadas. Pero esta parece la única solución, ya que los socialdemócratas no quieren continuar en el Ejecutivo y la canciller descarta tanto la convocatoria de nuevas elecciones como un Gobierno en minoría.

La Constitución en Alemania llamada Ley Fundamental establece de forma muy clara los pasos a seguir ahora. El presidente federal es el encargado de proponer a un candidato a canciller, que debe ser elegido por el Bundestag. Lo habitual ha ocurrido siempre desde la fundación de la República Federal en 1949 es que esta persona, que previamente ha negociado ya una coalición, obtenga los votos de la mayoría de diputados del Bundestag. Una vez celebrada esta votación, corresponde al presidente la formalidad de nombrar al nuevo jefe de Gobierno.

No ha ocurrido nunca en la Alemania moderna, pero podría ser que la persona elegida no obtuviera la mayoría necesaria. En ese caso, el Bundestag dispone de 14 días para elegir a alguien con más de la mitad de los miembros o, pasado ese plazo, por mayoría relativa a su propio candidato. En este caso, la Constitución establece que si este candidato obtiene el respaldo de la mayoría de miembros del Bundestag, deberá ser elegido canciller por el presidente en siete días. Si el elegido no alcanza esta mayoría, al jefe del Estado le quedarían dos opciones: nombrar a esta persona pese a no tener el respaldo mayoritario del Parlamento, o disolver la Cámara y convocar nuevas elecciones.

Pero estas opciones teóricas parecen muy alejadas de la realidad. Las negociaciones entre CDU, CSU, SPD y Los Verdes serán muy complicadas y pueden alargarse más allá de los casi tres meses necesarios en 2013 para poner en pie la gran coalición de democristianos y socialdemócratas. Pero esta parece ahora mismo la única opción realista. La ley alemana no especifica un plazo máximo para formar el nuevo Gobierno.

El cuatripartito se presenta muy complicado por las diferencias programáticas entre verdes y liberales, y por el nerviosismo de la CSU ante la posibilidad de perder la mayoría absoluta en Baviera en las elecciones regionales del próximo año. Si estas negociaciones fracasaran, el SPD siempre podría repensar su negativa y, apelando a la responsabilidad, negociar un nuevo pacto con Merkel, aunque esta posibilidad parece bastante remota.

Por último, sería posible formar un Gobierno en minoría o convocar nuevas elecciones, dos opciones totalmente ajenas a la cultura política alemana. Y Merkel ya ha dejado claro que no las baraja. El domingo, conocidos ya los resultados, la canciller fue preguntada directamente por la posibilidad de gobernar en solitario. Respondió que la estabilidad política es un bien que hay que preservar. Y el lunes descartó la posibilidad de nuevas elecciones. “Los votantes nos han dado un mandato. Y tenemos que ejecutarlo”, aseguró.

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