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La cuna del abanico

El Mundo El Mundo 08/06/2014 IVÁN PÉREZ

La alcaldesa de Aldaia no esconde su ambición por que la gente conozca su municipio como "la cuna del abanico". Eso sí, deja claro que es "una idea global" de los vecinos de un pueblo de 31.000 habitantes, a 5 minutos de Valencia, en el que residen y trabajan 25 de los 37 maestros abaniqueros que existen en la actualidad. A Carmen Jávega la conocen como la alcaldesa del abanico porque lleva siempre con ella alguna pieza en los eventos que preside y sus apariciones mediáticas. Le agrada.

Es el de abaniquero un oficio artesanal que, como tantos otros, ha costado transmitir por la falta de formación -los maestros reclaman una escuela para futuras generaciones- y por el celo con el que los propios artesanos guardan las técnicas empleadas en su fabricación, y que Manel Rochina, historiador y abaniquero, resume en que "lo más importante es no tener prisa a la hora de trabajar en el abanico". A partir de ahí cabe todo tipo de material, desde madera de plátano, abedul o peral hasta hueso, marfil o plástico, y las telas y pinturas que rematan la faena y que pueden alcanzar un "valor incalculable" con baños de plata y oro e incrustaciones de piedras preciosas.

En el recientemente inaugurado museo del abanico de Aldaia los hay de principios del siglo XVIII y actuales, grandes y chicos, sencillos -como los que suele comprar la Reina Sofía- y con complejos calados y dibujos, desde 3.000 euros hasta los precios "incalculables" de piezas donadas por los vecinos y fabricantes de la zona, de los Rochina a las Hermanas Andrés. En otros tiempos se clasificaron por reinados -isabelinos, alfonsinos y cristinos- y por períodos culturales -barrocos, neoclásicos y modernistas-; hoy los diferenciamos mejor por las modas: "al llevarse bolsos pequeños, los abanicos tienen menos tamaño", explica el historiador y abaniquero.

El origen del abanico

Cuenta la leyenda que el primer abanico lo arrancó Adán para Eva de uno de los árboles del paraíso. Fuera o no el primero, ha tenido muchos usos a lo largo de la historia, desde el sencillo de mitigar con su empleo los calores personales a otros ceremoniales -tanto profanos y eclesiásticos- y hasta los más prácticos de espantar insectos, proteger del sol o atizar las brasas del hogar. Manel Rochina repasa como alternativa otras funciones de ostensión y demostración de la categoría social, caso de las reinas que "pensaban que si alguna noble tenía un abanico más bello y valioso podían caer en desgracia".

Del uso de materiales caros y transportes transoceánicos, caso de los metales preciosos y el marfil, "se fue pasando a materiales económicos como el papel y la madera primero o, posteriormente, la tela de algodón y el varillaje de plástico", comenta Rochina. En la actualidad, "la fabricación del abanico artesano español, que equivale a toda la occidental, se localiza en Aldaia y sus alrededores", para lo cual ha sido fundamental no solo el acceso a las materias primas sino la cercanía de empresas textiles que realizan las telas, blondas y puntillas con aprestos especiales, madereras que proporcionan maderas nobles como la bubinga, palo rosa, palo santo y el ébano, industrias que produzcan varillajes de plástico mediante inyección y la mano de obra cualificada de teladoras, caladores, adornadores con bajorrelieves, pulidores, rebajadores, serradores, varillajeros, montadores, pintadores de fondo o pintores de telas de abanicos.

Los de Galliano y Tous, 'made in Aldaia'

Aldaia, que comenzó la fabricación de los abanicos en el siglo XIX, "ha sido la única localidad en la que ha sobrevivido la actividad artesanal", mientras en el camino quedaba la producción rusa que se paralizó en la Revolución y la industria francesa que se mantuvo en primera línea hasta el pasado siglo, amén de los pinitos con el abanico de los Países Bajos, Gran Bretaña, Italia y Alemania.

Con todo, volvemos al origen de esta historia, a la idea global del pueblo de Aldaia de poner en valor su tradición más preciada y consolidada. Como las grandes recetas, la artesanía del abanico debe perdurar y para ello tienen en mente la creación de una escuela que difunda el conocimiento de los maestros abaniqueros. El primer paso es la asociación impulsada por el ayuntamiento, fruto de la "imaginación" que en tiempos de crisis ha decidido activar el equipo de gobierno de Carmen Jávega, quien destaca la inclusión del Museo del Abanico de Aldaia, ubicado en la histórica Casa de la Llotgeta del siglo XVI, en la red provincial de museos.

Es el primer paso para garantizar el futuro del oficio y para transmitir a los ciudadanos de cualquier rincón del mundo que los abanicos de John Galliano, Tous y la Feria de Sevilla son 'made in Aldaia'.

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