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La distancia

Notodo Notodo 23/11/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "La distancia" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "La distancia"

Después de su paso por el Teatro Kamikaze (y anteriormente por el Galileo), La distancia de Bacantes Teatro y Pablo Messiez ha tomado ídem, pero aún así queríamos reseñarla aquí. ¿Por qué? Porque es una de la mejores obras del año y, sin ningún género de duda, debería volver a la cartelera en breve. Y es que el montaje de Pablo Messiez es uno de esos montajes complejos y sensibles que se te enquistan en el alma.

“Distancia de rescate, así llamo a esa distancia variable que me separa de mi hija y me paso la mitad del día calculándola, aunque siempre arriesgo más de lo que debería”. Un chaval impedido, David, interroga a Amanda sobre lo importante de unos sucesos que tomaron lugar cuando ésta se mudó con su hija Nina al campo. Un lugar en el que al parecer ciertas sustancias tóxicas han hecho estragos. La distancia es un relato-rompecabezas basado en la novela de Samanta Schweblin, Distancia de rescate, que conjuga un tono inquietante (casi pesadillesco) con la crítica ecológica (sin cargar las tintas y más como excusa argumental que como intención panfletaria) para conformar una de las funciones más hipnóticas del año.


Pablo Messiez dirige con nervio de cirujano esta función (en un ejercicio diferente a sus montajes previos pero con idéntica sensibilidad y perfección), de estructura y juego temporal más que compleja, transformándola en un viaje turbador y fascinante. Todo resulta perfecto en un desolador juego en el que destaca la labor de tres actrices que consiguen poner los pelos de punta, sin olvidarnos de un Fernando Delgado perfecto también en el único papel masculino. Por un lado, Luz Valdenebro (En el estanque dorado) conmueve e inquieta en el papel de la madre de este chico transmitiendo profunda sensibilidad. Magnífica. Estefanía de los Santos (Las plantas) como siempre está espléndida en esos dos papeles que interpreta. Si como chamana quita el sentío, de la niña Nina es sencillamente maravillosa (de verdad). Y María Morales (Como si pasara un tren) está impresionante interpretando a esa mujer al borde de la muerte que intenta comprender desesperadamente. De premio. Un elenco compacto y de diez, como pocos.

Por poner una mínima pega: el monólogo final tal vez hace decaer ligeramente el interés (puede ser porque sea demasiado largo). Pero es por poner una pega a una función imprescindible que ahoga con sus corrientes tóxicas y subterráneas a un espectador absorto. Una función en la que sin duda sus creadores han tomado riesgos recostruyendo un puzzle inquietante e incómodo pero de los más fascinantes de esta temporada.

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