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La extraordinaria historia de las partes íntimas de Napoleón

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 04/10/2017 Guillermo Alonso
© Proporcionado por ElPais

Hace diez años falleció un hombre llamado John K. Lattimer, eminencia de la urología, profesor de la Universidad de Columbia y coleccionista de curiosidades como la cápsula de cianuro que mató al líder nazi Hermann Göring, el collar ensangrentado de Abraham Lincoln y, al parecer, el pene de Napoleón. Si el pene del conquistador francés no sigue pegado a su dueño original es porque, según los estudios, habría sido cortado por el doctor de Napoleón durante su autopsia en 1821 y entregado a un cura de Córcega.

A partir de aquí el destino del pene se vuelve un poco más difuso. Si hacemos caso al Washington Post, viajó de manos de la familia del cura italiano a un librero de Londres en 1916. Después, según el New York Times, llegó a la casa de un colector de Filadelfia llamado A.S.W. Rosenbach. Él lo expuso en el Museum of French Art en Nueva York en 1927, donde un periodista de la revista Time tuvo oportunidad de verlo y lo describió de una de las maneras más llamativas de la historia del periodismo: "Los sentimentaloides sollozaron, las mujeres superficiales rieron, señalaron. En una vitrina de cristal vieron algo que parecía una tira maltratada de cordones de zapatos o una anguila arrugada".

Este objeto, que nadie tenía claro si era o no realmente el pene de Napoleón, llegó en 1977 a manos de John J. Lattimer, eminencia de la urología y fallecido en 2007. Y allí ha permanecido, en su casa situada en Nueva Jersey. Hoy en día la fascinación que el pene de Napoleón causa entre los historiadores es tan grande que uno de ellos se ha convertido en su especie de biógrafo oficial. Tony Perrottet publicó en 2006 Napoleon's Privates: 2.500 Years of History Unzipped ("Las partes privadas de Napoleón: 2.500 años de historia al descubierto"). En 2014, un documental de la cadena británica Channel 4 envió a Perrottet a la casa de la hija de John J. Lattimer en las afueras de Nueva York. Evan Lattimer, una mujer de aspecto elegante, cuidado peinado carré y con ningún aspecto sospechoso de guardar el pene cercenado de un conquistador en el sótano, se sentó con él para responder a la pregunta que todo el mundo se hacía:

–¿Es, definitivamente, un pene?

–No hay duda de eso –responde Lattimer–. Las estructuras internas son perfectas.

Unos minutos después, Lattimer conduce a Perrottet al sótano, desempaqueta (unas cinco veces) una caja negra con una N sobreimpresa y se la entrega.

–La caja de mis sueños –comenta él–. ¡Es más pesada de lo que creía!

El comentario viene a cuento porque el tamaño del pene de Napoleón ha sido durante décadas una especie de chiste privado entre historiadores, al igual que su supuestamente baja estatura (en años recientes rebatida por especialistas: 168 centímetros era, para su época, una media superior a lo que medían los ingleses). En todo caso, ha dado lugar a un término coloquial para definir la supuesta mala leche que caracteriza a algunos hombres bajitos y con la que intentan igualarse a hombres más altos (el complejo de Napoleón, que no tiene apoyos científicos) y titulares como el de la versión británica del Huffpost: "El emperador francés Napoleón Bonaparte tenía un pene de 3,80 centímetros".

La revelación vino de otro documental en la televisión británica –qué obsesión con los penes franceses– llamado Dead Famous DNA ("ADN de famosos muertos"), en el que el presentador Mark Evans investigaba si los restos de celebridades como Lennon, Hitler o Elvis nos podían decir algo sobre ellos. Durante el documental, Evans afirmó: "He visto un montón de penes, desde el de un chihuahua a esperma de ballena. ¡Este está tan marchito!".

El pene de Napoleón sigue en un sótano de Nueva Jersey en la actualidad. Evan Lattimer ha rechazado, según Time, al menos una oferta de 85.000 euros por él. Mientras lees estas líneas, es posible que los grandes líderes mundiales estén pensando seriamente en cómo asegurarse de que sus penes son enterrados con ellos y no emprenden carrera en solitario (el caso de John Wayne Bobbit revivió este terror atávico en 1993). ¿Pero qué otro líder contemporáneo ha provocado decenas de artículos sobre el tamaño de su miembro? Donald Trump, estamos pensando en ti. 

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