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La figura del cuñado, en vías de extinción

Logotipo de La Vanguardia La Vanguardia 26/09/2017
La figura del cuñado, en claro declive © Image LaVanguardia.com La figura del cuñado, en claro declive

Las estadísticas hace años que lo apuntan. Y los estudios no dejan de ratificarlo de manera tozuda: el número de nacimientos desciende año tras año en España. En 2016 nacieron 408.384 niños, un 2,8% menos que en 2015. Pero es que desde 2008, el número de alumbramientos ha sufrido un retroceso del 21,4%, según los últimos datos del informe del Movimiento Natural de Población publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Ante este contexto, la pregunta lógica a formularse sería: ¿qué consecuencias se derivan de esta realidad?

Pues entre otras cosas, un cambio en la composición/estructura de las familias, que pasarán a ser –más bien ya lo son- “más largas, estrechas, democráticas, diversas y femeninas”, tal y como explica a La Vanguardia Albert Esteve, demógrafo y director del Centre d’Estudis Demogràfics (CED) de la Universitat Autònoma de Barcelona.

Las familias serán más largas, estrechas, democráticas, diversas y femeninas

Albert Esteve

Demógrafo y director del Centre d’Estudis Demogràfics (CED)

El aumento de la esperanza de vida ha comportado que cada vez haya más generaciones de una misma familia vivas. “Los niños que nacen hoy tienen casi todos los cuatro abuelos vivos, e incluso algún bisabuelo”, subraya Esteve. Una realidad, insiste, “que era relativamente poco frecuente en el pasado”.

“Cuando te sientas en la mesa de Navidad, observas que cada vez hay más personas de distintas generaciones [las familias se alargan] y menos de la misma [también se estrechan]”, agrega este demógrafo. Para Esteve, el hecho de que haya menos componentes de una misma generación se explica “porque al tener menos hijos, obviamente tienes menos hermanos”. Y “si tienes menos hermanos”, prosigue, “también tienes menos cuñados y cuñadas”, una figura, ésta, que según este investigador está entrando en una especie de declive.

Las cenas de Navidad ya no son como las de antes © Proporcionado por La Vanguardia Ediciones, S.L. Las cenas de Navidad ya no son como las de antes Las cenas de Navidad ya no son como las de antes(MilosStankovic / Getty)

Pero la cosa no queda ahí. “Encima los hijos se emparejan poco o tarde”, advierte, “y los que tienen pareja rompen más que nunca”. Por todo ello, concluye, la estructura familiar “se va estrechando y alargando”.

Las cifras avalan esta tesis. No en vano, un 25% de las mujeres nacidas en 1975 no tienen ni tendrán hijos, “algo que no había pasado nunca en ninguna de las generaciones de mujeres nacidas en el siglo XX”. Este sorprendente dato -que el CED publicó en su boletín Perspectivas Demográficas- nace del cálculo que los investigadores efectuaron a partir de las conclusiones del estudio del Movimiento Natural de Población del INE.

Distintas generaciones de una misma familia coinciden cada vez más en el tiempo © Proporcionado por La Vanguardia Ediciones, S.L. Distintas generaciones de una misma familia coinciden cada vez más en el tiempo Distintas generaciones de una misma familia coinciden cada vez más en el tiempo(skynesher / Getty)

Sólo en 1916 se dio un dato relativamente similar. Hasta un 20% de mujeres de aquella generación no tuvieron descendencia, pero “aquella realidad tuvo que ver más con el hecho de que nunca se emparejaron”, apunta Esteve. “La fecundidad de aquella época fue relativamente alta, lo que quiere decir que las que se emparejaron tuvieron muchos hijos”, añade.

El director del CED entiende que este aspecto se da también, en cierta manera, en la actualidad. Sostiene que “las mujeres que tienen hijos están más cerca de tener un segundo que de quedarse en uno” y que el verdadero reto se encuentra en el hecho de “pasar del 0 al 1”. “Aquí es donde está el grueso de la explicación de la caída de la fecundidad”, asevera.

Por qué algunas mujeres optan por no tener hijos

Hay una suma de factores, a razón de los investigadores, que explicarían el porqué un tanto por ciento nada despreciable de féminas no tiene descendencia. “Para empezar, biológicamente hablando, no se aprovechan todos los años en los que las mujeres son potencialmente fértiles”, esgrime Esteve. “Una mujer lo puede ser a partir de los 15 o 16 años, pero ellas no se lo empiezan a plantear hasta mucho más tarde”, argumenta.

Pero ahí no acaba todo: cuando alcanzan esa edad “quieren tener hijos dentro del marco de una pareja estable”. E incluso se puede dar el caso, añade Esteve, “que la mujer tenga la edad en la que normalmente se plantea ser madre, tenga una pareja, pero no las condiciones económicas, y por ello entienda que no es el mejor momento para tener un hijo”.

La media de edad en la que las mujeres tienen el primer hijo, en claro ascenso © Proporcionado por La Vanguardia Ediciones, S.L. La media de edad en la que las mujeres tienen el primer hijo, en claro ascenso La media de edad en la que las mujeres tienen el primer hijo, en claro ascenso(Dash_med / Getty)

Todavía hay una última causa, cada vez más frecuente: una puede reunir todas las condiciones anteriormente mencionadas, pero a la vez tener ya una edad donde biológicamente empieza a costar quedarse embarazada. Y es que la edad en la que las mujeres tienen su primer hijo no deja de aumentar. Ahora se sitúa en los 32 años. En 1976 era a los 28,5 años.

El desafío radica, reflexiona Esteve, en que los investigadores desconocen “qué peso tiene cada condicionante”. Eso quiere decir “que si se quiere hacer una política encaminada a incentivar la fecundidad no se sabe dónde poner el acento”.

Si se quiere hacer una política para incentivar la fecundidad no se sabe dónde poner el acento

Albert Esteve

Demógrafo y director del Centre d’Estudis Demogràfics (CED)

Quizás por el hecho de que el número de divorcios y separaciones no deja de crecer cada año -con lo que tener un hijo en el marco de una pareja estable empieza a ser más complicado- la maternidad individual se haya convertido en una opción que gana enteros a un ritmo considerable. En 2015, el porcentaje de nacidos de madre no casada (soltera, viuda o divorciada) alcanzó el 44,5% del total, y se calcula que en unos años el porcentaje será mayor que el de los alumbramientos de madres casadas.

A ojos del director del CED, este nuevo paradigma se ha convertido en realidad porque se cumplen los tres requisitos indispensables para que todo cambio social fructifique: el primero, que la persona que lo protagoniza gane con él; el segundo, que exista la posibilidad técnica que permita el cambio; y el tercero y último, que moralmente esté aceptado.

La maternidad individual, en alza © Proporcionado por La Vanguardia Ediciones, S.L. La maternidad individual, en alza La maternidad individual, en alza(Chris Ryan / Getty)

En el caso de la maternidad individual se dan, a grandes rasgos, los tres: “Cada vez está más aceptado el aspecto moral, técnicamente es posible y muchas mujeres con 40 años, después de haber vivido su juventud y asentarse en el mercado laboral, quieren intentarlo”, reflexiona Esteve. En este sentido, este investigador vaticina que “dicha práctica se extenderá”. “Al menos no creo que vaya a la baja”, apostilla.

Esteve defiende que las familias, como decíamos, serán más largas y estrechas, pero también más democráticas, diversas y feministas. Democráticas porque entiende que “la relación entre padres e hijos será, ya lo es ahora, más simétrica”. “Se da la paradoja que a pesar de que ansiamos más que nunca nuestra libertad –cada vez somos más individualistas, como mínimo en España- alargamos la coresidencia con los padres hasta edades que no se habían visto nunca”. Eso le lleva a pensar a que esta situación se da “porque la relación no debe ser ni conflictiva ni autoritaria, con lo que la idea de quién tiene el mando se ha democratizado”.

Los hijos se marchan cada vez más tarde de la casa familiar © Proporcionado por La Vanguardia Ediciones, S.L. Los hijos se marchan cada vez más tarde de la casa familiar Los hijos se marchan cada vez más tarde de la casa familiar(Yuri_Arcurs / Getty)

Al final, “no deja de ser una adaptación a los tiempos modernos y a la necesidad de ayudarse entre generaciones”, esgrime Esteve. E incluso a una manera de “no quedarse solo” en un contexto en el que la descendencia es cada vez más escasa.

Asimismo, para Esteve el aumento de las rupturas matrimoniales aporta a la familia más diversidad. “Como hijo, puedes vivir una semana con un padre y luego con el otro, y eso hace que puedas llegar a convivir también con los hijos de la pareja nueva de tu padre o tu madre [o de ambos]”. Esto complica también los roles familiares: “No se sabe quién hace qué”.

El hombre está perdiendo peso

Albert Esteve

Demógrafo y director del Centre d’Estudis Demogràfics (CED)

Por último, este investigador vaticina que las familias serán más femeninas. Cree que “el hombre está perdiendo peso” y que “el lazo familiar más fuerte que hay es el que existe entre hijos y madre”.

Que “la participación de la mujer en el merado laboral” haya ido en aumento, “que ellas se gradúen más que ellos en la universidad” y que en muchas familias “la mujer gane más que el hombre” es un ejemplo claro para Esteve de la feminización de las estructuras familiares.

Está por ver si esta tendencia de las familias a alargarse, estrecharse, democratizarse, diversificarse y feminizarse ganará peso con los años. Lo que sí parece bastante claro es que, como reza la canción, ya nada volverá a ser como antes.

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