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La frágil victoria de Merkel complica las reformas en Alemania y Europa

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 26/09/2017 Luis Doncel, Claudi Pérez
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La canciller Angela Merkel, en una rueda de prensa el lunes en Berlín tras las elecciones del 24. © Michael Sohn La canciller Angela Merkel, en una rueda de prensa el lunes en Berlín tras las elecciones del 24.

Merkel tiene pocos, pero importantes motivos para celebrar. Tras 12 años en el Gobierno, su partido fue el más votado, a 12,5 puntos de distancia del segundo; y no hay forma de construir una coalición alternativa que deje fuera a la familia democristiana. Las buenas noticias acaban aquí.

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La intranquilidad era el lunes patente ante una formación de Gobierno que se va a alargar meses y que puede descarrillar en cualquier momento. Hay analistas que hablan ya de nuevas elecciones, aunque esta parece una opción remota en un país en el que la mayoría de partidos repite constantemente la palabra “responsabilidad”. Merkel lo descartó categóricamente. “Los votantes nos han dado una orden y tenemos que ejecutarla”, dijo.

El camino para formar Gobierno está plagado de minas. Primero, porque cuatro partidos —la CDU de Merkel, sus aliados bávaros de la CSU, los liberales del FDP y Los Verdes— tienen que ponerse de acuerdo. Y no será fácil en asuntos tan importantes como la inmigración, la política europea, el futuro de la industria del automóvil o los impuestos. Además, si finalmente pergeñan un programa de Gobierno, este será sometido a votación entre la militancia de los ecologistas, lo que ofrece una nueva posibilidad de fracaso de esta coalición inédita en la historia de la República Federal.

La tensión ante unos resultados decepcionantes es especialmente perceptible en Múnich. La CSU bávara, tras un batacazo histórico de diez puntos, teme perder su preciada mayoría absoluta en las elecciones regionales del próximo año. Los teóricos socios de Merkel han dejado clara cuál es su fórmula para luchar contra los ultras de AfD, que en la rica Baviera han convencido al 12,4% de los votantes: girar a la derecha. Un giro que puede complicar aún más la formación de Gobierno.

La economía marcha viento en popa, pero el mundo empresarial ya manda señales de intranquilidad. Representantes del lobby industrial y comercial muestran su “preocupación” por la posibilidad de que el país entre en una fase de parálisis. Y el euro, temeroso de los vientos de inestabilidad que llegan de Berlín, retrocedió el lunes ligeramente.

Merkel, pese a todo, ya está acostumbrada a lidiar con resultados electorales no satisfactorios. A excepción de 2013, cuando se hizo con un 41% de los votos, en sus dos anteriores victorias registró porcentajes no muy superiores al 33% del domingo. Y también en dos ocasiones se enfrentó a un complicado panorama de alianzas que acabó resolviendo con dos grandes coaliciones.

La supuesta líder del mundo libre tiene las manos bastante atadas. Bruselas suele decir que Merkel acaba acertando después de equivocarse varias veces. Pero puede que ahora tenga menos margen: las instituciones europeas temen dificultades con una canciller frente a un Bundestag más polarizado que nunca.

Esperada agenda europea

Las elecciones dejan dos serios problemas a escala europea: las esperadísimas reformas del euro —de las que empezará a saberse algo más tras el discurso del martes de Emmanuel Macron— tendrán que esperar a que Merkel monte su Gobierno. E incluso en ese momento no será fácil reforzar el euro. La eurozona sigue siendo disfuncional y vulnerable. Pero los liberales alemanes vuelven con fuerza y defenderán una agenda contraria a un presupuesto del euro, un auténtico Fondo Monetario Europeo y un superministro de finanzas ataviado con competencias dignas de tanta pompa.

“El resultado es malo para Europa. Merkel había mostrado apertura a las ideas de Macron para fortalecer la zona euro, pero con los liberales es mucho más difícil. Quien creía que la crisis es agua pasada y que venía una especie de primavera europea debería pensárselo dos veces”, dice el economista Jörg Bibow.

“El Parlamento alemán ha virado a la derecha: el nuevo Gobierno también lo hará. Ya no es posible pensar en un presupuesto de la eurozona de gran tamaño, aunque sigue habiendo espacio para un Fondo Monetario Europeo”, resume Guntram Wolf, director de Bruegel. Para los analistas, sin embargo, la buena noticia es que hay capítulos que saldrán ganando: Berlín va a querer darle un arreón a las políticas migratorias, de defensa y de seguridad, y también a la agenda comercial.

Pero la crisis existencial de Europa empezó en las finanzas y en la economía, y en esa área las nubes son más grises hoy que anteayer. Los liberales son el freno, la excusa perfecta que buscaban Merkel y Wolfgang Schäuble para rebajar la ambición de las reformas del euro. “Un acuerdo cosmético Merkel-Macron aún es posible”, subraya Daniel Gros, del think-tank bruselense CEPS. Un acuerdo cosmético, en fin, con varias capas de maquillaje: habrá superministro de finanzas del euro, pero sin poder real; el Mede (el mecanismo de ayuda) se convertirá en un Fondo Monetario Europeo, pero sin apenas cambios y con la filosofía flexiaustera del “dinero a cambio de reformas”, una vieja idea de Merkel que vuelve a cobrar vigencia; puede haber un presupuesto de la eurozona, pero nada de 75.000 millones como sugería Bruselas: la décima parte de esa cifra es mucho más probable. Y así ad infinítum.

Pese a la presión de los liberales, Merkel es consciente de que no puede abandonar a Macron a su suerte, sostiene una alta fuente europea. “Si no hace lo prometido, sería como darle aire a Le Pen”, añade esta fuente. Bruselas cree que el resultado final dependerá mucho de las personalidades que acaben entrando en el Gobierno. Pero que, dentro de la tibieza habitual de Merkel, irá en la dirección correcta pese a las tensiones con sus socios de coalición.

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