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La función por hacer

Notodo Notodo 13/09/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "La función por hacer" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "La función por hacer"

"Nadie se emociona con las ideas, pero a partir de las emociones se puede pensar mucho", decía Francisco Nieva en el prólogo de una edición de Seis personajes en busca de autor de Luigi Pirandello, la obra en la que se inspira La función por hacer, de Miguel del Arco y Aitor Tejada: un montaje que, por fortuna, vuelve a la escena madrileña. En este caso a El Pavón Teatro Kamikaze, más de seis años después de su estreno y tras tres años sin pisar suelo madrileño. Es el retorno de aquel espectáculo cuasi-mítico que arrasó por sorpresa en su edición de los Premios Max y que significó el despegue para Kamikaze Producciones y del propio Miguel del Arco, hoy una de las voces centrales de nuestro teatro y coordinador de la nueva era del Pavón.


La función por hacer es ejemplo de teatro puro, sencillo y honesto, sin grandes aspavientos ni envoltorios llamativos. Que te agarra por las orejas desde el momento que empieza y no te suelta hasta que se apagan las luces. Un ejemplo de teatro basado en el texto y las interpretaciones. Cuatro personajes irrumpen en mitad de la representación (en la obra de Pirandello era un ensayo) de una comedia interpretada por una pareja de actores. A partir de entonces se establecerá un diálogo entre los dos actores y los personajes, reflexionando sobre los límites entre realidad y ficción, verdad y representación. Un espectáculo metateatral en el que se medita sobre la realidad en la escena y la actuación. Los espectadores (de la función real y de la representada) rodean la escena por los cuatro costados del escenario y son otro interlocutor más. En un cuadrilátero por el que se mueven y del que escapan continuamente los personajes, entremezclándose con el público, interpelado directamente como testigo de excepción de este milagro escénico.

Miguel del Arco y Aitor Tejada saben insuflar vida, verdad y magia a sus espectáculos. Y quien lo dude, que vaya a ver esta función por hacer. La contraposición del dramatismo de los cuatro personajes y la descarga cómica de los dos actores funciona como un mecanismo perfecto. Los dos intérpretes que se quieren apropiar del drama de estos personajes para luego representarlo tienen momentos francamente divertidos (de ésos de actor del método que se toma demasiado en serio). Y Miriam Montilla y Cristóbal Suárez les dan vida con detalles geniales y cómicos. Israel Elejalde está soberbio (como siempre) en el papel del reflexivo y argumentativo personaje del Hermano Mayor. Raúl Prieto es sencillamente perfecto para el papel del personaje del chulesco, violento y quebradizo Hermano Pequeño. Manuela Paso es una estremecedora Madre (qué forma de llorar tiene esta mujer). Y Teresa Hurtado de Ory tiene momentos francamente buenos en el papel de ese personaje de la sensual Mujer. En definitiva, un reparto fantástico con fuerza e intensidad que lo da todo para hacer reír, llorar y pensar al espectador durante hora y media. 


La función por hacer es un espectáculo imprescindible que reflexiona sobre el proceso creativo, la interpretación, la ilusión, la ficción, la verdad y la incapacidad de escapar de aquello que está escrito (“Vosotros podéis cambiar. Nosotros no”, replica el personaje de Israel Elejalde con angustia a los dos actores). La Lupe cantaba aquello de Puro teatro. Pero en este caso bien podría dársele una vuelta a la canción: El teatro es pura vida.

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