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La geometría de la tecnología: renovarse o claudicar

ABC ABC 30/09/2016 J.M. Sánchez
La geometría de la tecnología: renovarse o claudicar © STATISTA La geometría de la tecnología: renovarse o claudicar

Fabricar móviles hoy en día puede que no sea tan rentable como antaño. Los que vienen de países asiáticos tienen un gran poder de tracción. La disminución del precio de los componentes y la estandarización ha permitido que el mercado de los teléfonos inteligentes haya pasado, en muy poco tiempo, de ser un exponente de vanguardia, al alcance de unos pocos, a ser productos mercantiles. La inmensa mayoría de los ciudadanos de países desarrollados cuentan con este tipo de aparatos tecnológicos que, desde la llegada de las pantallas táctiles, han puesto de manifiesto un nuevo mundo en el que empresas veteranas comienzan a padecer los estragos de otros sectores.

Alguien podría pensar que los grandes hitos de la tecnología se producen de manera cíclica. Cada diez años se logra un ingenio que revoluciona todo lo demás. Pero también se puede llevar por delante a agentes importantes que hicieron mover las piezas del engranaje de la innovación. Su momento pudo pasar, pero la historia será la que les juzgue. Y la economía, su verdugo. Uno de los mayores retos de las empresas de tecnología es saber reaccionar a tiempo. La cuestión es renovarse o morir. Y mientras se suceden los acontecimientos y los días se consumen algunos proyectos que gozaron de gran éxito acaban por rendir cuentas. Porque en la tecnología todo evoluciona demasiado rápido. En este contexto se impone viajar a toda máquina, un concepto muy arraigado ya en una cultura que sigue persiguiendo el reto permanente de colocar la siguiente piedra de la revolución.

Le sucedió a Nokia que, tras catorce años en la élite de la telefonía móvil, se resistió hasta el último compás en su apuesta por un sistema operativo determinado cuando la tendencia del mercado y las demandas de los consumidores iban por otros caminos. Su excesiva dependencia de un solo producto acabó por ser su mayor perdición. El símbolo de Finlandia se entregó al gigante del software Microsoft que necesitaba resolver uno de sus puntos flacos, el mercado de la telefonía móvil. Otras grandes empresas corrieron su misma suerte. Desde el recuerdo de Kodak, que fue la reina de las cámaras que no supo adaptarse a la transformación digital, o Compaq, que llegó a ser el mayor vendedor de ordenadores en los noventa, pasando por Yahoo, cuya salvación en estos momentos pasa por echarse a los brazos de la firma de telecomunicaciones Verizon.

¿Pudo evitarse que empresas que nacieron años después no le robaran terreno? Ahora el turno es para BlackBerry. La firma canadiense ha visto cómo las ventas de sus móviles han caído en picado en los últimos años. Su mayor pecado, no saber adaptarse a los nuevos tiempos en los que las pantallas táctiles se han popularizado y se han convertido en la principal forma de interacción con los aparatos electrónicos, así como la gran dependencia de un solo producto para obtener ingresos del ámbito del consumo.

Esta empresa, una de las pioneras en el mercado de la telefonía inteligente, ha anunciado esta semana que dejará de producir de manera interna sus propios móviles porque externalizará la división de hardware. Serán empresas de fuera las que fabriquen sus terminales, como Alcatel, uno de sus socios para llevar a cabo esta nueva estrategia que pasa por centrar mayores esfuerzos en su negocio de servicios y redes, que le reportan grandes ingresos a su cuenta de resultados. Algo parecido puede poner en riesgo a otras firmas como Apple, cuyo producto estrella, el iPhone, representa el 70% de los ingresos totales de la compañía y que en los últimos trimestres ha registrado pérdidas.

Las empresas tecnológicos tratan de encontrar, desesperadamente, una nueva tendencia, un nuevo producto revolucionario, «the next big thing», como se diría en la cultura anglosajona. Pero no es siempre tarea fácil, máxime cuando se tiene en cuenta un producto que funciona muy bien. Pero nada suele ser eterno y hasta que le ven las orejas al lobo pocas son las empresas que tienen cintura suficiente como para corregir a la larga las posibles pérdidas. Otras empresas, sin embargo, decidieron en su momento abandonar el mundo del consumo para centrarse en los negocios, en el público empresarial. La centenaria IBM, por ejemplo, dio un paso al lado en los años noventa y, todavía, después de más de veinte años, puede presumir de liderar la lista de registros de patentes.

Intel, un gigante de los componentes, continúa esforzándose para superar la crisis de la era «postPC». Aunque tuvo su presencia en la telefonía móvil, este mercado que se ha vuelto tan competitivo en un corto espacio de tiempo ha encontrado en Qualcomm su principal compañero (con otras firmas pegando fuerte, por cierto). La empresa americana ahora ha girado hacia soluciones destinadas a desarrollar el hogar y la ciudad inteligente, los coches del futuro incluso o su apuesta por la emergente tecnología de realidad virtual.

¿Quién será el siguiente en caer? ¿Qué empresa actual está condenada a decir adiós al mundo del consumo? Es muy complicado acertar. Es cierto. Pero en el segmento de la telefonía móvil se observan dos claras tendencias. Por un lado, ahora mismo parece insalvable el liderazgo que mantienen Apple y Samsung, pero por debajo nos encontramos con firmas como Huawei, Oppo o Vivo que han ganado cuota de mercado muy rápidamente. Incluso Xiaomi, que se quedó descolgada de las primeras posiciones según informes recientes. Y muy por detrás aparecen otros como LG, que sigue perdiendo fuelle con sus «smartphones» pese a arriesgarse a lanzar algunos terminales originales como el semimodular LG G5, o HTC, que pese a ofrecer teléfonos de muy buena calidad no ha podido cuajar entre los consumidores. Por el momento, solo queda resistir.

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