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La guarida del 'yihadismo' en la sierra de Gredos

El Mundo El Mundo 18/06/2014 BEATRIZ TRECEÑO

A sólo 25 kilómetros de Ávila, entre las laderas rocosas de la Sierra de Gredos, Lahcen Ikassrrien, el presunto cabecilla de la en Madrid, encontró el lugar idóneo para dirigir la estructura de la Brigada Al Andalus.

© Proporcionado por elmundo.es

La polvareda de una cementera y una carretera comarcal de sentido único conducen hasta Santa Cruz de Pinares, un pueblo de 200 habitantes donde se encuentra la urbanización Bernabé, el lugar desde donde supuestamente se adoctrinaba a los terroristas. «La finca la compró el padre de su mujer hace unos 15 años», según cuenta un operario del Ayuntamiento. Es decir, coincidiendo con el momento en el que el terrorista se incorporó a la insurgencia afgana. A su regreso, en 2011, Ikassrrien tenía a su disposición un perfecto escondite para dirigir la estructura.

Una hilera de amazónicas blinda por el aire los 1.200 metros cuadrados de parcela, en estado de semi-abandono. En cambio, el deteriorado vallado de alambre y malla que rodea el terreno permite identificar perfectamente tres estancias: una pequeña caseta que funcionaría como vivienda, una zona con piscina y un trastero. Allí es donde, aparentemente, el cabecilla acudía a pasar fines de semana en familia. «Venían él, su mujer y sus hijos [una niña de unos siete años y un niño de unos 10]. Y de vez en cuando traían a algún amigo», explica José Fernández, el vecino que compartía alambrada con el terrorista. «Hacían barbacoas en el patio. Pensaba que eran amigos suyos».

Tal vez porque su forma de actuar -a ojos de los vecinos- era idéntica a la de cualquier otro. «Venían a pasar la noche del sábado y se iban el domingo», cuenta Vilma Sacristán, mujer de Fernández, «como todos los que vienen de Madrid a pasar el fin de semana a la sierra». O tal vez porque no hacían por esconderse. «Pasaban mucho tiempo en el jardín. Los niños jugaban en la piscina y ellos comían fuera», cuenta Sacristán, que asegura que el fin de semana pasado «sintió que habían venido». De ahí la sorpresa con la que se despertó el lunes al ver el amplio dispositivo policial. «Me asomé al balcón y le vi con los agentes. Estuvieron dos horas registrando la casa», narra.

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