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La heterodoxia eleva su voz

EL PAÍS EL PAÍS 01/06/2014 Luis Hidalgo

La última jornada del Primavera Sound confirmó una tendencia que con los años se va acentuando; lo heterodoxo, aquello que no forma parte del catecismo “independiente”, gana cada vez más enteros. Lo reconoce satisfecha la organización, y los artistas ponen su grano de arena protagonizando conciertos incontestables que ayudan a abrir los ojos a quienes no miraban en su dirección. En la tarde noche del sábado, este honor correspondió a Caetano Veloso, uno de los adalides del tropicalismo, y al dúo formado por Sílvia Pérez Cruz y Raül Fernández, puntos de fuga de un festival que ha mantenido las cifras de asistencia del año pasado convocando en el Fórum, pese a la lluvia, a 50.000 personas diarias. En conjunto, la semana de festival en toda la ciudad ha deparado 190.000 visitas a todas sus actividades.

La lluvia volvió a amagar con ser la artista invitada. Por fortuna fue un golpe frustrado, y sólo unas gotillas remojaron los pavimentos del recinto desprendiendo un aromático y evocador perfume de ozono. De esta manera, cuando ya oscurecía y bajo un cielo aún azul apenas moteado por unas nubecillas de color blanco inocencia, apareció Caetano Veloso en su escenario, la única posibilidad de mojarse es que alguien lo hiciese derramando su cerveza encima o sobre su vecino. Pero ello era casi técnicamente imposible, pues la salida a escena de Caetano fue como si el trepidante ritmo del festival sufriese un parón, como si el tiempo entrase en otra fase, discurriendo más lento. Un paréntesis calmo. Con una camisa blanca y un pantalón negro, gafas de persona mayor que las usa porque no ve y no por moda, Caetano se antojó paradigma de la compostura y elegancia. Ni embarrado y empapado la perdería, pareciendo en él algo genético. No actuaba en solitario, que es cuando suele pasmar con su carisma y capacidad de interpretación, pero su concierto con banda fue estupendo, dejando satisfechos a los espectadores que llenaron el auditorio al aire libre donde actuó. Abrió con A Bossa Nova é foda y cerró haciendo bailar con Você nao entende nada, dejando por medio quince temas sin mayor aporte de nostalgia que reiterar la fusión entre los sonidos populares brasileños y el pop-rock, lo que viene haciendo desde que su cabello era negro y no canoso.

Caetano Veloso durante su actuación de ayer. / gianluca battista

A primera hora de la tarde, la emoción se derrochó a espuertas en el Auditori, donde por cierto el encargado de la limpieza de los lavabos es igualito a Jeff Mills, todo un detalle de la organización. Pues bien, allí actuaron Sílvia Pérez Cruz y Raül Fernández presentando su disco de versiones granada. Resultó sensacional ver cómo María del Mar Bonet, Leonard Cohen, Fito Páez, Violeta Parra o Morente eran llevados al terreno de la pareja reinventando completamente sus canciones. Para ello Raül trabajaba su guitarra en busca de disonancia y acordes secos y cortos, nada melódicos, una cuna de ruidos y quejas eléctricas idónea para acunar la extraordinaria voz de Sílvia, un prodigio de la interpretación, toda ductilidad y a la vez potencia. Sobrecogió. Encima Sílvia es naturalidad pura que conecta de manera directa y franca con el público, que despidió la actuación en pié, algo muy poco habitual en el Auditori, y regalando un aplauso largo, cálido y atronador. Alberto Guijarro, codirector del festival, declaró después que había presenciado uno de los conciertos que se recordarán en la historia del Primavera Sound, que por cierto, el año que viene se celebrará en el Fórum entre 28 y 30 de mayo.

El concierto que, tristemente, no se recordará como sensacional fue el de Tom Verlaine al frente de sus Televisión. Interpretaron su disco, un Marquee moon que pasó por escena sin demasiada pasión en un concierto que fue de menos a más pero que no acabó por enredar en su madeja de guitarras a los espectadores, que hubieron de poner bastante de sí mismos para participar en la recuperación de este clásico. Sea como fuere, en la tarde noche pintaron canas.

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