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La historia completa de los irreductibles victorinos y su indomable criador: Victorino Martín

Logotipo de El Mundo El Mundo 04/10/2017 ZABALA DE LA SERNA

Victorino Martín Andrés (1929) se erigió como el guardián de la casta y la integridad del toro. En sus dominios no pisaban veedores de toreros, ni mercaderes profanadores de templos, ni nadie osaba mandar más que el ganadero en su producto, en sus criaturas voraces y tobilleras -las que dieron en llamar alimañas- o templadas y entregadas al mando de los vuelos de quien fuese capaz de descifrar los códigos de su singular bravura.

Entre vacas y cabras, el viejo Victorino Martín se crió en Galapagar (Madrid) como un niño travieso y rural. El abuelo Venancio amasó un capital con el trato bovino y caprino hasta hacerse con casi 40 pequeñas fincas, un enorme minifundio, que todavía en vida repartió entre sus cinco hijos. En casa de Victorino cayeron Los Cercados Estrechos, El cerrillo de Monterrubio, El Pardo Fuentes, La Blasca del Moral, El Garaje y un pajar. El mítico ganadero recordaba su primera ganadería: "De raza serrana, vacas coloradas, berrendas y chorreadas, y las lecheras frisonas que bajaron de Santander". Pero el verano del 36 arrasa con la supuesta paz de la II República y las milicias se llevan a su padre preso al Cuartel General del Aire en Moncloa. Y de ahí a Paracuellos...

Victorino da un triple salto mortal. De criador de ganado de carne y lechero, tratante, carnicero y moruchero a imprescindible ganadero de toros bravos en la Historia del toreo. Un proceso largo que transcurre desde la primigenia experiencia con la bravura en la finca de los Hernández y el encaste Vega-Villar, pasa por dar toros por los pueblos serranos de Madrid (Moralzarzal, Las Rozas, Galapagar...) y concluye con la génesis de Victorino como marca registrada.

En 1960 compra un tercio de los toros del Marqués de Albaserrada en poder de la familia de Escudero Calvo hasta completar la adquisición en exclusiva de toda la estirpe con los diferentes herederos. Nadie, ni el propio marqués de la A coronada (hierro de la casa), se situó tanto tiempo al frente de los albaserradas que, en manos de los Escudero, caminaban hacia el matadero. La providencial aparición de Victorino Martín convirtió un coche para el desguace en un Fórmula 1.

Paso a paso Victorino escala posiciones, aunque aún lidia a nombre de Hermanos Martín. Debuta el 19 de julio de 1965 como ganadero en la Monumental de las Ventas, con una novillada que se salda con la gloria de El Inclusero y una formidable gresca con la empresa Jardón, que no quiere abonar las 250.000 pesetas pactadas. Las puertas se le cierran. La polémica entra a formar parte de la vida de Victorino porque la verdad sólo tiene un camino.

Entre el veto venteño y su regreso suceden capítulos como la batalla entre Manuel Benítez 'El Cordobes' y Sebastián Palomo Linares por una corrida de Galache en la Feria de San Isidro en 1968. Victorino Martín, todavía un desconocido, protagoniza su primera gran incursión en los medios de la mano de Vicente Zabala en El Alcazar y Nuevo Diario. En titulares en enorme cuerpo y a pagina completa, Victorino ofrece a las figuras totalmente gratis una corrida cinqueña y anuncia que el precio de la carne lo donara a los pobres. Por supuesto, no hay contestación, pero agita la conciencia de la opinión pública y la afición. Como un mayo taurino del 68. La temporada se complica cuando el 2 de junio el semental Hospiciano embosca a Victorino Martín en pleno campo y lo cose a cornadas con ocho puñaladas que afectan gravemente al riñón y al pulmón izquierdos. Sobrevive de milagro cuando la fiera decide abandonar la presa.

La intermediación del ganadero Manuel Aleas con los empresarios de Madrid hace que el maltrecho Victorino, en la salud y en el dinero, vuelva a Las Ventas el 18 de agosto de 1968 con una corrida de toros ¡con los cinco años cumplidos! La Fiesta se encontraba entonces inmersa en la batalla, abanderada por los sectores mas rebeldes e independientes de la prensa, por el cambio en el Reglamento que obligase a lidiar el toro con cuatro anos frente al utrero de tres años imperante. El Paleto de Galapagar triunfa con un espectáculo de pura adrenalina, de tal calibre que la empresa le ofrece volver sólo tres semanas después. Ya nunca más se anunciarán sus toros en los carteles como Hermanos Martín. Nace Victorino Martín, nace la leyenda.

Todo torero que haya lidiado victorinos en plazas de categoría hace una marca especial en el pomo del estoque, como una muesca por enemigo caído en el revólver. Desde Andrés Vázquez en adelante se suceden auténticos especialistas en la ganadería de la A coronada. Ruiz Miguel, con 79 corridas, lidera el escalafón de matadores que mas victorinadas se han metido entre pecho y espada. Seguido del maestro alicantino Luis Francisco Esplá. Junto a José Luis Palomar componen el cartel de la llamada Corrida del Siglo el 1 de junio de 1982, en plena exaltación de Naranjito, el puño y la rosa. La tarde, televisada por TVE, se convirtió en un referente. La afición invadió el ruedo y elevó a los protagonistas sobre sus hombros por la Puerta Grande.

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Victorino ya sabía lo que era abrir ese pórtico de la gloria con Miguel Márquez el 18 de mayo de 1976: "El primer tanto de la tarde se lo apuntó Victorino al llenar la plaza hasta la bandera [...]. A más de un ganadero le rechinan los dientes. Les duele la sicosis masiva que indudablemente existe en Madrid con esta divisa. Pero, señores míos, ustedes estuvieron a tiempo de hacerlo que el llevó a cabo a su debido tiempo con indudable garantía: enfrentarse a todo el taurinismo, jugar la carta del aficionado, respaldar las campanas de la critica independiente con declaraciones sumamente peligrosas para quien pretende circular con dignidad por este espinoso mundillo del toro", escribió Zabala Portolés. Su imagen alejada del estereotipo del ganadero señorito andaluz, su lengua indomable y sus dotes de innato comunicador que hacían saltar chispas en un sistema dormido en la comodidad como el taurino. Ningún ganadero de bravo se aproximaría siquiera, con el paso de los años, al doble caché del que llamaban Paleto de Galapagar, enjuto, rápido y listo como sus toros, centellas grises de miradas de sílex.

Y se siguieron juntando hitos y nombres propios: Ortega Cano vino a indultar a Madrid en julio de 1982 a Velador en corrida concurso, el único toro de la historia de Las Ventas que ha salvado la vida por su bravura. José Ortega conocía por fin la miel después de paladear la hiel de los victorinos en 1979 sobre el ruedo venteño: la tarde se hubo de suspender en el cuarto con los tres matadores heridos en la enfermería.

Los toros Baratero, Jaquetón, Veraniego, Borgoñés, Cobradiezmos harían historia en la parte animal entre otros muchos a lo largo de 50 años en la cumbre; pero en la zona humana héroes como Víctor Mendes, El Tato, Pepín Liria, Diego Urdiales, El Cid, desbrozaron sus trayectorias por la selva de las victorinadas.

De los caballeros de la armadura dorada, cinco escribieron sus gestas con letras mayúsculas en la Monumental de las Ventas: Andrés Vázquez, Ruiz Miguel, El Niño de la Capea, Roberto Domínguez y Manuel Caballero se encerraron con seis victorinos como solitarios gladiadores en el circo romano. Alejandro Talavante y El Cid también tiraron la moneda al aire sobre la arena venteña con media docena de albaserradas con la A coronada grabada a fuego. Salió cruz.

De aquellos minifundios de Galapagar, la tierra madre de Victorino, al emporio de Las Tiesas y Monteviejo en los lares de Extremadura. La vida del único ganadero que ha ganado las Medalla de Oro de Bellas Artes (2014) y el Premio Nacional de Tauromaquia (2016) forma ya parte de la Historia de la Tauromaquia en molde de oro.

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