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La importancia de los primeros recuerdos

Expansión.com Expansión.com 20/05/2014 Sue Shellenbarger

Lo que usted recuerde a partir de los 3 años puede mejorar aspectos de su vida bien entrada la edad adulta.

Según los últimos estudios, los niños que tienen la capacidad de recordar y dar sentido a recuerdos cotidianos -como el primer día de educación preescolar o el día que murió su mascota- pueden utilizar esos recuerdos para desarrollar un mejor sentido de la identidad, formar relaciones y tomar decisiones adecuadas durante su adolescencia y durante el resto de su vida.

Aunque las vidas de muchos jóvenes hoy en día están ampliamente documentadas en fotos y videos en las redes sociales y almacenadas en los archivos digitales de sus familias, según los estudios, las fotografías y los videos no surten el mismo efecto. Los padres desempeñan el papel más importante a la hora de determinar no solo los recuerdos tempranos que pueden retener los niños, sino cómo los interpretan y aprenden de sus primeras experiencias.

"Nuestros recuerdos personales definen quiénes somos", sostiene Robyn Fivush, profesor de psicología de la Universidad de Emory en Atlanta y autor de varios estudios sobre el tema. Los niños cuyos padres los estimulan a recordar y contar historias sobre sus experiencias diarias pueden desarrollar mejores aptitudes para abordar y resolver problemas cuando llegan a la preadolescencia y muestran menores síntomas de depresión, indican las investigaciones.

Estas conclusiones provienen de un estudio sobre los misterios de la "amnesia infantil", el hecho de que la mayor parte de nuestros primeros recuerdos se disipan después de cumplir los 6 u 8 años, ya que el cerebro aún no ha desarrollado la capacidad de retenerlos.

En los últimos dos años, nuevas técnicas de investigación y un mayor número de estudios que siguen los recuerdos de los niños a lo largo de varios años, han identificado comportamientos específicos que ayudan a los niños de hasta nueve años a retener recuerdos más nítidos y detallados.

Aunque hay pocas investigaciones sobre la memoria infantil que incluyan a los padres, los que lo hacen muestran que las madres son más propensas a utilizar un estilo de conversación que estimula a los niños a retener los recuerdos tempranos.

Algunos recuerdos ayudan a forjar un sentido de la identidad personal, según una investigación de 2011. La gente recuerda experiencias cuando quiere sentir que es la misma persona que antes o cuando quiere entender los cambios que ha experimentado. Los supervivientes de desastres naturales, por ejemplo, podrían querer recordar la tragedia como prueba de que pueden superar experiencias difíciles y salir fortalecidos de ellas.

Otros recuerdos sirven para guiar el comportamiento. Las personas reviven recuerdos cuando deben tomar decisiones o para no repetir los errores del pasado. Un tercer tipo, los recuerdos de vínculos sociales, están asociados a las relaciones con los otros. La gente recurre a ellos cuando quiere fortalecer relaciones o forjar nuevos vínculos, dicen los estudios.

La capacidad de hacer uso de los tres tipos de recuerdos augura un mayor bienestar psicológico, un mejor sentido de identidad y relaciones más positivas, según una investigación en la que participaron 103 alumnos universitarios publicada el año pasado por la revista Memory.

A los alumnos se les pidió que recordaran cuatro episodios de su vida y mencionaran razones por las cuales pensaban que eran importantes. También rellenaron cuestionarios para determinar si estaban satisfechos con su vida, su nivel de autoestima y su bienestar psicológico.

Además, los niños capaces de evocar recuerdos más específicos son capaces de pensar en más soluciones a sus problemas sociales, según un estudio de 2011 realizado por la Universidad de New Hampshire a menores de 10 a 15 años.

Aunque son pocos los adultos que tienen recuerdos anteriores a los 3 años y medio, algunas personas tienen recuerdos desde incluso los 18 meses de edad. Otras no pueden recordar mucho antes de los 8 años, asegura Patricia Bauer, psicóloga y autora de numerosas investigaciones. Los recuerdos tempranos tienen más posibilidades de persistir cuando se pide a los niños que hablen de ellos en el momento en el que ocurren.

Al parecer, los niños con madres que tienen "un estilo muy elaborado" de recordar con sus hijos, de hacerles preguntas abiertas de quién, qué, dónde y cuándo, son capaces a los 4 y 5 años de formar recuerdos más tempranos y detallados que otros niños. En cambio, los hijos de padres con un estilo de recordar más "repetitivo", que hacen preguntas a las que se responde con una sola palabra, tienen menos recuerdos.

 

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