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La inquietante sombra de Francia 2002

EL PAÍS EL PAÍS 31/05/2014 Rodolfo Chisleanschi

El 12 de julio de 1998, Didier Deschamps levantaba en París la primera, y por ahora única Copa del Mundo ganada por la selección francesa. Bajo la batuta del veterano Aimé Jacquet y comandados por Zinedine Zidane, les bleus barrieron a los brasileños en la final e inauguraron un período de esplendor donde fueron los dueños del fútbol planetario. Pese al cambio de entrenador —Roger Lemerre se hizo cargo del equipo—, Francia se consagraría en la Eurocopa 2000 e incluso se llevaría la Copa Confederaciones al año siguiente.

Cuando llegó la hora de confeccionar la lista para el Mundial de Japón y Corea, Lemerre no tuvo dudas y tiró de la vieja guardia: 13 de los 22 futbolistas que levantaron el trofeo en el Stade de France repitieron asistencia: desde Barthez a Henry, pasando por Desailly, Vieira, Zidane o Trezeguet. Es decir, la columna vertebral del equipo. Francia llegó a la cita asiática con la chapa unánime de candidato a repetir la gesta, pero acabó entrando en la historia por la puerta falsa: se convirtió en el primer campeón en ser eliminado en la primera fase del Mundial siguiente, con el agregado de marcharse sin marcar un gol (0-1 con Senegal; 0-0 con Uruguay; 0-2 con Dinamarca).

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Decía Vicente del Bosque en estos días que ni él mismo es el de hace seis años. Sin embargo, en su lista para Brasil 2014 repiten hasta 16 de los 23 que rompieron el maleficio español en Sudáfrica. Y serían más si no fuera por las lesiones de Víctor Valdés y Jesús Navas.

La decisión tiene su lógica. La tendencia natural de los entrenadores es respetar las jerarquías y mantener aquello que funciona, ya sea la convivencia en grupo como el funcionamiento futbolístico. Y además, nadie discute la sabiduría, el compromiso y el nivel actual de juego de gente como Sergio Ramos, Busquets, Iniesta, Silva o Fernando Torres.

Pero sin duda, también tiene sus riesgos. Otra vez, como en el caso de los franceses en 2002, España se presentará a defender su título casi con las mismas armas que antaño. Los pocos recambios serán por pura obligación —además de los lesionados, Puyol, Capdevila y Marchena están retirados de la alta competición; y solo las salidas de Arbeloa y Llorente pueden considerarse decisiones tácticas del entrenador salmantino—, pero en ningún caso afectan a la columna vertebral del equipo.

Decía Vicente del Bosque en estos días que ni él mismo es el de hace seis años. Sin embargo, en su lista para Brasil 2014 repiten hasta 16 de los 23

La continuidad garantiza compenetración y fidelidad a una forma de jugar. El contrapeso es, por un lado, el innegable aumento en el promedio de edad de un grupo que sin llegar a ser veterano acumula demasiados minutos y demasiado desgaste en los últimos años. Y por otro, la falta de sorpresa. Todos, hasta el más despistado de los entrenadores del mundo, saben a qué juega España. Todos han estudiado hasta el menor detalle de sus mecanismos de ataque y de sus sistemas de defensa. Y en Brasil, al equipo de Del Bosque le esperan dos meticulosos preparadores de partidos: Louis Van Gaal, con parte de los holandeses que cayeron en la final de Johanesburgo; y Jorge Sampaoli, con un grupo de chilenos ávidos de gloria.

Para sorprenderlos, España mantiene la estructura y no parece reservar más ases en la manga que los que puedan aportar Koke, los laterales y un renqueante Diego Costa. No hubo lugar para más productos de la prolífica cantera española (Isco, Iturraspe, Carvajal, Íñigo Martínez…) ni para jóvenes promesas como Deulofeu. Y si bien es cierto que Thiago tenía un sitio reservado, en tal caso es más que probable que el volante del Atlético de Madrid se hubiera quedado en casa.

Como el fútbol brinda argumentos para todos los gustos, siempre se puede argüir que Brasil llevó en 1962 a 14 de los 22 jugadores que habían estado en Suecia cuatro años antes, y volvió a ser campeón del mundo. Aunque también es innegable que ha pasado mucho tiempo desde entonces, que el fútbol ha cambiado y que la sombra de Francia 2002 asoma mucho más cercana.

Nadie mejor que Del Bosque conoce el material que tiene entre manos. Pero su apuesta no deja de ser muy arriesgada.

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