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La jerarquía se desangra

El Mundo El Mundo 14/06/2014 ORFEO SUÁREZ

La sacudida recibida por la campeona invita a reflexiones que tienen que ver con algo más que con el juego. También con los nombres, con el desgaste del éxito, con las decisiones del seleccionador y hasta con la preparación llevada a cabo antes de viajar a este microtrópico de Bahía. Holanda no es mejor equipo que esta España, y el primero que lo sabe es Louis van Gaal, pero la realidad es que jugó con más energía y entusiasmo frente a una selección a la que se le hacía incomprensible que le arrancaran los galones, esa aristocracia arrebatada en mitad de los olés invertidos. Es como si la selección se hubiera situado ante el colapso psicológico que produce la infelicidad inesperada cuando se cree habitar en el paraíso. Hoy piensa en recomponerlo todo, mañana deberá pensar sólo en corregir sus errores. Lo demás depende del otro. []

A partir de ahora, a España le aguarda un acto de fe que tiene que ver poco con el de Sudáfrica, porque Holanda no es Suiza, y porque un puesto en los octavos está prácticamente decidido. Si es así y sale adelante, quizás le aguarde Brasil. No es el Everest. Es el fútbol, inclemente, pero justo con el presente, aunque doloroso con el pasado.

Después de caer en Sudáfrica en el primer partido, Del Bosque llegó a la conclusión de que no habían hecho nada mal, nada. Simplemente, lo atribuyó a la teoría del caos que tanto tiene que ver con el fútbol, a un gol azaroso, a un mal día. De lo sucedido en Bahía no puede hacer el mismo análisis. Fue una catástrofe no sólo para campeones crepusculares, sino para otros en su primavera. La metáfora es Sergio Ramos, de ser un coloso a un futbolista errado y con plomo, aunque menos que su pareja, Piqué. Fue su error en la acción del empate el que demostró a Holanda que todo era posible. Todo.

La forma en la que lo celebró, cuando Van Persie corrió a la banda, chocó su mano con la de Van Gaal y todos los futbolistas se fundieron en una piña, fue una imagen amenazante. Tenían deseo de venganza por la final de 2010, pero tenían más cosas que España no supo encontrar. Del Bosque dijo que sus jugadores debían jugar con emoción. Ayer, estaba toda del lado de sus rivales, que golearon a la campeona de forma implacable tras superar un penalti en contra fruto de la picardía. El toque canalla de Diego Costa es lo único positivo, si es que lo hay, para España. ¿Pero qué es eso, en realidad, qué es una treta sin el toque de verdad?

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Es fácil pensar en que el fútbol ha decidido que el ciclo de ese estilo ha pasado, al observar el otoño del Barcelona, incluso el castigo sufrido por el Bayern de Pep Guardiola en Europa. Pero resulta frívolo si no se complementa. La España que tanto se ha elogiado por su poder ofensivo, encajó en todo el pasado Mundial tres goles menos que en el partido de Bahía, hecho que apunta a una debilidad estructural y defensiva, patente mucho antes de que Van Persie empatara, ya en un desmarque de Sneijder. Casillas evitó un gol por anticipado antes de exponerse a su peor partido. Así lo dijo, desencajado.

España fue débil en el empate, débil en el segundo gol, aunque hay que conceder a Robben el mérito de su control en el área y su regate a Piqué, y débil en el que acababa de inclinar la victoria, pese a la falta previa de Van Persie sobre Casillas.

Del Bosque reaccionó al naufragio con cambios desesperados en busca del empate, Torres y Pedro, pero a costa de desguarnecer el centro del campo, ya sin Xabi Alonso y con un Busquets que no pasa por sus mejores días. Holanda fue a partir de entonces como un látigo en movimiento, espoleada por Robben, autor de dos tantos, como Van Persie. Este jugador al que siempre ha costado dominar al demonio que lleva dentro, merece el premio a su excelente partido. Fue veloz, fue desequilibrante, fue goleador y fue líder. Una goleada en la primera fase no colma su error ante Casillas en Johannesburgo, pero al menos calma su desesperación. Es difícil que sin ella sea el mismo.

Robben es uno de los supervivientes en esta Holanda renovada. España, campeona de la Eurocopa, no había sentido la necesidad. Del Bosque partió con un once muy jerárquico que debe formar parte de sus reflexiones. Era el mejor posible con los nombres. La cuestión es si la forma dice lo mismo y si los días en el frío de Curitiba eran o no lo adecuado para jugar en Bahía. Por ello, el análisis debe ser global y reposado. Esto no puede ser inexplicable, como dijo tras el partido. Es cierto que, poco antes de que Van Persie empatara, a un minuto del descanso, Silva tuvo en sus botas aumentar una ventaja que habría cambiado el decorado, pero nadie se desangra de esa forma por un corte. Lo que España sufrió fue una hemorragia que empezó cuando cada equipo hubo de salir a campo abierto. Cuando se desnudaron tácticamente fue cuando se vio dónde estaba cada uno. Los españoles preguntándose quiénes fueron. Hoy, cómo volver a serlo.

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