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La juventud del maestro Alonso

Logotipo de El Mundo El Mundo 29/09/2017 P. UNAMUNO

En el año de su muerte, 1948, Francisco Alonso, conocido por todos como 'maestro Alonso', tenía media docena de obras en cartel en distintos teatros de Madrid, y eso a pesar de que la zarzuela no atravesaba su mejor momento en cuanto a aceptación del público en los años lóbregos de la posguerra.

El éxito atronador de La parranda, La calesera o Las Leandras, escrita ex profeso para Celia Gámez, supuso el reconocimiento y la fama en vida de un compositor que llevaba componiendo prácticamente desde que tuvo uso de razón en su Granada natal. Sus obras de niñez y juventud pueden escucharse ahora en una grabación del dúo de piano Iberian@Klavier, compuesto por Manuel Tévar y Laura Sierra y especializado en la interpretación de música para piano a cuatro manos.

El disco se compone de 13 de esas composiciones tempranas, en su mayoría piezas de 'piano de salón' creadas para veladas caseras entre amigos donde se improvisaban ritmos de moda en los comienzos del siglo XX, de valses y mazurcas a gavotas y pasodobles. Junto a ellas, una obra posterior del maestro, su famosa y conmovedora Nana murciana, escrita originalmente para voz y piano y transcrita por el dúo para piano a cuatro manos.

El álbum se acompaña de un DVD que recorre la andadura de Tévar y Sierra en busca de las fuentes musicales de Francisco Alonso en aquella Granada que vivía una edad de plata que luego vería llegar a un Falla y un Lorca. El "terremoto" que era el maestro, al decir de su hija Carmen, se manifestó en una actividad frenética desde muy joven que incluía no sólo componer para familiares, amigos y 'novietas' (esas Rosita o Doli de los títulos) sino también dirigir bandas y orfeones, escribir canciones para los niños de las Escuelas del Ave María y fundar el centro educativo germen del futuro conservatorio de la ciudad.

La obra temprana de Francisco Alonso era la menos conocida y, por tanto, estudiada de su extensa producción hasta que la familia puso a disposición del Centro de Documentación Musical de la Junta de Andalucía las cajas que contenían gran parte del trabajo del maestro desde que tenía 11 años, aproximadamente, hasta poco antes de mudarse en 1911 a Madrid, donde desarrollaría su brillante carrera.

Reinaldo Fernández, director del centro cuando se produjo la donación y actual responsable del Patronato de la Alhambra y el Generalife, fue el artífice de aquella recuperación de "temas de raíz popular a las que Alonso daba un tratamiento culto, de compositor". Las partituras originales las recopiló y editó Rubén Fernández Picardo, quien las publicó en un volumen que las acompañaba de un minucioso estudio histórico y musicológico.

© Proporcionado por elmundo.es

Las piezas recogidas del álbum, según Fernández Picardo, "son música fresca, natural, intuitiva. Las obras posteriores del maestro Alonso, las de sus años madrileños, mostrarán un dominio muy grande de la orquestación, y eso no es intuitivo, sino elaborado. Sin embargo, nunca resultarán retorcidas; él no quería eso, sino llegar al corazón de la gente".

Carmen Alonso, hija del compositor nacida 10 años antes de su fallecimiento, coincide con el pianista y musicólogo: "La música de mi padre es puro sentimiento; es como él era: afectuoso y alegre no sólo con nosotros, sino con todo el mundo".

Para Manuel Tévar, el mayor desafío de la grabación consistió en conjugar esa sencillez, el "gancho" del que habla también Carmen Alonso, con la profusión de detalles expresivos presente en las partituras, "máxime cuando hay que tocarlas a cuatro manos y tienes que coincidir con el otro intérprete en la 'idea' de lo que pretendía el autor".

Laura Sierra, la otra parte del binomio musical, indica que la cercanía al material original y la posibilidad de haber conocido más de la personalidad de Francisco Alonso gracias a los testimonios de la familia (ante todo Carmen Alonso y su sobrino Francisco Valencia Alonso, narrador en el DVD incluido en el disco) "hace que la interpretación cambie para siempre".

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