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La leyenda y el maestro

El Mundo El Mundo 16/06/2014 ANDRÉS ARAGÓN
© Proporcionado por elmundo.es

Gregg Popovich suele contar que su único mérito en esta vida es que Tim Duncan le cayera en las manos. "Llevo muchos años aprovechándome", dice con su habitual acidez. Juntos forman una sociedad entrenador-jugador que sólo admite la sombra de Red Auerbach y Bill Russell, el paradigma de esos lazos. El quinto anillo conquistado contra los Miami Heat cierra el círculo virtuoso que empezó a dibujarse en San Antonio durante el verano de 1997, tras aquel primer entrenamiento que constató las sospechas del técnico. "La única manera que tendría que estropearlo sería entrenándole demasiado".

Como las parejas que han fatigado tantos años juntas, dicen quienes tienen ojos dentro del vestuario que no necesitan hablar para entenderse. Es una imagen habitual previa a muchos partidos ver a Tim Duncan y Gregg Popovich sentados uno al lado del otro, vecinos de asiento y compañeros de silencio. "No he tenido que entrenarle en diez años. Ya ni nos hablamos. Estamos cansados hasta de mirarnos. Me conformo con que siga viniendo a los partidos", relataba con sarcasmo el técnico de los Spurs en 2012. Ya son 17 temporadas, seis Finales, cinco anillos y más victorias que nadie en playoffs (147).

La veteranía (38 años) y cierto sentido poético han alimentado la especulación sobre una posible retirada en la cima de Tim Duncan, un extremo que el mejor ala-pívot de todos los tiempos ha dejado repetidamente en el aire estos días. "Quiere seguir jugando mientras se sienta útil, mientras sienta que puede tener un impacto. Hace todo lo que puede para mantener un nivel de juego, pero en algún momento parará. Probablemente será durante el tercer cuarto de algún partido fuera de casa, uno de estos años. Sentirá que ya no es significante y se marchará al vestuario", bromeaba Gregg Popovich.

Tampoco quiso abordar el tema minutos después de ganar su quinto anillo, todavía empapado por la lluvia de confeti, aunque las Finales contra Miami han demostrado que su papel sigue siendo muy relevante. Jugó con el ánimo incendiado, hambriento de una revancha por la que había esperado un año. Por el camino superó marcas a nombre de Kareem Abdul-Jabbar (más minutos disputados en playoffs) o Magic Johnson (más dobles-dobles conseguidos), notas a pie de página en un palmarés que atesora cinco anillos de campeón (1999, 2003, 2005, 2007, 2014), tres MVP de las Finales (1999, 2003, 2005), dos MVP de la temporada regular (2002, 2003), 14 nominaciones para el All-Star, diez elecciones en el quinteto ideal y ocho en el mejor equipo defensivo.

El balance es imponente para una carrera que empezó casi por accidente. Tim Duncan estaba llamado a seguir los pasos de su hermana Tricia, nadadora que representó a las Islas Vírgenes en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Dicen que era una de las mayores promesas de la región en los 400 metros libres, pero en septiembre de 1989 el Huracán Hugo arrasó la isla de Saint Croix y con ella la piscina olímpica en la que solía entrenar. La única alternativa era nadar en el Mar Caribe, pero el miedo a los tiburones le hizo cambiar el agua por la pelota naranja. ¿Habría terminado jugando al baloncesto de haber nadado en Barcelona 1992? "Probablemente. Quizá no habría sido tan repentino, pero creo que poco a poco habría tendido hacia el baloncesto", confesaba hace ya 20 años.

Un hombre atado a los fundamentos del juego y dueño de una depuración técnica exquisita. Un huracán entregó a la canasta uno de sus mejores jugadores de la historia. Un huracán hizo caer a Tim Duncan en las manos de Gregg Popovich.

El entrenador que surgió del frío

Gregg Popovich llegó a la NBA sin pretenderlo. O eso asegura. Hace unos años confesaba que de haber recibido el crédito que había pedido para comprar una casa seguramente todavía estaría entrenando a Pomona-Pitzer, dos universidades tan pequeñas que tienen que unirse para tener un equipo de baloncesto. Los lazos son tan estrechos que todavía se deja ver por algún partido, especialmente cuando coincide con la visita de los San Antonio Spurs a Los Ángeles para jugar contra los Lakers o los Clippers.

Popovich había pasado un año sabático en la Universidad de Kansas aprendiendo de Larry Brown y cuando el técnico fue contratado por los Spurs en 1988 le ofreció un puesto como asistente. Cambió una universidad de tercera división por la NBA, empezando una trayectoria que le llevaría también a ser ayudante de los Golden State Warriors antes de regresar a San Antonio en 1994 como director general. El equipo era muy sólido, pero una lesión de David Robinson dos años más tarde abrió una crisis de resultados que le empujó a prescindir de Bob Hill para nombrarse él mismo entrenador del equipo.

Sin su máximo referente, San Antonio completó una temporada desastrosa que le valdría el número uno del draft, el billete para conseguir a ese muchacho de las Islas Vírgenes que, decían, marcaría una época. Durante años, incluso habiendo ganado el primer título, Gregg Popovich fue para algunos "el hombre que había despedido a Bob Hill para ponerse en el banquillo". Sólo los resultados tan aplastantes le han ganado el respeto que hoy le sitúa merecidamente como uno de los mejores entrenadores de todos los tiempos.

Popovich afrontaba esta temporada con el peso de un año más en las piernas de Tim Duncan, Manu Ginóbili y Tony Parker, y con la incertidumbre de haber perdido a sus hombres de más confianza en la banda, Brett Brown y Mike Budenholzer (su relación con este último empezó cuando le convenció para jugar en Pomona-Pitzer, precisamente el año que abandonaría la universidad para irse a San Antonio). El anillo le permite colocarse como el tercer entrenador con más títulos de la historia, empatado con John Kundla y Pat Riley (5) y sólo por detrás de Phil Jackson (9) y Red Auerbach (11).

Junto a otro discípulo de Larry Brown, RC Buford, ha 'levantado' una franquicia que hoy es el modelo a seguir por el resto de equipos de la NBA, el molde de una cultura ganadora. Cada vez más son los rivales que acuden a técnicos y directivos 'graduados' en esta escuela como si fuera la llave a un éxito similar. Días antes de ganar el anillo, Gregg Popovich aseguró sentirse con fuerzas para seguir entrenando, aunque más de una vez y de manera más o menos velada ha ligado su continuidad a Tim Duncan, la leyenda que 'le cayó en las manos'

"Cuando crea que ya no puede, parará. Quizá sea en medio de un partido. Puedo verle en medio de la pista diciendo 'Nah, no quiero seguir. Me voy' y marcharse andando. Y yo me iría detrás. Nada de orgullo, nada de nada".

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