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'La libertad es una virtud fría. No es solidaridad, no es justicia. Pero sin libertad no somos nada'

El Mundo El Mundo 11/06/2014 PABLO RODRÍGUEZ SUANZES
© Proporcionado por elmundo.es

Michael Ignatieff (Toronto, 1947) ha recuperado la sonrisa. En 2005 sucumbió a la tentación. Dejó las aulas y volvió a casa, 30 años después, para intentar liderar el Partido Liberal de Canadá. Sus propósitos eran nobles. Sus discursos, extraordinarios. El fracaso, estrepitoso. Ahora vuelve a ser libre, está relajado y trata de encontrar su lugar en el mundo. Ignatieff es, en la terminología de Isaiah Berlin, su maestro, un zorro. Alguien que sabe y al que le interesan muchas cosas. Es el reportero de guerra y el presentador de televisión. Una de las voces más autorizadas y escuchadas sobre derechos humanos e intervencionismo humanitario. Es un político y un pensador. Pero también es un erizo, alguien cuya vida ha girado y gira en torno a una sola idea y un solo propósito:la libertad.

Ha escrito: "Llevo décadas dando clases sobre Maquiavelo y en realidad nunca lo había entendido" (Risas). Es cierto. Lo confieso en el libro, no lo entendí hasta que entré en política, hasta que bajé a la arena. Maquiavelo sigue siendo, 500 años después, la mejor guía para la política. Porque entendió, y fue el primero, que si no puedes ser amado debes asegurarte de ser temido. Bueno, esa idea se encuentra en la antigua Roma. 'Oderint dum metuant'. Él fue el primero en articularla y en ver la diferencia entre ser amado y ser respetado. Y es una distinción crucial en la política, ayer y hoy. Por si fuera poco, Maquiavelo entendió y desarrolló la importancia de la Fortuna, la contingencia, el destino. No basta un rey filósofos ni tener a genios de Harvard en los gobiernos. Los que los intelectuales nunca han entendido, nunca hemos entendido, es que la política es el arte de lo posible hoy, ahora. Todo versa sobre el tiempo, el momento preciso. Las ideas pueden ser muy buenas, pero totalmente imposibles en un contexto determinado. El genio político, y eso es algo que existe, es sobre el 'timing'. Cuándo atacar y cuándo replegarse. Cuándo esperar y cuándo moverse. Lo entendió mejor que usted. Sin duda. Mi caso, cuando di el salto a la política, es el ejemplo claro de haber escogido mal el momento, el cómo e incluso el porqué. En la política tienes que hacer cosas que en la vida privada te parecerían inaceptables. Hay ocasiones en las que debes mentir o usar la violencia, dijo él hace cinco siglos. Él pensaba que la defensa, la supervivencia del Estado es el fin último, la justificación para todo en política. Y básicamente, tenía razón. ¿No tiene problemas con ello? Es difícil para un liberal porque yo no iría tan lejos como él. No puedo. Hay muchas cosas que no contemplo ni acepto en política y que él no hubiera dudado. Pero es la visión más profunda que tenemos. Hay mucho cinismo en la política, pero también sobre la política por parte del público. Es el otro lado de la moneda de una especie de perfeccionismo moral, pero Maquiavelo nos hizo ver que debemos ser más realistas. Si queremos sistemas democráticos efectivos tenemos que dejar que los políticos hagan cosas que quizás nosotros mismos no haríamos, que no nos gustan, para defender, para reforzar, la república, el Estado. El exceso de cinismo es malo, pues genera expectativas morales que no son realistas. Roosevelt es mi héroe pero hizo muchas cosas inaceptables. Mentir, presionar, fue deshonesto. Y aun así... Los políticos hacen creer que tienen soluciones para todos los problemas y los ciudadanos queremos pensar que realmente es así. Exacto. Y por desgracia no es en absoluto así. Hay muchas situaciones en las que el político sabe que no puede resolver un problema, como mucho gestionarlo, pero no puede decirlo. Mi libro, en ese aspecto, es una defensa de la política. Hay que tener confianza y fe. Yo he salido de mi experiencia con mucho más respeto del que tenía antes. Se queja de que en política las explicaciones siempre llegan demasiado tarde. Hoy el político debe responder, 24 horas al día, a todo, a todos y sobre todo. ¿Cómo se lidia con algo así? No se puede, es demasiado duro, imposible. Por eso mi fracaso político fue al mismo tiempo un enorme alivio. Vuelvo a ser un hombre libre. La política te vacía. Es agotadora físicamente y no te deja tiempo para leer, para pensar. La demanda de información es total. Por eso la relación entre el político y los medios de comunicación, y como consecuencia la ciudadanía, se ha deteriorado. La prensa tiene que publicar algo cada 20 minutos así que necesita mucho material nuevo y por eso le pone un micrófono delante a demasiada gente, a los políticos, para que digan cualquier tontería. Los políticos son incapaces de dar una respuesta a todas esas preguntas, no es humanamente posible. Cada vez estamos más cerca, y al mismo tiempo más lejos unos de otros. Cada vez hay más sospechas mutuas entre prensa, políticos y ciudadanos. La prensa ha sido proletarizada porque su modelo económico ha colapsado. Surgirá otro, estoy seguro, pero desde 1995 hasta ahora, con la transición hacia lo digital, la prensa ha estado en pánico perpetuo. Ahora un periodista 'tuitea', escribe un 'blog', sus artículos y hace vídeos. Cuando yo ejercía el periodismo, hace 40 años, escribías como mucho una pieza al día, pero lo hacías bien. Esta proletarización es mala para el periodismo pero también muy mala para la sociedad. Yo ahora soy libre, me da igual lo que usted escriba de mí. Pero si yo fuera político tendría a alguien grabando esta entrevista para evitar que usted me la jugara. Ya no hay confianza como sí hubo una vez. No hay reglas. Todo lo que diga puede ser usado en mi contra. Eso no es bueno para la democracia. La gran distancia es más bien con el ciudadano, con la calle. Sí, es evidente, natural e inevitable. Europa ha sufrido crisis política, económica y social durante los últimos 10 años. Y eso divide a la sociedad. Ricos y pobres. Jóvenes y viejos. Derecha e izquierda. Ciudadanos e inmigrantes. Y cuando se producen esas divisiones, los políticos, como cualquier, aprovechan para ganar. De la fragmentanción es fácil sacar provecho. ¿Por qué la gente, en crisis, se mueve a la derecha, a la izquierda, a extremos, al populismo y huye del liberalismo que usted defiende? Porque asocian el liberalismo a los problemas, no a los soluciones. Yel populismo ofrece soluciones falsas e imposibles, pero a problemas reales. "Echemos a los inmigrantes, salgamos del euro, la culpa es de la UE, o de la OTAN". Es absurdo, pero los problemas son ciertos, palpables. La única respuesta al populismo es proporcionar soluciones reales. Y pronto. Los partidos liberales o de centro no han tenido el valor suficiente para dar un paso al frente y oponerse a discursos nihilistas o racistas. Yo soy un Ignatieff, mis abuelos fueron expulsados de Rusia tras la Revolución de 1917 y emigraron a Inglaterra. Hoy no sé si hubieran sido aceptados, si habrían podido entrar. Berlin, su maestro, se quejaba de que la libertad es una virtud 'fría'. Lo es. Lo que preocupa a mucha gente hoy es si las nuevas tecnologías amenazan la libertad. Que en este mismo momento alguien, en la Agencia de Seguridad Nacional de cualquier país, porque seamos serios, no es sólo EEUU, esté escuchando. Si no queremos vivir en un mundo lleno de paranoia necesitamos nuevas reglas. Las empresas ahora juegan en el borde de lo que es invadir la privacidad. Nos preguntamos con las nuevas tecnología qué podemos hacer, en vez de preguntar si deberíamos hacerlo. ¿Cómo marcamos límites? Necesitamos estados liberales que protejan la libertad más que nunca. El Estado ha perdido su papel como defensor y garante de las libertades de los ciudadanos. Ahora lo vemos de hecho como el gran peligro, y es terrible. ¿Pueden defenderse las sociedades liberales de amenazas antiliberales sin perder su esencia? Ése es el gran dilema contemporáneo. La razón que aduce la NSA para espiar las comunicaciones es su lucha contra amenazas antiliberales, terroristas. Pero al hacerlo está dañando todo lo que dice proteger. Es extremadamente complicado, pero necesario, que un Estado liberal asuma y acepte que para combatir amenazas, a sus enemigos, deba hacerlo con una mano atada a la espalda. Hay cosas que no podemos hacer, límites que si los sobrepasamos implicarán destruir en lo que creemos. Cuando Obama espía a Merkel destruye lo que dice defender. Hay que pararlo. Necesitamos más controles y para eso está la ley. Los liberales creemos en ella, en los límites y en la justicia. La amenaza está siempre dentro, camuflada en la tensión histórica entre libertad y seguridad. España lo sabe bien, lo ha vivido en su lucha contra el terrorismo. La victoria del estado de derecho fue muy importante no sólo para el país, sino para la idea de democracia en todo el mundo. Hay gente fuera en guerra contra la libertad, contra lo que somos. Pero no seamos fatalistas, se puede prevalecer sin sacrificar nuestra libertad. La guerra sucia contra el terrorismo tenía partidarios, como hay millones de personas que se sienten más seguras con la NSA espiándonos. Se equivocan. Totalmente. Se cometieron errores, crímenes, en la lucha contra ETA y contra Al Qaeda. Y habrá más. Pero una sociedad democrática debe vigilar a los vigilantes para que no tomen las riendas. Soy muy optimista porque la gente como Snowden, y eso que estoy en completo desacuerdo con lo que hizo, son inevitables. Son producto de las sociedades libres. Y por eso habrá más. ¿Por qué está en contra de lo que hizo Snowden? Una persona que acepta mantener la confidencialidad tiene una responsabilidad. Los 'whistleblowers', las 'gargantas profundas', pueden hacer mucho daño. Los periódicos que publicaron sus revelaciones insisten en que no contaron todo lo que tenían y que no pusieron vidas en peligro, pero yo ya no los creo. No me fío. No más que de los gobiernos de los que nos protegen. La idea de que las motivaciones y acciones de Snowden están por encima de las reproches es ridícula. Hizo lo que hizo por sus razones, pero se pueden criticar. Lo bueno es que sólo ocurren cosas así en sociedades liberales. No hay Snowdens en China o Rusia. Pasa en EEUU y mientras haya secretos, habrá filtradores. Eso refuerza la democracia, pero no implica que tengamos que aplaudir a Snowden. ¿No? Sin él no sabríamos lo que ocurre ni habríamos reaccionado. No podemos juzgar actos sólo por sus (buenas) consecuencias. Al final, sus acciones han tenido efectos positivos porque sabemos más que antes, pero las consecuencias no son lo único que importa. La violación de la confianza es algo fundamental. Una sociedad libre debe saber combinar ambas, tener un cierto equilibrio. Principios. Yo no convertiría a Snowden en un héroe. Usted tampoco es muy popular entre los nacionalistas. Yo no tengo ningún problema con el nacionalismo catalán, no más que con el nacionalismo de Quebec o de Escocia. Con la idea de que tu primera lealtad sea hacia Cataluña, su lengua, sus tradiciones. Pero tengo un problema grande con la secesión. Es algo muy diferente. Las naciones pueden compartir estados. Seguramente no lo amarán igual, pero no se trata de amor, sino de compartir. Eso hacemos en Canadá y lo ha hecho Reino Unido durante siglos. Es lo que ocurre en España. Es posible que Cataluña, lo que ahora es Cataluña, tuviera instituciones políticas propias en el siglo XVI, pero ha sido parte de la Monarquía o del Imperio desde entonces. Hay un idioma nacional, una cultura común, tradiciones compartidas. Y no han sido aplastadas o destruidas por España. Viven todos en la misma casa. No digo que el marco constitucional actual sea perfecto, o el más propicio para Cataluña. Seguro que se pueden hacer cambios. ¿No es muy ingenuo pensar que algo así bastaría? España no puede evitar, o no debería evitar, que los catalanes tengan un momento colectivo, por llamarlo de alguna manera, para que digan lo que quieren. En Canadá tuvimos referéndums y no destruyeron el país. Un referéndum en Cataluña no destruiría España. Oponerse a ello es un error de los políticos españoles. No es que personalmente me gusten demasiado los referéndum, pero no veo qué otra opción puede haber si el orden constitucional no le gusta a los ciudadanos. Es una democracia, deben poder expresarse. ¿Por qué oponerse a la secesión si fuera el sentir mayoritario? Por dos razones. Si no hay violencia, no hay supresión de derechos mediante el uso de la fuerza, soy partidario de preservar la existencia de los estados multinacionales todo lo que se pueda. En segundo lugar, porque los impulsos secesionistas quieren obligar a la gente a decidir lo imposible. Elegir qué son, si españoles o catalanes. Y es una elección falsa. Hay mucha gente que son ambas y les gusta. La secesión forzaría a decenas de miles de personas a escoger entre partes indisociables de su identidad. Y eso es un error. ¿Quién es el que habla ahora, el político o el intelectual? El ser humano. Mi abuelo era escocés. Mi hija se ha educado allí. Soy medio escocés y medio ruso. En el Parlamento me sentaba, literalmente, al lado de los independentistas de Quebec. Hermanos y hermanas. Adversarios, no enemigos. No puede haber enemigos en un Parlamento. El debate debe ser un intercambio de argumentos, no una batalla. Como ciudadano, como político y como intelectual estoy contra ello y contra la secesión, salvo que una minoría haya sido castigada por la fuerza. ¿Cómo puede decir que no tiene problemas con el nacionalismo per se, cuando es por lo que aboga? No tengo problemas con el nacionalismo catalán como no los tengo con el patriotismo español o británico o canadiense. Con un sentimiento fuerte de pertenencia. El límite entre ambos es muy fino. La estrategia errónea es decir: soy un cosmopolita que desprecia todos esos sentimientos. Entiendo por qué los catalanes sienten ese vínculo con su nación. El problema es si fuerzan a mucha gente a elegir en lo imposible. Se trata de personas, no de canciones o mitos. Historiador, periodista, político, ¿Es usted zorro o erizo? Soy un zorro. Sin duda. Pero, al igual que Berlin, tengo algo de erizo, un compromiso con la libertad. La democracia, el liberalismo, son formas para articular nuestras diversas formas de entender el mundo. Para dar espacio al individuo. Lo que amo de nuestras sociedades es la exuberante exhibición de libertad que permiten. Por eso son tan atractivas. La libertad es única. No se puede comparar con la solidaridad, con el afecto, el amor, el sacrificio. Es otra cosa. Y está amenazada. Hay un archipiélago autoritario a las puertas. En China o en Rusia y los pequeños estados que controlan. También en algunos países islámicos. La batalla de Ucrania es un ejemplo de esa lucha entre libertad y autoritarismo, pero no será la última. Por eso la defensa de la libertad ucraniana es crucial. No es una guerra local, sino global, porque esos países, donde hay un autoritarismo capitalista, están profundamente integrados en la economía global, como nunca antes. China y Rusia discrepan en muchas cosas, pero si en algo coinciden es en su rechazo a la democracia liberal, al individualismo, a la libertad sexual, a los derechos humanos. Y no puedes tener una sociedad decente sin ellos. ¿Cree que estamos destinados a enfrentarnos? No abogo por empezar una nueva Guerra Fría, pero no podemos ignorar la realidad. 'Ich bin ein Berliner'. No queremos ser enemigos, pero somos adversarios. Y no debemos ser cautos, ni pasivos, ni debe avergonzarnos defender la libertad. Sin libertad no tenemos nada, no somos nada.

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