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La madre coraje tuareg

El Mundo El Mundo 02/06/2014 ALBERTO ROJAS

Mohamed Jabali mueve los labios bajo su barba de plata ante la mirada de 40 turbantes azules: "Hermanos, con su operación militar en Malí, los franceses han contribuido a crear una generación de viudas y huérfanos en nuestro pueblo". Un murmullo de aplausos, risas y cuchicheos recorre la bancada de líderes de las tribus tuareg, fulani y bereber. Una voz femenina, la única, se alza autoritaria entre el 'bullebulle' masculino. "Calla. No estás contando la verdad a nuestros huéspedes", irrumpe esta mujer corpulenta, que se levanta y gesticula: "Los franceses tenían que intervenir para acabar con los yihadistas extranjeros y tú lo sabes".

La que habla es Fatimata Wallet Haibaya, esposa de un general ejecutado, madre de dos niños refugiados, activista por la igualdad de las mujeres de su pueblo y voz de los guerreros azules en el exilio. Es la única del grupo que no necesita traductor porque habla, además de su lengua 'tamashek', un inglés y francés más que aceptables. No hay jefe en su tribu que no respete su opinión. Es palabra de Fatimata, la única que aquí manda callar a los hombres: "Es difícil educar a las mujeres porque la mayoría son viudas al cargo de muchos niños, muy tradicionales, amarradas a la familia y responsables de las finanzas de la casa. Y a pesar de todo intentan ampliar sus capacidades de liderazgo y aprender a hablar en público para defender sus derechos".

Estamos a 10 kilómetros de la aldea de Deni, en pleno océano de arena en Burkina Faso. Hasta aquí han llegado a pie 31.000 tuaregs que huyen de la venganza del ejército maliense. El Gobierno de Bamako, apoyado por los franceses, reconquistó el norte del país en enero de 2013 y expulsó a los separatistas azules del MNLA, su brazo armado, de la tierra de sus antepasados, un concepto sagrado en África. Hoy este pueblo, que sueña con su propio Estado (República de Azawad, en el actual norte de Malí) masca su frustración y decadencia malviviendo en campos de refugiados polvorientos como el de Deni. Aquí se esconden los líderes de las sucesivas rebeliones desde 1963 hasta la última en 2012, de la que se aprovecharon grupos yihadistas comandados por caudillos argelinos como Moktar Belmoktar, alias 'Mister Marlboro', famoso contrabandista y secuestrador de cooperantes.

La supremacía de estos nómadas en el Sáhara es cosa del pasado. Apenas quedan tuareg en el norte de Malí, y los que no han huido están amenazados y escondidos. "Sólo podemos elegir entre la cárcel, las balas o el exilio", dice Mohamed Jabali. "Cuando el ejército de Malí entró en Gao, Tombuctú y Kidal lo primero que hicieron es buscarnos casa por casa mirando el color de piel. Como nuestras tribus tienen la piel más clara, a muchos los separaron del resto y los pusieron de rodillas en plena calle para dispararles en la nuca. A otros los torturaron. Es un ejemplo de racismo, segregación y colonización. ¿Cómo vamos a quedarnos en un país que nos mata en vez de protegernos?", pregunta Fatimata.

En el dispensario del campo de refugiados, el pequeño Icham se recupera de una malnutrición severa junto a su madre, vestida con el índigo azul de su tribu. La UE sostiene este hospital en medio de las dunas, cuya continuidad puede peligrar por el voto de los euroescépticos. "Nos alzamos contra el Gobierno de Bamako porque nos ha abandonado. No hay sistema de salud ni de educación en el norte de Malí. Nuestros hijos no van al colegio porque no hay colegios a los que ir. Cada 10 años surgirá una nueva rebelión porque no creen en una verdadera reconciliación nacional", comenta Fatimata.

La decadencia azul

En este territorio de traficantes de armas ucranianos, narcos colombianos e indómitos beduinos en camello, auténtica 'pangea' de la música blues, la mística que persigue a los tuareg los define como contrabandistas de todo aquello que pueda venderse: "Eso una falsa leyenda. Nosotros no tenemos nada que ver con el 'Cocaine Airlines' [el tráfico de cocaína en avión que se realiza a través del Sahel] ni con la venta de kalashnikovs ni con los grupos yihadistas. El tuareg es musulmán pero tolerante, no queremos instaurar la 'sharia'. Cuando los combatientes extranjeros secuestraron nuestra revolución y comenzaron a quemar bibliotecas nosotros señalamos a las tropas francesas dónde se escondían e incluso les combatimos. Muchos de los nuestros murieron al luchar contra Al Qaeda en el Magreb Islámico y Ansar Dine".

Para los funcionarios de ACNUR (Agencia de la ONU para los refugiados), ha llegado el momento de que vuelvan a su tierra, al igual que los tuareg establecidos en las fronteras de Níger y Mauritania, más de 100.000 en total. Pero ellos no lo tienen claro: "No nos fiamos del gobierno de Malí. La situación en Gao, Kidal o Mopti es peligrosa", dice Fatimata. "La verdad es importante para la reconciliación y nadie ha dicho la verdad. ¿La comunidad internacional dejará que nos masacren?".

Hace 15 días, el primer ministro de Malí, Moussa Mara, declaró la guerra a los tuareg por secuestrar durante unas horas a 30 funcionarios en Kidal.

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