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La matanza de Tiananmen, el gran tabú del gobierno chino

La Vanguardia La Vanguardia 04/06/2014 null

Madrid. (Agencias).- Las protestas que tuvieron lugar en la primavera de 1989 en la Plaza de Tiananmen, situada en el corazón de Pekín, siguen siendo un tema vetado en China, cuyos gobernantes aún hoy, en el 25 aniversario de la matanza, niegan la brutal represión ejercida por el Ejército contra manifestantes desarmados.

Tiananmen, flanqueada por la Ciudad Prohibida, el Parlamento y el Museo Nacional, a la que ya de por sí es difícil acceder, debido a que está dibujada por enormes avenidas para el tráfico de vehículos con pasos peatonales subterráneos, ha amanecido con un norme operativo policial y militar Pekín para evitar cualquier acto que recuerde o conmemore la masacre.

La plaza de Tiananmen, el centro de aquellas manifestaciones, amaneció hoy abarrotada de policías y de militares, que controlan a todo aquel que acuda a visitar el emblemático lugar, según pudo constatar Efe.
Para acceder al enclave, cualquier visitante debe pasar por un arco de seguridad así como someterse a un registro policial, en el que se demanda toda la documentación, en una de las garitas de seguridad que fueron instaladas en la capital después del atentado ocurrido en octubre del año pasado, cuando un coche invadió la acera en Tiananmen y arrolló a los viandantes, provocando cinco muertos.

El Ejército, que es perfectamente visible en Pekín, corta estos días los accesos a la Plaza de Tiananmen e incluso a las calles aledañas, donde también extrema los controles rutinarios a residentes e incluso a turistas, que suelen gozar de un estatus privilegiado. El cerco físico se traslada a Internet. Según ha denunciado GreatFire, que se ocupa de medir la censura en China, desde marzo se comenzaron a "bloquear" las búsquedas en Google relacionadas con la Plaza de Tiananmen y a estas alturas el bloqueo es "indiscriminado".

La paranoia del Gobierno chino ante el aniversario de las protestas en la Plaza de Tiananmen alcanza su máximo grado con la oleada de detenciones que en las semanas previas al 4 de junio se producen entre periodistas y activistas por los Derechos Humanos. "Cada año en los días previos al aniversario de esta masacre, China intenta intimidar a los periodistas para silenciarlos.

A pesar de que las protestas han supuesto el principal desafío, en cuanto a crítica política se refiere, que el Gobierno chino ha tenido que afrontar en las últimas dos décadas, su origen radica en la cúpula del inabarcable Partido Comunista de China (PPCh).

El punto de partida fue el ex secretario general Hu Yaobang, que luchó activamente contra la inercia del modelo socialista chino, llegando a afirmar que las teorías maoístas "no eran deseables" y apoyando las protestas estudiantiles de 1987, que provocaron su expulsión de las filas comunistas.

La muerte de Hu, ocurrida el 15 de abril de 1989, reavivó la ira de la mayor parte de los estudiantes y, en menor medida, de los intelectuales chinos, que habían visto en él al líder que "la nueva China", que ya por entonces anunciaba el PCCh, necesitaba.

Las oraciones por la muerte de Hu fueron el embrión de las protestas, ya que permitieron las primeras concentraciones en demanda de una revisión de la postura oficial del PCCh sobre la figura de su ex secretario general. El aparato de propaganda chino se activó para sofocar las reivindicaciones estudiantiles sirviendo, no obstante, para avivar las manifestaciones, que ampliaron sus objetivos a una profundización de las reformas económicas iniciadas por el Gobierno de Deng Xiaoping para desprenderse del lastre maoísta.

Los líderes de las manifestaciones fueron los estudiantes universitarios que, apoyados por sus tutores, exigieron un camino irreversible hacia el liberalismo, no solo económico, sino también cultural, que a esas alturas se imponía en casi todo el globo, incluida la moribunda Unión Soviética. A estudiantes e intelectuales pronto se sumaron los obreros urbanos, que con el inicio de las reformas económicas, en la década de 1970, habían emigrado del campo a la ciudad vaticinando ya el fin de la época dorada del campesinado chino, y que clamaban por una ralentización de los cambios.

Esta amalgama de quejas cristalizó en la inmensa Plaza de Tiananmen, que durante el mes y medio de movilización ciudadana, sirvió de escenario para todo tipo de quejas, algunas de las cuales se canalizaron por la vía de la huelga de hambre. El Gobierno optó desde un primer momento por ignorar la protesta, pese al precedente de la Banda de los Cuatro, confiando en que el agotamiento acabara extinguiéndola. Solo un puñado de dirigentes supo ver el impacto de lo que estaba ocurriendo, pero fueron aplastados por los 'ancianos' del PCCh.

La escalada de la furia de los manifestantes, que llegaron a erigir un monumento a la diosa democracia en la Plaza de Tiananmen, y la amplia cobertura de la prensa internacional, que casualmente se encontraba en Pekín con motivo de la visita del entonces presidente ruso Mijail Gorbachov, obligaron al régimen comunista a actuar.

Así, el 20 de mayo el Gobierno declaró la ley marcial y en la madrugada del 3 de junio amenazó con hacer uso de la misma movilizando a las Fuerzas Armadas, lo que llevó a los manifestantes a abandonar voluntariamente la Plaza de Tiananmen el 4 de junio. Pero la retirada no evitó el castigo. El Ejército sacó sus tanques a las calles de la capital china y abrió fuego contra los estudiantes, intelectuales, obreros y activistas, que ya habían decidido abandonar la protesta, durante su huída por las calles adyacentes a la Plaza de Tiananmen.

El Gobierno chino solamente confirmó, en los días posteriores al fatídico 4 de junio, unos cientos de muertos y heridos. La Cruz Roja china cifró hasta en 2.600 los muertos y ni siquiera fue capaz de estimar el número de heridos. Se trata de la mayor masacre civil en el gigante asiático tras las purgas maoístas.

La dimensión de lo ocurrido en la primavera de 1989 explica que los dirigentes chinos siempre hayan huido de las valoraciones históricas de estos hechos. La versión oficial, que llega hasta nuestros días, ha calificado las protestas en la Plaza de Tiananmen de "contrarrevolucionarias".

"El Gobierno chino llegó hace tiempo a una conclusión sobre la revuelta política a finales de los años 80", ha dicho el portavoz del Ministerio de Exteriores, Hong Lei, en la rueda de prensa diaria ofrecida este martes en Pekín. Hong ha destacado que, "aunque la construcción de la democracia y el papel de la ley tienen que seguir perfeccionándose, en más de tres décadas de reformas y apertura, los enormes logros de China en desarrollo social y económico han recibido atención en todo el mundo".

"Puede decirse que el camino hacia el socialismo con características chinas que seguimos hoy coincide con la condición nacional y los intereses básicos de la gran mayoría del pueblo chino", ha subrayado. Ello explica que año tras año el aniversario de esta masacre pase inadvertido, al menos públicamente, para la sociedad china. En la China continental nunca se ha podido conmemorar. Solamente en Hong Kong y en Taiwán, y en los últimos años, se han celebrado vigilias por las víctimas de la represión gubernamental.

Este silencio generalizado sobre las protestas de Tiananmen queda patente en el aspecto que esta emblemática plaza presenta cada año en vísperas del 4 de junio. 

Este año, con el 25º aniversario, parece que la represión es aún mayor", ha denunciado el subdirector del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), Robert Mahoney. Este año destacan los casos de la periodista china Xi Jian, detenida el pasado 13 de mayo, supuestamente, por "provocar peleas y problemas en general" y, según su familia, por colaborar en una entrevista realizada al activista Pu Zhiqiang sobre estos hechos. Pu, uno de los líderes estudiantiles del 89 y actualmente uno de los principales abogados defensores de los Derechos Humanos de China, fue detenido a principios de mayo por asistir a un seminario sobre la represión de las protestas de la Plaza de Tiananmen. Interrogado sobre estos arrestos, Hong ha negado que obedezcan a motivos políticos.

"En China no hay disidentes. En China solamente hay delincuentes", ha sostenido, reiterando que "los distintos departamentos del Gobierno actúan en consonancia con la ley".

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